Cuando la vida es tango

Esta semana se inauguró con éxito La calle del tango, en la peatonal de la 22, habrá presentaciones cada mes, luego cada 15, después cada ocho días, hasta que quede institucionalizado este lugar. Uno de los exponentes ese día, también es referente en la ciudad.

En la Medellín de la mitad del siglo XX, un niño escuchaba el tango que sonaba en el radio de sus padres, mientras hacía las tareas, esta escena se repetía a diario, fue así como el pequeño aprendió a la perfección incontables letras de ‘melodía’.

Raúl Quijano es ese pequeño, pero de la ciudad de la eterna primavera habla poco, pues otra historia empezó a escribirse para él en las fuentes de soda de Pereira desde 1974. Tiene todos los ritmos argentinos incorporados como un chip en el ADN, y cuando se le pregunta por el primer tango del que tiene memoria, responde: “me crié en una época en que usted escuchaba al médico Ortiz Tirado, oía a Gardel, oía a Pedro Infante. No solo tango, sino que oía música, música de Libertad Lamarque, compositores de letras que eran poetas”.

A Quijano siempre le gustó lo bueno. “En mi casa estaba encendida la radio, lástima que la buena radio y los que sabían hacerla se acabaron. En la radio no había nadie por necesidad, yo me crié en eso, haciendo las actividades diarias y escuchando ‘Por las calles de la vida’ (canta)”.

Preferencias

Escuchar Lágrimas de sangre es ir a otro nivel para don Raúl. “Los tangos de Alberto Gómez. ¡Qué ganas de llorar! Todo eso se fue quedando y digo que nunca tuve que hacer esfuerzo, y es que le voy a decir la verdad, de las cosas que yo sé, ninguna he tenido que hacer esfuerzo para aprenderlas. Cuando hay algo que me cuesta trabajo, no me gusta”.

¿Usted tiene como una querencia, o todos ahí están juntitos? A ver, yo le voy a decir, eso es como cuando usted le pregunta a mi mamá, que tuvo 10 hijos, ¿cuál es el hijo preferido? Sí, cada uno tiene su cuento. Por ejemplo, en la época mía se oía mucho la Orquesta de De Angelis y Canaro, pero un día yo descubrí que allá en Medellín no se oía Aníbal Troilo, no se oía, pero no se oía. Entonces empecé a descubrirlo, y puedo decir que cuando yo trabajé en La Voz Amiga, les metí la música de Troilo, que es un tango más fino, un tango ya más trabajado. No que el otro no lo sea, pero este es un estilo distinto. Aparecieron ya cantantes como Roberto Goyeneche, o sea, cantantes que no sonaban”.

El oficio

Hablar con don Raúl es un viaje por la música de arrabal. “Aquí en Colombia siempre fue Armando Moreno, que es música hermosa; en el Fox con Enrique Rodríguez, pero es música fácil. Entonces usted encuentra De Angelis con Dante Martel, y con Oscar Larroca, y eso es precioso, eso entra fácil. Pero hay un tango que es más difícil de asimilar, que es el de Troilo, que es un tango ya más estructurado, es música más fina, ya no es música tan sencilla, sino que es una música muy bien hecha”.

Y en ese sentido, ¿por qué Piazzolla como que no caza en esos puristas? “Porque se fue al extremo de la extravagancia. El tango tenía una forma, Troilo le dio profundidad, pero este se fue más allá, y llegó en una época en que parecía que el tango ya era viejo, entonces él intentó hacerlo más nuevo, pero se lo tiró. Así es más o menos como yo lo veo, a mí no me gusta, me parece que se sale de lo que es la esencia del tango, porque el tango no es cámara, hay música de cámara, eso es música de cámara, pero no es tango”.

Y entonces Gardel, en su repertorio, ¿qué lugar ocupa, lo piden mucho? “Yo creo que Gardel es Gardel, porque un tipo que con dos guitarristas conquiste Europa, no es un bobo. Se juntó muy bien, porque consiguió un compositor extraordinario y además, él hacía una cosa que es el pecado, o lo contrario al pecado de muchos cantantes, que tratan de lucir la voz, lo que Gardel hacía era lucir la canción. Usted nunca ve a Gardel haciendo cosas raras con la voz, porque él está contando una historia y la cuenta con la sencillez que le llegue al corazón. La interpreta totalmente”.

¿Futuro?

¿Hacia dónde va el tango? Usted, desde toda su experiencia, ¿cómo lo ve? “Creo que el tango está pasando a ser el mejor recuerdo de la música. No veo quien haga cosas nuevas, el que quiso hacer cosas nuevas lo volvió una payasada. Entonces, la gente que hace tango, o los que hacemos tango, hacemos tango como el de siempre, la esencia del tango. Vamos quedando poquitos cantantes, porque además se va perdiendo el alma de la audiencia. ¿Sí me entiende? Entonces, usted está contando historias que tocan el alma, y estamos en una sociedad donde el alma no interesa mucho, sino el cuerpo”.

Otra faceta de don Raúl Quijano, es la de compositor, pero de música cristiana.

“Los dos mundos en los que habito no rivalizan, soy un tipo profundo con Dios, pero yo puedo ser profundo con el tango porque es que Dios me dio capacidad de disfrutar la vida. Yo disfruto a mi mujer y eso no me quita la santidad”.

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