queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”, dice la canción de Alberto Cortez y Facundo Cabral.
La madrugada de este lunes, 18 de agosto, nos sorprendió con la infausta noticia del fallecimiento del entrañable amigo Abelardo Marín Aristizábal a sus 83 años de edad, bien vividos, por cierto.
Recuerdos
Con El Ruso, como le decíamos algunos amigos, nos conocimos hace 51 años cuando siendo yo un joven inexperto cometió la osadía de vincularme a la redacción de RCN en Cali, al lado de Amparo Peláez, Mariangela Soto y Rubén Darío Arcila, en su vieja sede del barrio Granada, en el norte de la ciudad. Por ese entonces, yo hacía parte de la Escuela de Periodismo de El País que con acierto dirigían Francisco Gómez Valderrama y Jorge Arturo Sanclemente, en un esfuerzo por formar sus propios redactores.
En la capital del Valle hizo parte de una especie de cofradía de pesos pesados del periodismo a la cual pertenecían Phanor Luna, el sempiterno jefe de prensa de la Gobernación, Roger Ríos de El País, entre otros.
Periodismo
Abelardo Marín fue enviado algunos meses después a dirigir el Noticiero de RCN en Pereira, en donde la cadena estaba en clara desventaja frente a una muy fuerte competencia encabezada por César Augusto López en Caracol y Óscar Hincapié Velásquez en Todelar. En Cali, Abelardo fue reemplazado por Ángel Romero, quien a la postre fue director del periódico La Opinión de Cúcuta, ciudad en donde falleció hace algunos años.
Ese año, en junio 1975, El Ruso fue invitado por La Patria de Manizales para ejercer, en forma simultánea, como jefe de redacción del vespertino La Tarde cuya dirección le había sido encomendada al ex alcalde Iván Gómez Marulanda. En otra de esas osadías muy suyas, me invitó a venir a Pereira (una ciudad que nunca había pisado en mi vida) con el propósito de vincularme al equipo de periodistas del incipiente periódico liberal que un año después La Patria entregaría a Gonzalo Vallejo, Fabio Alfonso López, César Augusto López, entre otros.
Pereira
Bajo la dirección de Abelardo Marín hicimos equipo en RCN Pereira junto a Fabio Restrepo Aljure y Marco Tulio Franco, cuando la cadena radial funcionaba en la carrera 8ª entre calles 17 y 18, justo antes de trasladarse a la torre de la antigua Cámara de Comercio de Pereira. Sin duda, fue la época de oro de RCN, bajo la dirección artística del inolvidable Daniel Alfonso Benítez y la gerencia de Augusto Torres Guerra, uno de los entusiastas fundadores de la asociación de caballistas Crines.
Bajo la orientación del director nacional de noticias de RCN, Orlando Cadavid Correa, El Ruso siempre aplicó al detalle la norma esencial del ejercicio periodístico: Sin confirmar, no lo decimos, precepto que desafiaba el afán de la primicia pero que respetaba el mandato ineludible de dudar siempre de todo y de consultar una o dos fuentes antes de dar a conocer una noticia.
Profesionalismo
A nuestro paso por RCN, Abelardo Marín perpetró una tercera osadía: la fundación de una revista para ejecutivos, dedicada a temas económicos y de turismo, que llamó “Primera Plana” y en la cual participamos Fabio Restrepo y yo. La publicación tuvo una vida relativamente corta y se extinguió por afugias financieras, pero luego con la llegada a la ciudad de Antonio Vargas procedente de Bogotá, Abelardo decidió continuar con el proyecto, ahora en formato de periódico tabloide.
Nunca quiso este inolvidable personaje abandonar la idea de fundar su propio medio y fue así como le dio vida a la revista “Estrella del Turismo” que mantuvo en circulación hasta sus últimos días.
Resulta muy difícil describir a Abelardo en una sola palabra, por cuanto fueron muchas las facetas en las que se proyectó a lo largo de su dilatada carrera periodística, que lo llevó de la dirección de noticias de RCN en Cali y Pereira, a las jefaturas de redacción de La Tarde y Diario del Otún, el Noticiero TV Hoy, el Noticiero Todelar Pereira, entre otros muchos.
En cada etapa de su vida, siempre fue un maestro dedicado, que enseñaba con el ejemplo y con una paciencia infinita. De la misma manera fue un padre, abuelo y bisabuelo que prodigaba amor y comprensión a sus seres queridos, sin medida y sin limitaciones. Así lo demostró, por ejemplo, durante los tantos años que ejerció como directivo y presidente de la asociación de padres de familia del colegio Salesiano de Dosquebradas.
Destacado
Y, como amigo, alguien insuperable. Siempre preocupado por el bienestar de quienes hacían parte de su círculo de afectos, a los que no solo les tendió su mano generosa, sino que ayudó, en la medida de sus posibilidades, a superar los eventuales tiempos de infortunio.




En esta edición digital no veo el nombre del autor de esta semblanza.