Hoy, paradójicamente no puedo ser imparcial ni objetiva, como es el mandato de este oficio. Es un día para rendir homenaje a uno de los titanes del periodismo risaraldense, un ejemplo para el oficio en las regiones, se trata de don Mario Salazar Salazar.
Son 64 años de vida y cuatro décadas de trayectoria, don Mario, el fundador del periódico ‘Marsella al día’, encarna la esencia del periodismo integral. Desde sus inicios como corresponsal de esta casa editorial en el municipio y después en Bogotá, hasta la consolidación de su propio medio. Salazar ha transitado desde la era del plomo y los linotipos hasta la era de los programas de edición, siempre en defensa de la dignidad de su pueblo, para demostrar que el periodismo de provincia ha sido fundamental en la historia de Risaralda.
La promoción ‘Guillermo Cano’
Don Mario, usted pertenece a una generación que vio nacer el periodismo académico en el país. ¿Cómo recuerda esos años de formación en Bogotá? “Hice mi bachillerato en el Instituto Estrada de Marsella y luego me fuí cinco años para estudiar en la Universidad de los Libertadores. Tuve el honor de pertenecer a la primera promoción de periodistas de esa Institución, una cohorte que bautizamos con el nombre del director de El Espectador, porque nos graduamos justo cuando lo asesinaron. Tuve maestros eminentes como el doctor Antonio Cacua Prada, el máximo historiador del periodismo colombiano, quien fue mi mentor y aún hoy, a sus años, sigue vinculado emocionalmente a mi trabajo.
Antes de fundar su propio medio, usted pasó por grandes redacciones. ¿Qué lo hizo regresar a su pueblo? “Tras graduarme, el doctor Cacua me vinculó al diario ‘El Siglo’, bajo la dirección de Álvaro Gómez Hurtado. Sin embargo, la zona de San Victorino a las 2 de la mañana que salíamos en esa época, era muy peligrosa, no tenía sentido trabajar solo para pagar taxis de regreso a casa. Lo más importante es que ya tenía una semilla sembrada: en unas vacaciones de 1986, saqué la primera edición de ‘Marsella al día’. Me di cuenta de que mi misión estaba en mi tierra, haciendo un periodismo que educara y sirviera a mi comunidad”.
Transición
Empezar un periódico en 1986 debió ser una labor titánica. ¿Cómo ha evolucionado la hechura de ‘Marsella al día’? “Una evolución maravillosa. El periódico nació en la editorial Sigma a través de linotipos, era algo fascinante ver al linotipista derritiendo plomo y armando bloquecitos de frases letra por letra. Luego pasamos por el ‘Diario del Otún’, hasta la impresión plana que usamos hoy, esa se hace en Villamaría, Caldas. Cuento con el apoyo de una diseñadora gráfica que lleva 30 años conmigo, mi ejercicio sigue siendo integral: yo concibo, redacto, corrijo, busco la pauta y salgo a la calle a vender los mil ejemplares que imprimimos cada mes”.
¿Estamos acudiendo a los últimos días del periodismo, como usted y yo lo conocimos? “Totalmente. En un periódico como el mío te toca hacer la nota informativa, la crónica, el editorial, la nota deportiva y hasta la social. Es un ejercicio de solvencia que aprendí en la práctica desde que también levantaba suscripciones para el Diario del Otún. El periodismo integral está desapareciendo frente a los ‘visibilizadores’ de redes sociales, pero el análisis de fondo sigue teniendo un valor incalculable”.
Periodismo contra el estigma
Marsella vivió épocas muy oscuras debido a la violencia externa que enviaba cuerpos al río Cauca. ¿Qué papel jugó su periódico en ese momento? “Fue una época trágica donde nos estaban estigmatizando por cadáveres que no eran nuestros, sino producto de la violencia del norte del Valle. Aprovechamos el periódico para hacer una defensa de Marsella como un municipio pacífico y solidario. No caímos en el amarillismo de contar piernas o brazos, nos enfocamos en el esfuerzo humanitario de rescatar los cuerpos y entregarlos a sus familias. Ese papel de socialización ayudó a que el país mirara a Marsella con otros ojos, como un pueblo que honraba la dignidad humana en medio del horror”.
Una satisfacción
Don Mario, ¿qué recuerda con alegría en tantos años de periodismo? “Cumplimos 30 años y me impusieron la Gran Cruz de Risaralda, entendí que este esfuerzo, aunque no da plata, da satisfacciones que quedan grabadas en el alma”.
Finalmente, don Mario, ¿qué le deja este oficio después de tanto tiempo? “El periodismo me permitió educar a mis hijos y ser quien soy. Es un milagro que un periódico de pueblo exista y se mantenga como un lugar seguro para el afecto y la memoria. Este oficio es nuestra huella y, mientras la comunidad lo pida, aquí seguiremos escribiendo la historia de Marsella”.
“Marsella al día es la expresión tradicional de un pueblo que se resiste a quedar sepultado en el olvido”.
Don Mario no tiene relevo, sus hijos se fueron por caminos laborales diferentes y él mismo cuenta que eso inquieta a los marselleses.



