El Jhonny que hay detrás del capitán

Entrevistar a Jhonny Alexander Vásquez Salazar, genera sensación de tranquilidad, es como si se conversara con un amigo de toda la vida, porque abre su historia a la otra persona y cuenta con detalles los sucesos. Se despidió el capitán del Deportivo Pereira, pero el Indio, como lo llaman y no le molesta, permanecerá en la Ciudad, porque quiere dejar un legado más extenso que el ya conseguido, pero esta vez a los más pequeños.

Cuando se le pregunta a Jhonny, cómo se siente, cómo son estos días sin tener que ir a trabajar, responde que todavía no se ha hecho a la idea, porque estas fechas de por sí son de descanso, que lo duro llegará en enero, cuando empieza con fuerza la concentración para la pretemporada.

Imposible no hablar de fútbol

Al preguntarle por su niñez allá en Santander de Quilichao, Cauca, y al tener un papá futbolero, no deja mucho espacio para otros aspectos y reafirma que la pasión por el deporte está presente en la vida de los hijos sí o sí. “Somos una generación de hijos amantes al fútbol, eso nació en mí, me apasionó, mi abuela fue la que me apoyó y me compraba mis guayos. Frente a la casa había un potrero en ese entonces, era grandísimo y todos los muchachos del barrio por la tarde, ya estábamos ahí jugando, como por así decirlo era el centro de recreación, ahí disfrutábamos no había nada que nos impidiera ser felices en ese pedazo”.

Vásquez es un personaje tan transparente que cuenta, como si hubiese pasado ayer, que una vez se fracturó el brazo y así iba a jugar, que llegaba con la cabeza reventada al no poder colocar el brazo, llegaba a la casa con la sangre seca, era tanto el tiempo que pasaba en aquel potrero que “me llevaban a veces algo de comer ahí al lote, eso ya venía muy fuerte, muy, muy fuerte, jugábamos descalzos en la carretera, podría decirse que esa pasión fue la que me llevó a hacer una carrera, a cumplir mis sueños y a crecer en el fútbol”.

“En el 2019, llego a Pereira porque un volante de marca no pasó los exámenes y se contactaron conmigo, llegué finalizando enero, estaba el profe Néstor Craviotto, y ahí comenzó la historia”.

La venta de café y la buseta

Muchas veces la pasión por una actividad hace que se abandonen los estudios o que se dejen de desempeñar labores que generaban entradas económicas, pero la historia de Jhonny, está cargada de otros elementos en los que ningún hincha ni pereirano logra imaginárselo. “Mirá que yo trabajé ayudándole a mi abuela a comprar café en un pueblo, bajarlo a Santander y secarlo, lo que ganaba lo usaba para mí, porque siempre me gustó tener muy buenos guayos, la grabadora”.

Pero hay todavía otra faceta de Vásquez, que causa interés y evoca tiempos en los que el fútbol no marcaba la agenda. En su casa siempre hubo dos busetas y obviamente a él también le tocaba ayudar en lo que era por ese entonces la fuente de ingresos familiar, “era el pregonero, como se dice. Iba de Santander a Cali y viceversa, o Cali – Popayán, a veces, como eran dos busetas, me tocaba Santander – Toribío”. ¿Entonces cuántos pueblos le tocaba anunciar? “Bueno, cuando vas Santander – Cali, anuncias Jamundí; cuando es Cali – Popayán y en temporada alta, anuncias: Popayán, Piendamó, Pescador, Santander. Cuando íbamos para Toribío, se anunciaba Tacueyó, que es una zona bastante complicada, hoy por hoy es el Caguán del Cauca. Una vez mi papá me dio la confianza de administrar la buseta, porque hacía buenas entregas, ya estaba de 17 años y cada que salía a vacaciones o tenía la posibilidad entrenaba”.

Acaba de tocar un tema de mucha actualidad y es la situación en el Cauca, en general, ¿desde que estaba chiquito siempre se sintió esa zozobra tan fuerte? “En Santander de Quilichao, antes uno tenía la posibilidad de tener una infancia sana, que se disfrutaba, los papás se quedaban en la casa con la tranquilidad de que en el día uno estaba jugando fútbol y en la noche escondite o sentado hablando con los amigos. El tema de la guerrilla en ese entonces no era fuerte, era hacia las cordilleras, hoy Santander de Quilichao, lastimosamente tiene un orden público bastante complicado porque hay muchos grupos y no se tiene el control de ellos, es un epicentro de droga por estar tan cerca de Cali, llegan los de Pasto, los del Naya, los de Toribío.

Dios y la salud

La vida pone pruebas siempre, unas más fuerte que otras, pero cuando se trata de la salud, cualquier ser humano se torna vulnerable, más si es padre o madre y piensa en el futuro de las personas que tiene a cargo. El Indio estaba en el Junior de Barranquilla, cuando fue diagnosticado con Leucemia. “Cuando recibo la noticia, todos sabemos, cáncer – muerte, es el impacto que uno tiene, lo primero que hice fue pensar en mis hijos y en que no iba a tener la posibilidad de verlos crecer. Fue un golpe duro, pero también la vida te va colocando seres humanos a tu alrededor para que te levanten y eso es la vida, no es tener mucho sino calidad, me dejé guiar, aprendí, le entregué todas mis cargas a Dios”.

¿Quién fue esa persona que le enseñó? “Sí, los pastores Edwin Chávez y su esposa Elsy, fue un proceso muy bonito, toda mi familia cerca, pendiente, mis amigos. En los momentos a solas con Dios descargaba todo ese sentimiento negativo y salía con una manera de ver la vida totalmente diferente. En ese proceso entendí que no es ¿por qué a mí? sino ¿para qué? No es quedarse en la queja y el lamento, había que revisar áreas en mi vida”.

Cifra

6 años estuvo en el Deportivo Pereira, el equipo en el que más tiempo se mantuvo.

Dato

La idea de Vásquez es seguir en Pereira, porque hay cosas por hacer por los niños, piensa y siente que es la generación por la que hay que trabajar bastante. “La conexión padres – hijos se ha perdido, el fútbol también se volvió tema de dinero y hay que pensar en los valores”.

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