Carlos Piedrahíta es risaraldense y comunicador de la Universidad Católica de Pereira, trabajó en La Tarde, el periódico Vecinos y en City t.v. por varios años. Actualmente trabaja como investigador en la Agencia Pública Baudó y fue noticia recientemente, porque él y otros dos coterráneos Nataly Hurtado y Víctor Galeano hicieron moñona en los premios Simón Bolívar, al periodismo colombiano.
Después de su experiencia en Bogotá, regresó para trabajar directamente en Baudó, porque con el trabajo de grado se gana su primer Simón Bolívar, con ‘Mushaisha, una pesadilla Wayúu’, un documental que refiere sobre la minería a cielo abierto del Cerrejón y los impactos en la comunidad Wayúu.
“Los proyectos de Baudó son de largo aliento, algunos tardamos meses en desarrollarlos y otros años, como el proyecto de ‘Contaminación por mercurio’, que nos tomó tres años desarrollar el proyecto en todo el país”, comentó Piedrahíta.

El mar se come a Colombia
Lograr llamar la atención de un jurado tan exigente y experimentado, como suele ser el de los premios Simón Bolívar, requiere que la investigación previa al trabajo que se publica sea profunda. Carlos, lo relata así: “a nosotros nos buscó una periodista que se llama Angie Serna, desde una asociación que vela por los derechos de las personas afectadas por el cambio climático, para contarnos lo que estaba pasando en esa comunidad y nosotros nos tardamos como mes y medio para ir a conocer esta comunidad que está como a 20 minutos de Riohacha, que está siendo asolada por el mar”.
El asunto está en que la crónica video resultante de los cuatro cortos documentales que los investigadores produjeron, se convierte en una radiografía de la Colombia a la que se la come el mar a diario, ese país al que el mapa ya le cambió, mientras que los congresistas discuten sobre el escudo y realmente las comunidades siguen abandonadas, porque nadie hace nada.
“En uno de los videos tenemos un mapa aéreo que hace un geólogo, se ve cómo el mar se ha ido entrando, se ha ido entrando y les ha ido quitando territorio, ellos ya perdieron por ejemplo tanques donde almacenaban agua, cementerios tradicionales, viviendas, caminos. Entonces nos pareció un tema que necesitaba una urgencia, porque el mar cada vez está cercándolos más rápido y el tema iba con lo que nos gusta hacer en Baudó”, cuenta el investigador.
“El mapa de Colombia está cambiando y es algo a lo que el país no le presta la suficiente atención. El mar se está comiendo el territorio y no está pasando nada con eso”.
El trabajo en campo
Carlos Piedrahita, no se reserva los detalles de la investigación que los convirtió en ganadores, “Nos vamos Víctor y yo, con Nataly Hurtado como productora, estamos una semana y media viviendo con la comunidad. El primer video aborda el video aborda el problema en general, con Clarena Fonseca que es la lideresa, otro aborda el tema de la pesca con uno de sus hijos, otro aborda que han perdido terrenos para el pastoreo, los chivos están en la carretera y no tienen comida para mantenerlos, y el último sobre el desplazamiento de algunos Wayúu hacia Bogotá y Facatativá a los cultivos de flores, porque no tienen cómo subsistir en su territorio, hasta allá los seguimos. Esos son los videos ganadores”.
¿El Gobierno nunca ha hecho nada ante estas denuncias? “Exacto, ahí hay una particularidad y es que la erosión costera no es un problema solo de esta comunidad sino de todas las costas colombianas, se pierden kilómetros de costas porque el mar avanza y nadie le presta la suficiente atención a eso. En lugares principales de la ciudad han hecho como espolones que lo que hacen es retener el problema en los puntos en los que a ellos les parecen interesantes, como son los malecones y los barrios mejor ubicados, pero estas obras para mitigar el avance del mar, antes aumenta el oleaje en otras partes, porque toda esa energía que están batiendo estos espolones se tiene que ir para otro lugar y esas obras incompletas lo que han hecho es empeorar la situación de estas comunidades”.
En la crónica escrita que tiene este trabajo denominada ‘El mar que no cesa’, también se encuentra todo el trasegar jurídico que ha tenido que atravesar Clarena Fonseca, y de igual manera se encuentra en la página de la Agencia.

Después de un Simón Bolívar
Superarse a sí mismo es quizá más complicado que competir con los demás, por eso estos investigadores desde ya deben tener en ciernes qué temas van a tocar en sus próximas entregas.
“Nosotros en la Agencia todo el tiempo estamos desarrollando proyectos de este tipo. Este año tenemos proyectos sobre Memoria, inclusión, medioambiente y también lanzamos un documental interactivo en la web con infografías sobre la deforestación en la Amazonía y los incendios forestales. Nosotros lo que hacemos es que cuando vemos proyectos con mucho potencial lo mandamos a los premios para aumentar su alcance y para darles su lugar. Es importante claro está, pero la constante de Baudó durante estos siete años de existencia ha sido investigar este tipo de historias que afectan a estas comunidades”.
Queda la inquietud si se puede hacer algo de verdad por la devastación narrada en estos documentales, porque el invitado refirió en la entrevista que existen unas soluciones paliativas que tampoco han llegado. “Es que estamos hablando de que si no pueden pescar, se está afectando su mínimo vital y su seguridad alimentaria, es similar a cuando pasa un derrumbe u otro desastre natural, el Gobierno debería suplir estas necesidades por situación de riesgo. Si protegen los lugares turísticos con espolones ¿por qué no lo hacen en las zonas rurales?”.
Dato
La Universidad de La Guajira hizo algunos estudios y estuvo intentándolo al principio, pero terminaron desistiendo del trabajo.
El acta del jurado
Trabajo ganador: Desplazados climáticos en La Guajira: comunidades acechadas por el mar.
“Esta crónica muestra cómo el cambio climático se ha convertido en una realidad tangible en La Guajira, donde el régimen de vientos y lluvia se ha alterado y el mar se ha ido comiendo rápidamente la costa. El cambio no solo afecta el paisaje sino la vida de quienes allí habitan, muchos de ellos hoy convertidos en ‘desplazados climáticos’. El trabajo, completo en su explicación y potente en su expresividad narrativa, describe los esfuerzos de adaptación y el arraigo de las comunidades Wayúu a una tierra cuya transformación es ya irreversible”.



