El obispo negociador de paz

Solo pensar en el conflicto entre Shottas y Espartanos en Buenaventura, pone los pelos de punta, porque son ejércitos completos de muchachos, que se convirtieron en grupos armados ilegales para dividirse el control sobre el puerto. En medio de este escenario brilla una luz de esperanza para que esta violencia se reduzca y exista la posibilidad de que sus actores se sienten a negociar una posible solución, ese es el buen oficio de monseñor Rubén Darío Salazar, un risaraldense delegado de la Conferencia Episcopal de Colombia como mediador entre los violentos.

Usted comenta que nació en Dosquebradas, pero en internet dice que usted es santarrosano, ¿cuál es la verdadera? “Nací en el barrio La Capilla, ahí en la vereda Sabanitas, me crié y estudié en ese lugar, pero para ese momento Dosquebradas era corregimiento de Santa Rosa de Cabal. Mi formación sacerdotal fue en el Seminario Mayor de la Inmaculada Concepción en La Badea”.

Profesión peligro

En 2017, fue nombrado obispo de Buenaventura y casi que de inmediato empezó a trabajar en la construcción de la reconciliación entre las bandas criminales, que finalmente son grupos de jóvenes enfrentados por el control de la ruta de la droga al Pacífico. ¿Cómo logra un paisa ser escuchado en esa región? “Eso empezó desde los primeros 25 años de sacerdocio, cuando en Pereira y Dosquebradas, me dedicaba al tema de la paz con las pandillas juveniles, porque fui párroco en Villasantana tres años, me tocó ayudar a que 15 bandas de 15 barrios se calmaran un poco, hice un trabajo muy grande en Guadualito”.

Le gusta trabajar en donde haya que poner esfuerzo y pocos se atreven a entrar. Este Jueves Santo, le lavará los pies a los PPL de Buenaventura que son miembros de las dos bandas en cuestión, entre ellos, una mujer.

Violencia

La primera vez que se escuchó sobre las casas de pique fue precisamente en Buenaventura, ¿cómo llegó a esta zona esa práctica? “Colombia no tenía experiencia en esas situaciones que generan tanto miedo, porque para matar solo se necesita un tiro y ya, pero picar a las personas vivas, porque muertas no tendría sentido, habla de algo que llegó de Brasil y de México, esa práctica perversa llegó a muchas ciudades colombianas y hay que desterrarlas de raíz”.

¿Cómo ve el actual fenómeno de violencia en Pereira y Dosquebradas? “Estoy aterrado, porque he escuchado que se ha llegado al nivel de matanzas de cuatro y cinco en ciertos barrios y allá hace días no tenemos esta situación. Le cuento, Buga se caracteriza por su tranquilidad, pero el año pasado tuvimos más asesinatos ahí que en Buenaventura, donde fueron 78 en todo el 2024, y en Buga 86, pero el que se lleva el estigma es Buenaventura, porque da noticia”.

Monseñor dice que no puede haber paz sin justicia social, en Buenaventura no hay agua, tampoco salud ni educación de calidad. ‘Paz con bienestar (estar bien)’.

¿Colombia saldrá de esta? “No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista. Colombia no va a resistir más, llegará el momento en que va a explotar, porque la violencia está generalizada. Las culturas hay que transformarlas cada 30 años, una nueva manera de pensar”.

El risaraldense detrás del obispo, no deja de extrañar el ‘calentao’, a pesar de tener los mejores mariscos y también echa de menos a los amigos.

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