‘Mucho cacique, poco indio’, frases como esta marcaron el devenir de los colombianos, como si los seres humanos se pudieran clasificar entre superiores e inferiores. Los pueblos indígenas se distinguían entre sí, tenían territorios antes de que los colonos pensaran por aquellos a los que denominaron ‘irracionales’.
Conocer y entender la historia, ha sido uno de los propósitos del historiador y docente Víctor Zuluaga Gómez, quien a través de 32 publicaciones ha dejado constancia de varios desaciertos y confusiones en la forma como se distribuyeron los pueblos, quiénes estuvieron antes y por qué se reconocen de manera diferente. La disputa entre algunos indígenas por distinguirse como Umbras y no como Emberas, toca directamente a Risaralda, razón por la que fue consultado por Punto Final.
Antecedentes
Víctor Zuluaga resultó involucrado en los procesos de investigación sobre los embera desde 1976, por una estudiante de la UTP, quien tenía un hermano sacerdote en la región del Chamí, exactamente en Purembará, que era el centro de administración parroquial y político. “Fui con un grupo de estudiantes, terrible la experiencia porque cuando salimos de Mistrató, nos dimos cuenta de que el puente sobre el río Chamí estaba caído, nos tocó caminar 10 horas y al llegar nos tocó dormir en un corredor al aire libre. Regresé a Pereira con tifo y juré que no volvía por allá”.
Tal empeño no fue posible, porque apenas cuatro meses después, una monjita de la Madre Laura, llegó con una comisión de indígenas a su casa, buscaban explicación por qué habían perdido toda su tierra. “Diez años después encontré el documento que respondía a esa pregunta. Todo pertenecía a la Provincia del Cauca, por eso el 17 de enero de 1903, se ordenó el remate de las tierras del Chamí en Riosucio, (Caldas). El señor Alejandrino Palomino compró entonces todo Mistrató, todo Pueblo Rico y la mitad de Bagadó, Chocó, por $33.000”.
Unos y otros
Ese mismo año, 1986, la comunidad apropiada del documento logró que el Incora les creara un resguardo de 25 mil hectáreas en la margen izquierda y derecha del río San Juan. Esto alejó mucho más al historiador de su juramento. “Producto de todo ese ir y venir, visitar los archivos de Riosucio, Supía, Marmato, Cartago, Tadó y hasta Bogotá, fueron muchos los datos que recogí y entendí todas las atrocidades que se cometieron”.
En síntesis, la lengua es la que marca la identidad entre ellos: “Hacen parte del grupo lingüístico embera, los Chamí, los Catrú, los Guaná y Katío, quienes originalmente fueron Chibchas, pero al no pelear y huir por la cordillera, llegaron al norte del Chocó y quedaron rodeados por Emberas. Para ellos la división entre Mistrató y Pueblo Rico no existe”. Sobre los Umbra, el profesor explica que estaban asentados en Belén de Umbría, Guática, Quinchía y Riosucio, un mundo aparte y distinto del Embera, pero en realidad Umbras y Armas son Ansermas.
“Tampoco son Umbra todos los del nororiente de Risaralda y alto occidente de Caldas, pero el proceso de adoctrinamiento y catequesis fue en español, la orden fue borrar la barbarie de los indios, imposible que ellos mantuvieran su historia”.
Una de mil anécdotas fue cuando don Víctor enviudó y un gobernador indígena se enteró, le dijo que ahí le dejaba una mujer guapa para trabajar. Se trataba de una niña de 15 años, a quien obviamente devolvió.



