“Estoy amenazado porque les incomoda que el Obispo hable de narcotráfico, hable de la corrupción, hable contra toda esta gente que hace daño”
Un dramático cuadro de la realidad social y de inseguridad que está viviendo el principal puerto colombiano sobre el Pacífico, describió el Obispo de Buenaventura, Monseñor Rubén Dario Jaramillo Montoya, quien cumple 44 meses de apostolado en esa ciudad. El prelado pereirano afirma que más que a la pandemia del Covid-19, los habitantes de Buenaventura a lo que más le tienen miedo es a la violencia y a las balas que están presentes en todo momento. EL DIARIO dialogó con Monseñor Jaramillo Montoya acerca de la esta grave situación y de su labor como pastor de la Iglesia Católica la cual le ha derivado en amenazas contra su vida, las cuales lo obligaron a andar con escoltas y en carros blindados.
¿Monseñor Jaramillo, ya cuánto tiempo lleva en esta función de Obispo de Buenaventura?
Yo llegué el 12 de agosto de 2017 hasta la fecha, son más o menos tres años y unos siete meses
¿De toda la problemática que vive el puerto que tiene de todo, violencia, pobreza ¿cuál ha sido la situación más difícil que le ha tocado afrontar?
Aquí el tema de lo más complejo es el tema de la violencia criminal. Existen en Buenaventura en temas relacionados básicamente con grupos delincuenciales al margen de la ley, extorsión, narcotráfico, minería ilegal y todo tipo de economías que no son legales y que afectan a la comunidad. Uno siempre se choca con estas personas, con estos grupos y con sus intereses, la gente vive con miedo y es una preocupación constante por la violencia. En este momento, por ejemplo, está supremamente desarrollada y estamos muy preocupados por esta situación
¿Y a esto se le sumó la pandemia del Covid-19, que también ha afectado fuertemente al puerto?
Digamos que aquí no le tenemos miedo al Covid, le tenemos miedo a las balas, a las ráfagas. El 30 de diciembre hubo nueve muertes de jóvenes en distintos barrios al mismo tiempo, con fusiles. Se han incautado muchos fusiles, granadas, mini uzi, todas esas armas de largo alcance, porque los grupos son muy fuertes. Aquí la violencia no es personal, es muy estructural, de gran formato mejor dicho
Habría que sumarle a esta otra problemática que es de la corrupción ¿qué tan grave es allí?
No, aquí la pandemia se llama es la violencia. La corrupción es un grado alto y por lo tanto aquí al Covid-19 no se le tiene tanto miedo, se le tiene miedo a las balas de los malos que en este momento están muy enfrentados varios bandos que están cometiendo sus crímenes en Buenaventura.

¿Y cuál es su mirada sobre el tema de la corrupción?
La corrupción en Buenaventura es un tema de siempre, los últimos cinco Alcaldes han ido a la cárcel, han terminado en la cárcel, no han terminado el período y parece que es como un sistema, como que ya se acostumbraron, como que hay que robar y hay que quitar para poder pagar después un Abogado, para poder después pagar casa por cárcel. Ellos saben que si roban bastante pues les va a quedar alguna platica por ahí y el pueblo sigue igual de pobre. Las obras aquí son muy difíciles de hacer, cualquier pavimentación de una calle cuesta tres veces más porque hay que pagarle a los contratistas y luego el soborno de los mismos políticos que cobran para poder dar esos contratos y tercero a los bandidos que cobran casi siempre el 30 o el 40% del total de la obra. Y tienen que dárselo a unos que pasan ahí con armas y sino no dejan trabajar a los ingenieros ni a los arquitectos. Es muy difícil en Buenaventura
Usted tiene una posición muy valiente ¿ha sido objeto de amenazas, lo han intimidado por esas posiciones suyas?
Sí, claro. Yo actualmente estoy escoltado y he estado escoltado por las amenazas, inclusive con carro blindado, chaleco antibalas, Policía, uno de la Unidad Nacional de Protección, o sea dos personas armadas andan conmigo porque hay amenazas, porque les incomoda que el Obispo hable de narcotráfico, hable de la corrupción, hable contra toda esta gente que hacen daño
Monseñor, usted propuso al inicio de su apostolado un riego de agua bendita sobre este puerto ¿eso es suficiente frente a lo que están viviendo hoy, qué piensa de eso?
Claro, aparentemente eso no sirve, eso es otro tema. Pero en el inconsciente de la comunidad saben que estos hechos generan un llamado de atención a una comunidad, no solo local sino nacional e internacional. Cuando yo anuncié eso y lo hice, me llamaron de más de 40 países para que fuera a hacer eso allí, en Venezuela, en México, en Inglaterra, en Francia… me llamaban Obispos, me llamaban periodistas. Esto hay que hacerlo en muchas partes, es una manera que quede en el inconsciente de que hay un mal, de que detrás de una persona que se roba tanto dinero tranquilamente como sino pasara nada y todo el que se oponga lo mata, esto es una figura del mal, que nosotros le llamamos el demonio, el diablo, pero es el mal que se mete al corazón de una persona y que hechos como echar agua bendita y bendecir una ciudad, calle por calle, genera un ambientede reflexión, es como un reconocimiento, porque aquí hay una amenaza de permanente y tienen miedo. Yo he hecho varios artículos, inclusive para un periódico nacional, acerca de la pandemia del miedo que tenemos, hay miedo de denunciar, hay miedo de salir a la calle, hay miedo de ir a ciertos sectores, miedo de decir algo.
¿Porqué se ha dado esta situación?
Esa es la estrategia de los malos de que no se evidencia, de que no salga la noticia porque cuando sale la noticia ya la comunidad nacional e internacional le exigen al gobierno, a las autoridades que tomen medidas, pero sino se dice nada, si los crímenes quedan en silencio, nada pasa. Aquí es muy común el tema de las “casas de pique”, todavía existen, siguen picando la gente, la desaparecen y nadie puede decir nada. Y los poquitos que de pronto decimos algo nos convertimos en un obstáculo y hay que hacer este tipo de hechos para que se pregunten porqué hay una violencia, entonces es una manera de poder hablar, de tener una voz de los que no tienen voz, de los que no pueden hablar
¿Habrá futuro para Buenaventura, Monseñor?
Buenaventura tiene todo el futuro del mundo, este mar es maravilloso, son 6.480 kilómetros cuadrados de selva, de manglares, de árboles, de madera, de fauna, de flora, de moluscos, de ríos, de agua. Buenaventura tiene una despensa de agua terrible pero no hay acueducto en las llaves, o sea el tema de la corrupción es gravísimo al más alto nivel. Entonces luchar por eso implica uno chocarse con tantos intereses que hay para sacar el dinero de aquí y llevárselo porque muchas decisiones grandes no dependen ni siquiera del puerto, vienen de otros lugares, otros son los que determinan, las grandes cabezas ni siquiera están en Buenaventura por lo tanto aquí hay muchos jóvenes que no tienen otra alternativa sino entrar o los coactan para que entren de una manera obligada a esos lugares
¿Ha pensado pedir traslado, buscar otro sitio para ejercer su apostolado?
No, nosotros no pedimos traslado, los Obispos ni los Sacerdotes podemos pedir traslado porque no somos funcionarios y no tenemos un trabajo con alguien especifico sino que nosotros lo que hacemos es servir hasta que Dios nos permita.



