En 1971 Gabriel Gómez Vallejo terminó sus estudios de bachillerato en el Colegio Deogracias Cardona y desde entonces siempre lo ha acompañado la buena estrella, pero no por predestinación distinta a la ser un ciudadano ejemplar con estupenda calidad humana.
Gómez Vallejo, quien nació en Pereira el 25 de julio de 1954, nunca habla de sus habilidades ni hace alarde de superioridad porque solo tiene palabras de gratitud y reconocimiento para todas las instituciones y personas a las que, a lo largo de su fructífera vida como profesor en las aulas, le dieron el punto de apoyo del que habló el griego Arquimedes, cuando de mover el mundo se trata.
El profe Gómez Vallejo mira el techo como buscando señales que le permitan fijar con precisión sus recuerdos y dice que se graduó en marzo de 1975 en la Universidad Tecnológica como Tecnólogo industrial. Cuenta que pudo haber sido antes, pero eran los días contestarios de la UTP en los que se hacía un paro incluso, sólo porque un estudiante recibía una mala nota de algún profesor radical y resabiado.
Amor por el deporte
“Los del paro en lo suyo y nosotros a jugar fútbol a la cancha de Canarias donde hoy está la Facultad de Medicina o a cualquier peladero cercano”, dice recordando que su pasión por el fútbol le dio muchos amigos que aún conserva y otros ya fallecidos que recuerda con afecto.
Hubo tiempos de barra memorable en los mundiales de fútbol en los que se rotaban las reuniones reunían con las esposas y los hijos. Recuerda que era una especie de tribu futbolera integrada por los profesores del SENA, Adán Rodríguez Galvis (ya fallecido), Carlos Ariel Giraldo Antía, Simón Eladio Palacios Barco, quien también fue gobernador de Chocó; Jaime Navia Romero, directivo del SENA, además del hoy concejal de Dosquebradas Carlos Alberto Velásquez y los abogados Héctor Tabares Vásquez (futbolista impenitente); Fernando Brito Ruiz ex director nacional del DAS; el ex procurador Marco Marín Vélez y el ingeniero Marco Aurelio Giraldo Villada.
En una mixtura de nostalgia y alegría de los buenos recuerdos, Gómez Vallejo evoca la Pereira de aquellos días cuando era un pueblo grande, muy cívico y muy promisorio, que todavía ofrecía buenas oportunidades laborales. El profe afirma que la principal característica de esa época era que las familias pereiranas tenían un profundo arraigo y amor por la ciudad y formaban a sus hijos con fuertes bases en valores y principios.
Ser docente fue su destino
Acaba de cumplir 18 de edad cuando su buena estrella lo llevó a vincularse como docente de matemáticas en el Colegio Calazans gracias al profesor Alberto Duque Cárdenas, quien le comentó que se retiraba del colegio y que lo iba a recomendar con los directivas que lo aceptaron de inmediato.
Apenas llevaba tres semestres en la UTP. Los horarios cruzados con los del Calazans no le daban espacio y el estudio universitario era muy exigente, por lo que optó por retirarse del colegio un año después, cosa que no le preocupaba porque también un compañero de la UTP, Fernando Rodrigo Orozco Jhon, lo llevó a trabajar en una las famosas escuelas de comercio de la época en donde enseñó matemáticas y contabilidad.
Eran los años 74 y 75 porque en enero de 1976 por sugerencia del ingeniero Marco Aurelio Giraldo Villada, se presentó a concurso como instructor del área contable del Servicio Nacional de Aprendizaje SENA, siendo recibido por el gerente Jairo Melo Escobar y el subgerente Gabriel Jaime Cardona Orozco. Es visible el gesto y el interés del profe Gómez Vallejo por expresar agradecimientos. Sin esfuerzo alguno, hace uso de su buena memoria, que al decir del refranero, la gratitud es la memoria del corazón.
En el SENA además de instructor, Gómez Vallejo ocupó otros cargos como supervisor de programa, jefe de centro, formación a distancia, coordinador misional y otros que reflejan con claridad su espíritu de superación además de la confianza y respeto que supo ganarse en su entorno laboral.
Estando en el SENA ingresó como estudiante de Economía a la Universidad Libre de Pereira por entonces en la sede de la carrera séptima con calle 41 antigua sede de la Licorera de Caldas. Allí comenzó una historia que acaba de finalizar al despedirse de la academia como profesor activo para iniciar el disfrute de su jubilación como docente Unilibrista 41 años después de haber llegado a las aulas de La Libre de Pereira.
Estudiando y trabajando
Con el profe Gómez Vallejo se rompe el paradigma de que no es posible repicar y andar en la procesión. Su caso es excepcional en el sentido de que recién entró a la Libre, cumplía su rol de estudiante de economía y al mismo tiempo fue profesor de tiempo completo en la misma Facultad. Y como si fuera poco, tenía otras responsabilidades académicas.
Fue así como en el período entre 1979 y 1982 mientras estudiaba Economía en la Libre fue simultáneamente catedrático de costos en la UTP, de costos en la Universidad Católica, Jefe de programas en el SENA y todavía le quedaba oxígeno, vocación y pasión para ser al mismo tiempo estudiante de economía y profesor de contabilidad, costos y gestión del recurso humano en la misma Facultad de Economía donde estudiaba.
“Usted no tiene idea de cómo repartía mi tiempo” nos dice jocosamente, agregando que el poco tiempo que le quedaba era para atender el hogar conformado con la ingeniera industrial Luz Mary Calderón Luna, otra estrella que se le apareció en la vida al profe Gómez Vallejo, pues eran vecinos del barrio Primero de Mayo cerca al Hospital San Jorge. Ambos decidieron entrar a estudiar en la UTP.
Unos recuerdos
Como estudiantes, con Luz Mary se pegaban las caminadas de todos los días hasta la UTP y por esa ruta fueron novios y tras 41 años de casados tuvieron dos hijos y la alegría de dos nietos. Sus hijos, Andrés, ingeniero comercio y abogado y Mauricio, ingeniero comercial, ambos egresados de la Universidad Libre, institución a la que recién envió un sentido mensaje de gratitud por los 41 años que permaneció en la Universidad y porque como profesor, pudo darles formación profesional a sus hijos sin necesidad de tocar el presupuesto familiar.
Cuatro décadas después, Gómez Vallejo rememora cuando César Augusto López Arias y Humberto Zuluaga Villegas y le cuadraban los horarios en la universidad para que pudiera dictar clase, estudiar y cumplir compromisos con las demás instituciones.
Dice que no le alcanza el aliento para agradecer su paso de más de media vida en la Universidad Libre, pero que tiene gratitud especial por el ex decano Bernardo Vásquez Correa, y el actual decano de Ingenierías, Jorge Enrique Ramírez Rincón.
Y que nunca olvida los gestos de apoyo de Juvenal Mejía Córdova y en especial de Jaime Arias López quien como presidente de la Universidad Libre estuvo pendiente de él durante una grave enfermedad en el año 2000 sintiendo siempre cerca el acompañamiento de la comunidad Unilibrista, porque en la vida, los buenos y los malos momentos, son los momentos de verdad.





