Hernando Ramírez Jaramillo, un ejemplo vivo del civismo pereirano

En la hacienda Génova, localizada en el sector de la variante Condina, don Hernando Ramírez Jaramillo ha establecido su sitio de retiro, rodeado de cafetales y de un inmejorable paisaje, así como del amor de su familia y el calor de sus amigos. En diálogo con EL DIARIO, reconstruímos parte de su vida la cual ha estado dedicada a la actividad empresarial, pero de manera fundamental al ejercicio del civismo y el trabajo solidario por la ciudad. Ramírez Jaramillo tomó parte activa en la fundación de la Universidad Tecnológica de Pereira, presidió la junta de los Juegos Nacionales de 1974, hizo parte del Fondo Ganadero, fundó la empresa Rayco Gas, fue Embajador de Colombia en Guatemala y ahora, a sus 90 años de vida, está dedicado al cultivo de un buen café colombiano y al merecido descanso.

Además de empresario ha sido usted un hombre cívico. ¿Qué legado le ha dejado a la ciudad?

Me tocaron muchas cosas. Por ejemplo acompañar al doctor Jorge Roa Martínez, que fue el alma y nervio de la fundación de la Universidad Tecnológica de Pereira. El Club Rotario fue el promotor de la idea que la ciudad tuviera una universidad y hoy tiene más de una docena. En ese entonces, el Club Rotario nombró dos delegados en la junta fundadora de la universidad en donde acompañé al doctor Roa durante cinco años en la compra de terrenos, la construcción de los primeros edificios y toda las etapas iniciales. Yo también tenía mi actividad en los Fondos Ganaderos, primero de Pereira y luego de Risaralda. Primero el fondo era de Pereira, separado del Fondo Ganadero de Caldas, como una especie de grito de independencia, y luego cuando se fundó el departamento, se creó el Fondo Ganadero de Risaralda.

Una de las gestas más importantes fueron los Juegos Nacionales de 1974…

Eso fue muy bonito porque los Juegos, antes de los de Pereira, siempre los hacían unos comités municipales y cuando a la ciudad le dieron al sede, coincidió con la primera etapa de lo que se llamó Coldeportes Nacional, así que ya no eran los comités municipales sino Coldeportes el responsable a través de unas juntas departamentales. A mí me tocó ser el presidente de la primera etapa de este proceso. Los Juegos anteriores, los de Ibagué, fueron en 1970 y se suponía que los siguientes eran cuatro años después, aunque en ese entonces muchas ciudades los aplazaban. Pereira fue la primera que los hizo en el año que era: Pereira, cumplió.

¿Qué tipo de gestiones adelantaron con ese propósito?

Conseguir la sede fue fruto de un movimiento cívico muy grande de Pereira y después tocó echar adelante el proyecto. En ese tiempo nos atendieron muy bien el Presidente Misael Pastrana y su Ministro de Hacienda y dado que algunos congresistas de la región que lograron algún auxilio del gobierno, nos dijo: tranquilos que yo les cumplo con la plata. En lo que se llamó la Villa Olímpica, nosotros terminamos de cerrar el anillo del estadio y lo techamos, se remodeló el Coliseo Mayor que era de la Sociedad de Mejoras, hicimos el Coliseo Menor donde apenas habían unas graderías, las piscinas y el velódromo y Pereira fue de las pocas ciudades que hizo los Juegos y conserva los escenarios que siguen en funcionamiento. Fue una labor muy importante y con muy poquita plata.

¿Cómo se logró adelantar las obras necesarias para los Juegos Nacionales?

Si, no había ni peleas ni divisiones políticas, todo el mundo empujaba la carreta del mismo lado. Por ejemplo la Sociedad Mejoras era la dueña del coliseo y como teníamos auxilios de la Nación no se podía invertir en una obra particular, así que buscamos una fórmula para poder hacerlo en forma legal, derecha y bien hecha, nada de torcidos. Así que como la Sociedad de Mejoras no tenía plata para techar el coliseo, ponerle el piso y la iluminación Coldeportes le tomó el arrendamiento el escenario por 10 años, le pagó el arriendo por anticipado y con esa plata se ejecutaron las obras. Así se hizo también en la Villa que pertenecía a la Corporación Deportiva Centenario donde se emitieron acciones que compró Coldepores Nacionales y con esa fórmula se pudo invertir allí.

Este tipo de obras movilizaban a la gente…

Claro, ese movimiento cívico permitió la construcción del aeropuerto, del estadio, era algo muy bonito. Lástima que con el crecimiento de la ciudad eso se ha ido perdiendo, pero cuando Pereira era pequeña había mucha unión, mucho fervor civico, a todo el mundo le dolía la ciudad. Eso, por ejemplo, tiene de bonito Medellín donde la gente quiere la ciudad y la cuida.

¿A la par con el civismo fue usted un hombre de empresa?

Yo me dediqué al negocio del gas con la firma Raygo Gas que empecé con una bicicleta que tenía capacidad para entregar dos cilindros. Eso fue todo mi capital de trabajo inicial y terminé con más de 100 vehículos, aunque yo vendí la empresa para retirarme. Hablando en galones, que era la medida, vendíamos 2000 galones mensuales con esa bicicleta y un hombre que pedaleaba y repartía. Pereira y Medellín eran las dos ciudades de más consumo eléctrico en cocinas, mientras que en Bogotá había otras alternativas como cocinol y carbón. Así que cuando se presentó el apagón del presidente Gaviria la gente que cocinaba con energía eléctrica tuvo que buscar sustitutos y entonces el gas vino a solucionar mucho el problema.

¿Cómo le fue en la vida diplomática, como Embajador de Colombia en Guatemala?

Muy bien. A mí me mandó el Presidente Andrés Pastrana de Embajador en Guatemala, estuve allá por tres años y cuando llegó el Presidente Álvaro Uribe me invitó a quedarme otros tres años. Guatemala es un país bonito y de las ciudades centroamericanas la capital del país es como la más ciudad, las otras son más pequeñas. En las relaciones entre los países hay dos variantes: una embajada en los países poderosos aspira que esta nación le ayude a los de menores recursos, pero en este caso Guatemala más bien esperaba que Colombia le ayudara. En exportación de muchos productos llegamos tener una relación favorable de 10 a un dólar. Guatemala nos vendía en especial caucho que luego se volvió a sembrar en Colombia y mármol y a ellos les gustan los productos y el profesional colombiano y quieren a nuestro país.

¿En los tiempos presentes y dedicado a su finca, cómo le ha ido con el Café Pereira?

Bien, aunque un poco ahora entre paréntesis porque tuvimos hace un par de meses precios muy bajos por las manipulaciones en la Bolsa de Nueva York, ahora ha mejorado un poco. En el mercado del café colombiano influyen dos factores, la cotización en la Bolsa y el precio del dólar y como el dólar ha repuntado bastante, el precio del café y de las flores ha mejorado. Pero el año pasado fue muy lluvioso y no permitió la floración, pero este año parece que va a haber una buena cosecha en septiembre.

¿En otro plano, como va esa obra social que han bautizado “Inglés para los niños de los cafetales”?

Hay unos muchachos, y también adultos, vinculados a organizaciones internacionales a las cuales se afilian porque quieren viajar por el mundo. Por esa vía se puede pedir, por ejemplo, alguien que ayude a pintar una casa o jardinería o cualquier oficio y ellos vienen por un buen hospedaje y la alimentación, pero sin salario. Igual también se pueden obtener profesores de idiomas. Por esa vía logramos vincular docentes para enseñarle inglés a siete o diez muchachos de acá de la vereda y también los vinculamos a la escuela del lugar en el programa con doce a quince estudiantes.

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