El deseo de ayudar a los demás puede verse expresado por una misma persona de dos formas diferentes. Hoy Punto Final trae a la doctora Laura Castaño Vargas, una joven médico pereirana que encontró la manera de unir sus dos grandes pasiones, el servicio a los demás y el arte en una sola.
La historia de Laura antes de
La doctora Castaño fue criada con sus bisabuelos y una tía, un hogar como pocos, porque allí el televisor no se llevaba el protagonismo, espacios que eran reemplazados por cartillas para pintar. “Recuerdo muy bien la primera que me regalaron, era de Alicia en el país de las maravillas y venía con un montón de colores, marcadores, pinturas. Mi bisabuelo era el que hacía las tareas conmigo y mi tía rectificaba que quedaran bien, fue un acompañamiento constante en el que fomentaron el gusto por pintar. Si había que dibujar una granja, mi mamá me hacía la mamá de las granjas. En mi inconsciente quedó muy grabado el tema del arte”.
Eso por un lado, pero ¿la vocación de servicio cuándo arranca? “Mi bisabuela fue una mujer de la política y siempre ayudaba a la gente, ella trabajaba con comunidades, apoyaba muchísimo a mujeres cabeza de hogar y como yo siempre la acompañaba a las reuniones con todas sus lideresas. Al lado de ella siempre vi el acompañamiento de las mujeres, pero como también era muy pequeña, no tenía claras muchas cosas pero con el tiempo, cuando ya estaba por terminar el colegio, empecé a querer ayudar mucho a la gente”.
La Medicina como camino
Muy bien, ya tenemos una persona con sensibilidad social, aunque demasiado joven, pero el trabajo por la comunidad también se puede hacer desde el Derecho, la educación y otras tantas. ¿Cómo se decanta por la Medicina? “Cuando me iba a graduar del colegio tenía varias ideas, no sabía si Medicina, Veterinaria o Arquitectura, porque por un lado estaban las personas y los animales, y por el otro, estaba el tema del dibujo. Entonces mi bisabuela se sentó conmigo para que hiciéramos el ejercicio de visualizarme a 5, 10 y 15 años y le contara cómo me veía, en ese momento tomé la decisión de estudiar Medicina, porque primero me encanta la ciencia; segundo, desde ahí podía ayudar a la gente y el arte lo podía dejar como pasatiempo”.
Laura empezó a estudiar y en paralelo pintaba, alguien la vio y le preguntó si sabía pintarle un cuadro que quería, “respondí que sí, aunque nunca había vendido un cuadro, fue el reto más grande en mi vida. Me la pagó y me encargó otra, luego un amigo de esa persona quería otra obra, de un momento para otro vendía obras de arte”.
La doctora Castaño salía de los turnos del hospital a estudiar y los descansos eran para adelantar las obras que tenía que entregar. “Eso fue increíble”. ¿No se agotó demasiado? Porque el arte, así sea arte, es igual una responsabilidad con el cliente. “No, mira que puedo decir con seguridad que el arte es una terapia increíble para el cerebro, no hay un momento en que diga que el arte me agota. Antes contaba los minutos para poder parar y sentarme a descansar pintando. Además, así logré sacar muchos de los gastos de la carrera adelante”.

Arteterapia y servicio social
Laura aprovecha los dos dones en lo que es muy buena y los une. “Tengo muy claro que esto no es por mí sino por la gente, porque si estudié Medicina, no fue por el concepto que pueden tener otros de ir al consultorio solo para ganar plata, cuando veo a un paciente lo veo como mi igual. El que entra a mi consultorio es un humano al igual que yo y que está vulnerable y que si puedo ayudar en algo a solucionar su vulnerabilidad es completamente bienvenido siempre. No importa la religión, ni lo político, porque yo también me enfermo, también estoy bien y también estoy mal”. Esa forma de ver su profesión fue lo que hizo que resultara postulada a la Mujer Comfamiliar.
Cierta vez, cuando todavía era estudiante, bajó a Pediatría y vio que estaban haciendo cierta actividad con los niños diagnosticados con cáncer y conoció a la creadora de la Fundación Maná. “Todavía recuerdo ese momento y se me eriza la piel. Me invitaron a muchas actividades y fue muy emotivo. En una de mis obras quedó la manito de uno de los niños que después falleció. El arte funciona para darles vida a quienes ya no están. Esta mañana pensaba justo en eso, en ir con Maná y hacer arteterapia con los niños hospitalizados en Megacentro, porque la Navidad para ellos es totalmente diferente a la de los demás”.
Por cada obra de arte que vende la doctora Castaño, entre el 10% y el 15% va aparte para un ahorro y hacer brigadas de salud con las comunidades de la Guajira colombiana. “Con eso compro los medicamentos, pago su envío hasta Riohacha, también en algunos casos con ese dinero pago los pasajes para ir a atenderlos”.

Laura como reflexión final deja para las personas que “uno debe amarse como llegó, no con creencias religiosas, ni políticas, ni económicas, sino como humano vulnerable que puede ser escuchado y querido por muchas personas. Esa es la importancia de vernos como iguales”.
La vida en Quimbaya
Recién graduada tomó la decisión de ir a Mistrató, por los indígenas y campesinos. “Son la población que más acompañamiento necesitan. Me fui y estuve seis meses, luego me vine para Quimbaya en donde atiendo Promoción y Prevención, casi toda la línea de gestantes y cuando salgo a las 4:00, me voy para mi casa a pintar”.
“En el colegio siempre hacían clausuras y eran exposiciones de arte, empecé a quedar seleccionada y era muy natural”.
Dato
Los bisabuelos fallecieron cuando ella apenas empezaba la carrera de medicina, situación que representó un punto de quiebre, pero el arte fue ese refugio ante la pérdida.



