La dignidad humana no es un cuento

Jhon Andrey Correa Cortez, licenciado en Educación Religiosa y psicólogo, comparte su experiencia tras ganar el Concurso nacional de cuento de la Conferencia Episcopal Colombiana.

El ganador además comentó cómo es su trabajo con habitantes de calle en Pereira y su labor como catequista en la parroquia San Lucas evangelista de Villaverde que fueron fuente de inspiración para el cuento que lleva por nombre ‘La semilla de la esperanza’, una obra que busca rescatar los valores y la dignidad humana en medio de las crisis sociales actuales.

Entre psiquis y espíritu

Comencemos hablando de su trayectoria en la enseñanza y lo que hace actualmente. “Soy graduado de la Universidad Católica de Pereira del año 2011 y ejercí en varios colegios, tanto públicos como privados. Hice una especialización y estudié Psicología, he buscado una transversalidad entre ambas carreras que ahora está dando frutos. Actualmente trabajo con una asociación llamada Ciudad Futuro, que es un operador de la Alcaldía con albergues, uno en la calle 20 y otro en la zona rural de Combia, se atiende a habitantes de calle con un equipo interdisciplinario de psicólogos, trabajadores sociales y enfermeras”.

Interviene al ser desde la psiquis y el espíritu, eso debe ser fundamental. ¿Cómo traslada ese conocimiento a los niños de la catequesis en Villaverde? “Allí inicié el proceso con los niños sobre los valores cristianos, les enseñé a ser temerosos de Dios, pero también a saber que él camina a nuestro lado”.

Una semilla en contexto

‘La semilla de la esperanza’, cuéntenos de qué trata y quiénes son los protagonistas. “El tema fundamental era el Año Jubilar y la esperanza, por eso lo llamé así. Incluí a mis dos hijas, de 14 y 3 años, y a mi suegra. El cuento se desarrolla en un pueblito ficticio del eje cafetero que sufre por una avalancha, algo que suele pasar en nuestra región. Busqué darle ánimo a ese pueblo con amor y esperanza, pensando en la realidad de nuestro contexto que está tan deshumanizado”.

¿Cuánto tiempo le tomó escribirlo? “Lo empecé casi a principios de 2025 y lo escribía por partes en mi trabajo, o cuando llegaba a la casa porque se presentan ideas y no se pueden dejar escapar, fueron varios meses. De hecho, cuando me avisaron en diciembre pasado, ya se me había olvidado hasta el título y me tocó releerlo en el computador”.

Sabemos que tiene otros libros esperando a ser publicados. “Mis otros libros, tengo uno sobre relaciones de pareja, otro sobre el manejo del duelo y uno más sobre la soledad. Soy un poco celoso al momento de buscar una editorial o asesoría adecuada, cuidando los porcentajes y porque una vez también se apropiaron de mi trabajo”.

Dignidad y las monedas

Me llama la atención su trabajo con habitantes de calle. ¿Cómo conecta esa realidad con la catequesis? “La catequesis es para la población de Villaverde y El Poblado, pero uno busca transformar el corazón de las personas. El habitante de calle es carente de afectividad y la sociedad solo lo señala como vago o consumidor. Detrás de ellos hay una historia, un apellido y una familia, el consumo de sustancias no mira estrato ni religión, por eso hago trabajo transversal para formar valores desde la primera infancia y evitar que a futuro haya más personas en esa condición”.

Menciona que la moneda contribuye al ciclo del consumo, pero la religión a veces nos dice que simplemente hay que dar. ¿Cómo maneja ese choque? “Es una pelea constante, muchos creen que se ganan el cielo por dar una moneda o un almuerzo, y eso no es así. Ayudar es devolverle la dignidad humana a esa persona, buscar una red de apoyo o vincularlos a fundaciones como Cáritas que brindan atención psicológica. La alcaldía promueve no dar monedas porque eso va para el consumo. Muchos dicen ‘qué bonito su trabajo’, pero pocos se ponen la camiseta para trabajar por esta causa. Uno no tiene la capacidad de sacar demonios, pero sí tiene la capacidad de transformar el corazón a esa persona que lo necesita”.

La crisis del hogar

¿Cree que el aumento de habitantes de calle tiene que ver con el deterioro de la familia? “Totalmente, hay una gran diferencia entre familia y hogar. Familia es mucha gente en una casa, el hogar es el calor, la hoguera, el vínculo de papá, mamá e hijos que se perdió bastante. Siento que estamos deshumanizando al ser humano y queremos humanizar a los animales. En otro empleo me tocó hacer terapia de duelo a familias por la muerte de un perro y hasta un loro registrado con apellidos completos. Yo quiero a los animales, pero sé que son animales, ya los jóvenes no quieren tener hijos ni adquirir responsabilidades, prefieren tener un animal encerrado todo el día en un apartamento”.

A manera de conclusión, ¿qué mensaje le deja a las familias? “Desde niño me dijeron que éramos el futuro, pero nunca me explicaron cómo. Ahora que tengo a mis hijas, veo el valor del esfuerzo de mis padres, lo único que me queda es dejarle a ellas, a los demás niños y a los habitantes de calle una palabra de aliento y de fe. Es el momento de actuar y no pasar de agache ante las tragedias, el cambio es con acción total”.

“Llegó una convocatoria nacional para un cuento y, entre cientos de participantes, recibí la sorpresa en diciembre de ser el ganador”.

El concurso tenía por nombre ‘La catequesis, un cuento que cuenta’. Entre los 10 mejores hubo participantes de Tibú, Barranquilla, Tocancipá, Tunja entre otros.

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