María Elena Quintero, viuda del reconocido escultor Rodrigo Arenas Betancourt, expresó su eterna preocupación por la falta de un espacio adecuado para preservar y exhibir el vasto legado artístico de su esposo.
A pesar de que durante su vida se reconoció la grandeza de su obra, quién fue la mujer del maestro fallecido en 1995 lamentó que, tras su fallecimiento, no se haya logrado establecer un museo que rinda homenaje a la memoria y al talento del escultor.
La esperanza de esta mujer recae ahora en una propuesta liderada por Ernesto Zuluaga, presidente de la Sociedad Bolivariana, quien ha impulsado la idea de crear un museo en Pereira que albergue las obras y el legado de Arenas Betancourt, llevando a cabo su inauguración en la Galería Étnica el pasado viernes.
La viuda, junto a sus hijos, llegó desde Medellín para asistir a la exposición que rindió homenaje al escultor, con la esperanza de que, tras varios intentos, Pereira haga realidad el anhelado museo en honor a la memoria del maestro. En entrevista con este medio, Quintero profundizó en la intensa y, en ocasiones, dolorosa experiencia de vivir al lado de un artista, compartiendo las profundas emociones que rodeaban el proceso creativo de su obra.
¿Cómo era su forma de ser?
Arenas, su modo de ser, era muy malgeniado, pero a la vez un hombre muy cariñoso y muy agradable en el trato. Entonces su cariño, su amor y su ternura y sobre todo con la familia mitigaba un poco ese serás, pero a ratos irascible, sobre todo en los momentos de creación, él no quería que nadie lo interrumpiera ni le hablara ¡nada! pero era un hombre en general, fuera de estos momentos, muy simpático, de mucho carisma y se daba muchísimo a la gente, a la charla y a la tertulia.
¿Cómo era el proceso creativo del maestro?
El proceso de creación era lento, silencioso. Primero leía mucho, estudiaba sobre el tema ¡muchísimo!, escribía en un cuaderno que él llamara bitácoras. Escribía mucho mucho reflexiones alrededor del tema, de qué podría llegar a ser el simbolismo de lo que él quería expresar. Una vez escrito, hacía bocetos en tinta de diferentes opciones: en cuanto a pedestal, a contenido, movimientos de la figura. Ya una vez definido el boceto, lo pasaba a una maqueta para darle concepto tridimensional a la obra monumental que fuera a representar. Entonces la maqueta contenía ya, escala, movimiento de los personajes o de las figuras y la forma definitiva del pedestal en fin.
Después de la maqueta, pasaba a la ejecución en tamaño monumental, la que hacía generalmente en yeso, y ya para la fundición en bronce, se procedía a partir las figuras por partes . Por ejemplo del pie a la rodilla, de la rodilla al torso, el torso solamente y una vez fundidas todas estas partes como un rompecabezas, se juntaban con soldadura y ya la obra entonces se instalaba en el sitio que le habían señalado, compartió Maria Elena.
¿Cómo usted lo acompañaba en ese momento?
Yo no podía acompañarlo en ese proceso porque era un momento creativo de él, lo acompañaba de pronto ya en la ejecución definitiva cuando ya él había resuelto muchas cosas, ayudándole en su taller de fundición con los trabajadores, y diligencias y digamos que hacerle la vida amable mientras esto ocurría.
¿Le faltó reconocimiento en el país?
A le faltó reconocimiento, no en vida, sino luego de fallecido, porque su legado artístico es muy grande, muy importante y ya vamos a cumplir 30 años de su fallecimiento, sin que hasta ahora hayamos podido exponer, o comunicar, o entregar a la comunidad con dignidad de importancia, todo este trabajo, entonces en eso si no hemos tenido ni apoyo ni reconocimiento.
Estamos atendiendo la invitación del municipio de Pereira, donde se nos ha hecho con mucho cariño, la invitación a participar en algunos eventos durante muchos años a través del tiempo para participar en eventos donde se diga, se hable, de la necesidad de la importancia de tener en Pereira el Museo de Arenas Betancourt. Por ahora estamos con la esperanza puesta en esta opción.
Entonces vamos a ver cómo con el doctor Ernesto Zuluaga que es quien ha sido el más entusiasta de todos se pueda lograr esto para la ciudad de Pereira. El doctor Ernesto ha sido una persona que ha estado al pie permanentemente con la Sociedad Bolivariana y la doctora Marta Lucía Isman son quienes han estado más constantes en esta idea.
¿Cree que su obra tuvo mayor reconocimiento en el exterior?
Arenas tuvo mucho reconocimiento en México. Considerado pues, como uno de los escultores más importantes de México, figura en las antologías de arte mexicano, pero realmente su importancia la tuvo fue en Colombia. El país está prácticamente sembrado de obras de Arenas en las principales ciudades y él fue tratado en vida con mucho cariño, cariño que le dió muchísimo valor.
¿El secuestro lo cambió?
El secuestro influyó grandemente, no solamente en su estado emocional, sino en su obra. De ahí en adelante, en el tiempo que siguió a su liberación, los temas tuvieron mucho que ver con la muerte. Entonces hizo catarsis con su obra para superarlo, aunque no lo superó, o para paliar un poco la angustia, que esto le produjo.
“Hizo una serie donde Arenas invitaba a la muerte a montarse en su caballo y a salir con ella coronada de flores, es una serie muy hermosa, pero muy muy dramática”.
Hizo el Cristo del secuestro, un cristo atormentado, envuelto en miles de alambres de púas, un torso muy lindo, muy erótico, muy masculino. Casi tres metros de altura y refleja pues, toda esa impotencia, ese dolor, ese desgarramiento, hasta de los miembros que la obra los tiene. Un cristo mutilado y esto hace pues que refleje todo ese dolor y esa partida en cuatro de su vida que le significó este hecho del secuestro.
Sobre el Bolívar desnudo
Arenas quería desmitificar a Simón Bolívar como militar fuerte, duro, imponente, que solo se guiaba por las armas, y más bien presentarlo como un ser que alumbró el camino de la libertad y hacerlo desnudo de toda pretensión que quisiera reflejar poder y dominio ante los demás.
Un Bolívar con una antorcha en la mano señalando quizás el camino. Pereira fue la primera ciudad que tuvo una obra de Arenas y su primera obra monumental, entonces ocurrió allí una obra para él que lo marcó y le pareció siempre a él mismo una obra muy muy importante y muy bella.
¿Cómo fue su vida luego del fallecimiento del maestro?
Fue una vida muy difícil porque yo quedé sola con dos niños todavía. Entonces sacarlos adelante sin su apoyo fue muy difícil y mi energía toda se volcó, digamos a ese objetivo, también al trabajo de mantener viva su memoria de proteger su legado y de buscar incansablemente un sitio, un lugar para que su legado artístico repose y se comunique con la comunidad, entonces así han pasado, hacían pasado ya 30 años.
¿Qué hace por él, por mantener su memoria?
He hecho de todo, como decía anteriormente, 30 años luchando en una parte, en la otra, haciendo aprobar leyes que nunca se cumplieron, esperanzados en museos que en muchas oportunidades se anunciaron y nunca se llevaron a cabo. Y la esperanza permanente de que esto se haga una realidad, tengo mucha fe en que ahora en Pereira esto sí pueda por fin realizarse. Estamos con toda la fe puesta en las personas que hoy nos quieren ayudar en esta tarea.
Frase: “En Colombia no existe un museo donde podamos albergar todo este legado tan importante. Por ahora está en la casa, que fuera su casa taller, sin que tampoco haya tenido apoyo de ninguna administración”.



