Cuando Florence Thomas llegó al país, apenas tenía 24 años y las colombianas tenían cédulas con el (de) antes del apellido de su esposo, eso de entrada era demasiado, así ella hubiese llegado por amor, pero la palabra demasiado en Colombia, y también en el amor, al parecer significa lo contrario. Ella psicóloga y con Maestría, sus congéneres latinoamericanas de clase obrera obviamente, para la década de los años 60, a duras penas terminaban el bachillerato. Ese aterrador panorama la motivó a estudiar, trabajar y a sembrar la inquietud en las nacionales, sobre las ideas de igualdad, libertad y fraternidad, tan propias de su país.
Después de todo este trasegar, ¿cómo ve realmente la situación de las mujeres colombianas?
Si uno mira desde que llegué al país, por supuesto ha cambiado mucho, las mujeres participan en la política, se educan, las mujeres han aprendido a reclamar su autonomía, deciden sobre su vida (no todas todavía), pero quiero decir que hay un cambio inmenso. Cuando llegué a Colombia, no había sino madres, es decir mujer igual a mamá, hoy en día mujer es igual a sujeto social de derechos, eso es una evolución impresionante.
¿Pero ese sujeto social de derechos se ve en todo el país o solo en las capitales?
Evidentemente ante todo capitales, porque hay maneras de encontrarse entre mujeres y mujeres. Es difícil, porque es un país complejo, enorme, es un país con territorios muy lejanos, por ejemplo, todo lo que hemos ganado sobre el aborto, vete a explicar esto a un pequeño centro de salud que está a tres días en canoa, llega la mujer y le dicen: la ginecóloga no está.
Es complicado ser sujetos de derechos en algunas comunidades risaraldenses, donde no se ha podido acabar con la ablación.
Yo sé, ese es otro problema, la cultura que sigue permitiendo todo esto. Se había abandonado un poco este tema, afortunadamente lo estamos retomando ahora, porque es un drama absoluto, no podemos seguir permitiendo eso. Además, finalmente en las comunidades indígenas son los hombres los que deciden, es muy tenaz, aunque la Mesa por la Vida y la Salud de las mujeres, ha logrado hacer algunos trabajos, pero no es fácil, porque hay que romper la frontera del patriarcado impresionante, hay algunas líderes indígenas ya, pero es un trabajo inmenso el que hay que hacer.
En general, ¿qué se ha logrado?
Hemos logrado, lo que tu dices, entrar en las ciudades grandes, en las medianas y ese es el trabajo que tenemos que hacer ahora, no simplemente quedarnos en la ley y en el fallo de la Corte Constitucional, sino trabajar para desculpabilizar las mentes, para desculpabilizar la sociedad, para cambiar los estereotipos culturales y tú sabes que cambiar las costumbres sociales es un trabajo muy lento.
Hay una discordia constante entre las feministas y las hembristas, ¿qué mensaje darles a las extremistas?
Que tenemos que abandonar esos extremos, el mundo no puede seguir siendo blanco o negro, eso no es así. Existen los matices y toca escucharlos, tener el valor de explicar a la gente que debe haber aceptación, primero del debate, como decía Judith Sarmiento, también debe haber gente que escuche, aprender a escuchar y toca entender los grises, tratar de deshacernos del odio, el odio no sirve para nada, solo sirve para desatar guerras y entre las mujeres, si hay algo que no necesitamos es eso, tenemos que trabajar juntas.
Posibilidades de una presidenta en Colombia.
Creo que la experiencia de México es muy importante y muy fuerte, como experiencia. La experiencia también de que Bogotá haya tenido una alcaldesa y mujer lesbina, es muy importante y creo que sí nos abre la posibilidad, las vías de poder pensar, por qué no, en una mujer presidente. Lo complicado en sí mismo, es que la política esté en manos de los hombres, un universo machista y absolutamente patriarcal.
¿Cómo percibe la pérdida de legitimidad de los reinados de belleza?
Me parece tan chistoso, porque sí, cuando llegué a Colombia, se hablaba de eso desde seis meses antes y se conocían todas las medidas, las cosas, que si las princesas esto o aquello en sus departamentos, los matrimonios de ellas con el gerente de no sé qué, y me acuerdo que a Cartagena llegaban hasta 600 periodistas, ahora hay 25. Había familias súper orgullosas de que su hija se pudiera volver reina. Esto es una victoria, se acabó eso del 90. 60, 90, a pesar de que las niñas chiquitas todavía jueguen y sueñen con eso.
¿Qué hacer ante la brecha salarial entre hombres y mujeres en el país?
Tienes razón en nombrar el término brecha, que es todavía lo que nos falta por trabajar, no solo la salarial, en educación, en economía, en política. No es cierto que tengamos 30% de congresistas, apenas vamos en el 29%, dicen que logramos la cuota, pero no es cierto, es lamentable lo que nos pasa en política. Ahora, no significa que todas las mujeres que están metidas en política son feministas, lo que queremos es que haya un buen promedio en relación con los hombres, porque creo que las mujeres no habitan el mundo de la misma manera que los hombres.
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¿Qué es eso de Colombia, que la priva?
Viajar por carretera y percibir el cambio del clima, la vegetación, me parece maravilloso. Es un país que te provoca.



