‘Yo construí el Deogracias Cardona’

Esta entrevista empezó por recordar una Pereira desconocida para la mayoría, cuando la ciudad como tal empezaba en la intersección entre las carreras 9 y 10 y terminaba en la calle 41, porque en lo que se conoce como Alfonso López, todavía eran potreros. El invitado de hoy, el ingeniero civil Abel Espinosa Olaya, recuerda cómo montaba en tranvía de bajada y pasaba frente a la casa donde queda este periódico, la subida era por la Séptima.

¿Dónde nació?

Soy exiliado del Águila, Valle del Cauca, mi papá era liberal y la chusma conservadora lo mantenía seco pidiendo plata para la causa y le decían: usted verá, para nosotros matar liberales es como matar un perro. Mi mamá se iba a lavar y le tocaba ver bajar hasta 20 mulas con muertos por el borde del camino, entonces mi papá nos construyó un surco alto de bultos de café, por si llegaban a disparar por la noche, ahí nos metían a dormir a mis hermanos y a mí. El dueño de la compraventa de café le dijo que lo iban a resultar matando, que lo mejor era que dejara esa finca, que él se la compraba en $20.000 mil, que mensual le mandaba $1.000 y así fue como vinimos a dar por acá a comienzos de 1949, llegamos a Corocito y yo tenía 6 años.

¿Dónde estudió?

Hay que empezar por decir que hasta tercero de primaria en la escuela Remigio Antonio Cañarte, que quedaba en la primera con carrera 10, porque no había más grados, después pasé a una escuela en la calle 8 con carrera 11; el quinto lo hice en tres escuelas, porque en ese tiempo el estudio era muy difícil, lo pude terminar en la escuela Ciudad Pereira, en la 26 con tercera. El bachillerato lo hice en el Deogracias Cardona, que quedaba en toda la 14, al frente de lo que hoy es Invico, era una casa grande, vieja, inclusive a muchos nos tocó hacer el quinto de bachillerato en el séptimo piso de la Alcaldía, porque no cabíamos allá.

¿Qué hicieron para la nueva sede?

Yo seguía en quinto de bachillerato en 1962, cuando hicimos una fiesta para poner la primera piedra con el alcalde, en la sede que está hoy.

¿Cómo se convirtió en ingeniero?

Nadie creía que yo iba a estudiar, porque trabajaba desde los siete años y a pesar de eso no me tocó pagar en la Universidad Nacional, porque el departamento de Caldas me dio una beca de $100, que era la matrícula mínima, vivía en las residencias universitarias y trabajaba en construcción sábados y domingos. Me gradué con ocho compañeros en Manizales, el 6 de agosto de 1969.

Ahora sí, háblenos de sus obras

A los 15 días de haberme graduado ya tenía trabajo, me contrataron como ingeniero residente para la construcción del colegio Deogracias Cardona, fue mi primera obra entre octubre del 69 y mayo de 1970, que tuvo un valor $2.315.500 y un área de 3.100 metros cuadrados. Se lo entregué al mismo rector que me graduó de bachiller, Rafael Ramírez, desde que empecé a construir la obra eso iba y me abrazaba.

Cálculos sin fin

Cuando empecé no había siquiera calculadora, todos los cálculos los hacíamos a lápiz y allá es a donde voy yo, haga la cuenta, cuánto llevo ejerciendo mi profesión, hace poco cumplí 55 años. Trabajé ocho años en el Instituto de Crédito Territorial, era el ingeniero calculista, me tocó calcular todos los edificios de las cinco etapas de Gamma, los edificios que ahora se llaman Cedritos, que son la tercera etapa del Jardín, cada uno de cinco pisos, al frente están Los Cedros, que fue la primera obra que hizo la Edup, esos cálculos son míos y me los robaron. Todo lo que es Jardín, dejé lista la cuarta etapa, hice el movimiento del terreno, pero nunca la construyeron, ahí es donde está el Parque del Café y el colegio.

¿Recuerda en qué otros barrios intervino?

El barrio San Fernando todo, hasta las obras de urbanismo, La Habana, Alameda, Las Mercedes, Laureles I y II. En Cartago hice el barrio Samaria, que son 150 viviendas en la salida para Anserma Nuevo. En La Virginia hice las cuatro etapas de Balsillas y el barrio Pio XII, que era un barrio que se inundaba, porque lo hicieron en la intersección del río Risaralda que lo desviaron, en esa isla hicieron 99 viviendas, entonces me mandaron a hacer el alcantarillado porque no tenía desagüe, vi que pasaba por debajo del río Cauca, dos metros, entonces me tocó llevar esa tubería por allá cuatro cuadras más abajo y retirarla a 30 metros, hasta que me diera. Eso fue un dolor de cabeza, a las 2:00 de la mañana me llamaban, vea se inundaron y a esa hora tenía que pegar para La Virginia, llegar a Bomberos para que me prestaran canoas para sacar la gente que estaba encaramada en los techos. Entonces le dije al gerente del Instituto que era el doctor Gustavo Aristizábal, no veo más solución allá, sino trasladarlos.

Cifra

5.000 viviendas es el cálculo aproximado que hizo él cuando trabajó en el Instituto de Crédito Territorial.

Dato

Esta historia no tiene un final feliz, el ingeniero Espinosa no tiene casa propia, pues la perdió por un contrato de la alcaldía por el que tuvo que responder cuando la ciudad se quedó sin agua en 1993.

“Fui fundador de la Sociedad de ingenieros y arquitectos de Risaralda, con Samuel Eduardo Salazar y Carlos Eduardo Ángel”.

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