La piel, el lienzo natural 

Intervenir el cuerpo a través de los grafos no es cosa de subculturas contestatarias o de pasajera rebeldía juvenil.

Es todavía un misterio sin descifrar el por qué los humanos primitivos desde el periodo Neolítico ‘escribieron’ sobre su piel algunas marcas, para tratar de reconstruir ese antiguo gusto, la licenciada en artes visuales Angélica Vásquez, propuso para su proyecto de investigación – creación de la Maestría en  Estética y Creación, también de la UTP, el trabajo denominado ‘Acción punzante. Intersticios del marcaje corporal’.

Este proyecto explora el fenómeno del tatuaje desde una perspectiva que articula dimensiones rituales, estéticas, políticas y personales. Acerca de lo que encontró en las lecturas para su investigación, “Hay unos pocos cuerpos momificados que muestran esos signos de tatuaje, eran trazos muy básicos como líneas, hondas, hechos con espinas o huesos. Hay otros un poco más elaborados con figuras de animales o figuras ornamentadas pero eso dependía de cada cultura, por ejemplo en Egipto era ornamental y ritual, para embellecer y proteger sus cuerpos”.

Técnica poco conocida

El proceso del marcaje corporal, convierte experiencias de dolor en narrativas corporales que encarnan la memoria y activan procesos de resignificación identitaria. Angélica también es tatuadora desde hace seis años, pero no utiliza máquina sino una antigua técnica japonesa que se conoce como handpoke. “Es solo la aguja haciendo punto por punto, me llama la atención que acá en Pereira, muy pocas personas la trabajamos. Es un punto medio entre la técnica ancestral y la más moderna”.

La investigadora explica que en las islas Polinesia, los marcajes se hacían por ritual de cambio de edad, “mientras más dolor sintiera la persona, más meritoria era de ocupar un puesto en la sociedad”.

En comparación

Para los que no tienen tatuajes y desconocen por completo este tema ¿cuál puede resultar más doloroso, la técnica Handpoke o la máquina? “Diría que la máquina duele más porque es un corte contínuo y la piel tiende a recibir más trauma, en cambio con el Handpoke, lo que se hace es controlar la profundidad de la aguja e ir tejiendo. Lo positivo de la máquina es la rapidez, con la técnica se pueden doblar los tiempos y muchas personas no están dispuestas a tantas horas aguantando punzadas o como si fueran varios pellizcos”.

Vásquez quería aportar algo distinto con su investigación. “La Maestría me ayudó mucho a sentar las bases de lo que quería contar. Empecé por la historia del tatuaje, la presentación de mi técnica y el interés por la pausa y el tiempo, escuchar la piel, uno habla de sentir la piel pero es más que todo el espacio de la conversación entre la persona tatuada y el tatuador”. Según la investigadora, terminó por ser un texto bastante extenso en el que se recopiló historia relacionada con la estética y los gestos creados en la Maestría.

“El tatuaje en este momento en Pereira está cogiendo muchísima fuerza, la mayoría de tatuadores salimos de la Licenciatura en Artes, como que todo ese círculo se está ampliando cada vez más”, puntualizó Angélica Vásquez.

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