Ramiro Cortés Gómez, un pensionado que redescubrió su propósito vital después de los 60 años, comparte sus fotografías de naturaleza logradas desde su balcón en Villa del Prado.
Tras una vida dedicada a los avalúos catastrales y una estancia en el exterior, este observador empírico regresó a la universidad para perfeccionar su pasión y ahora presenta un libro de 87 páginas que documenta la biodiversidad que llega hasta su propia.
Tras su propio vuelo
Don Ramiro nació en La Dorada, Caldas, pero fue criado en Manizales. “Muy joven llegué a Armenia para trabajar con el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), donde me correspondió realizar los primeros avalúos catastrales del departamento del Quindío. Recorrí pueblos como Montenegro, Quimbaya, Pijao y Finlandia; en este último me establecí y formé mi familia. Tengo cuatro hijos”.
¿El amor por los pájaros nació en aquellas correrías por los pueblos del Quindío? “No tiene ninguna relación. Mi vínculo con los pájaros surgió mucho después, cuando regresé de vivir año y medio en Canadá y me establecí en Pereira”.
¿Y ahora qué hago?
A esta terrible pregunta se enfrentan todos aquellos a quienes después de madrugar por mínimo 40 años, un día cualquiera el despertador ya no les hace falta, se despiertan automáticamente, todavía tienen mucha energía y quedarse manicruzados no es una opción. “Me pregunté qué iba a hacer con mi tiempo después de haber trabajado toda la vida. Estaba parado en el balcón de mi casa en Villa del Prado, observé a las aves revoloteando en mi jardín y me dije: ‘aquí está esto'”.
La U. a los 66 años
¿Usted tenía experiencia con la fotografía o partió desde cero? “No tuve contacto previo, tenía una pequeña cámara Olympus con la que empecé, pero sentí que necesitaba un mejor equipo y aprender tips para mejorar mi trabajo. Por eso, a los 66 años, decidí ingresar a la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), para hacer cursos de extensión en Fotografía Digital. Allí, un profesor joven que lamentablemente ya murió, me enseñó los secretos técnicos que yo buscaba”.
Cuéntenos sobre libros. “Este reciente es el tercero, salió en diciembre. Mis primeros libros tienen unos 10 o 12 años, pero el más reciente me tomó mucho tiempo porque soy muy exigente, hice ensayos previos que no acepté y aunque perdí plata y tiempo, gané experiencia. ‘Desde mi balcón’ tiene 87 páginas y, aunque no he contado el total de fotos, seleccioné material de primera calidad guardado en mis memorias. Mi idea es que este libro sea una herencia para mis hijos, para demostrarles que se pueden hacer grandes cosas a cualquier edad”.

Piscina para pájaros
Es curioso que usted mencione que no hace observación a campo abierto. ¿Cómo logra capturar tantas especies sin salir de casa? “Me doy el lujo de tomar fotos incluso desde la cama, mantengo mis cámaras listas para los que llegan al balcón a comer banano. En el jardín también les pongo banano, migas de pan y les tenía una piedra que funcionaba como su piscina. Todas las noches volteaba la piedra y en la mañana le echaba agua limpia para que llegaran a bañarse”.
Entre tantas aves, ¿hay algún hallazgo que lo haya sorprendido particularmente en su propio barrio? “¡Vea este lorito negro! Yo nunca había visto uno y aparecieron frente a mi jardín. También he logrado fotos de especies que están en troncos huecos en los parqueaderos. Lo más hermoso es lo que uno aprende de ellos, vi a una mirlita enseñando a comer a sus pichones: el primer día les da en el pico, pero al tercer día come frente a ellos y no les da, forzándolos a que ellos mismos empiecen a alimentarse”.
Instinto migratorio y redes sociales
También menciona en su obra a la Piranga roja. ¿Qué investigó sobre ellas? “Esas pirangas vienen desde Norteamérica a finales de octubre y se van en marzo. Me asombraba que siempre llegaran a mi dirección, así que investigué y descubrí que graban en sus genes las rutas migratorias de sus antepasados. Es increíble cómo llegan exactamente a buscar su banano y su piscina”.
¿Dónde pueden los pereiranos conocer más de este trabajo? “He hecho exposiciones en la Carder, en el Sena y en centros comerciales como El Unico y El Progreso, gracias al apoyo de amigos como Germán Ossa y Ramiro Tabares. También comparto mucho material en mi Facebook (Ramiro Cortés G.)”.
¿Qué mensaje le deja a quienes, como usted, llegan a la edad de jubilación? “Que se animen a aprender cosas nuevas. No es trabajo, es un placer inmenso, yo sigo caminando por el barrio con mi cámara lista también para flores raras o paisajes, como dice el mensaje de Alejandra Pizarnik que incluí en el libro: ‘No sé de pájaros… pero creo que mi soledad debería tener alas’.
“Quería un libro en excelentes condiciones, lo entregué a la persona recomendada para hacerlo porque tenía la experiencia. Siempre he dicho ¿Cuántos libros voy a hacer en la vida? Uno y quiero que sea un libro muy bueno”.



