Encontrarse en una librería con uno de los poetas y escritores más importantes del occidente colombiano, no debe ser casualidad, el universo conspiró para traer a la memoria a otro gran exponente de la poesía en Pereira, como es Giovanny Gómez.
Luna nueva
Omar Ortiz entra a la librería Roma de Pereira, ataviado con una mochila roja, chaqueta (porque alguien de corazón tulueño aquí debe sentir frío) y una especie de libro en las manos, llega para realizar una de las consabidas tertulias de los viernes a las 5:00 de la tarde, en las que se habla de lo divino y de lo humano, más de lo humano de los diferentes autores que han encantado a muchos por mucho tiempo.
El ‘libro’ que traía entre manos Ortiz, era la edición 50 de la revista Luna nueva, una ‘Revista para nocheros’, entonces le pregunto que para cuáles nocheros y me contesta que para ambos. Él mismo se sorprende que ya sean 37 años de una publicación que surgió de la necesidad de captar jóvenes lectores de poesía en su amada Tuluá, luego de ser escenario de una de las más terribles violencias que ha sufrido Colombia.
Y así de sorpresa para mí, como entró Omar por la puerta de la librería, en la conversación entró Giovanny Gómez, porque decidí abrir Luna nueva en cualquier página y fue preciso en la 25, la que está dedicada a la reseña de su vida y le abre paso a las dos siguientes que contienen tres de sus poemas. Al parecer su espíritu permanece entre las pilas de libros donde también pasó muchas veladas. “A propósito, la última vez que nos encontramos Giovanny y yo fue acá”, recuerda Omar Ortiz.
Luna de locos
¿Cómo se conocieron Giovanny y usted? “A Tuluá fueron Mauricio Ramírez, Yorlady Ruiz y el finado Giovanny Gómez, eran unos muchachos y asistieron al evento que se llamaba ‘Jóvenes con la poesía’, llegaron más o menos 30 jóvenes de todo el país, entre ellos no se conocían, pero todos siguieron, a la par con sus diferentes profesiones, insistiendo en la poesía, ahora son los de mostrar, están cincuentones”.
Inspirado por muchas lunas, como la de Omar, Giovanny Gómez concretaría la suya propia y fue así como hizo posible el Festival Luna de locos en Pereira. “El año pasado, se cumplieron 25 años de aquel encuentro, por eso en la edición número 50, se les hizo un homenaje a todos los que estuvieron, con una selección de Juan Carlos Acevedo, de los tres mejores poemas de cada uno”.

Luna de inspiración
Esta semana, el 14, habrá luna llena, otra oportunidad para los poetas. ¿Cómo hicieron para que estos muchachos permanecieran? “Eso es una cosa muy grata y muy extraña de la vida, porque todos siguieron como poetas y se hicieron amigos, lo que no es fácil, porque vivían en distintas zonas del país”.
De Luna nueva salen 500 ejemplares por edición, cada año en octubre y se financia con la publicidad de dos privados, porque por variar, el apoyo a la cultura por parte de las entidades públicas no existe y no es solo en Tuluá. Pero de su producción, aparte de la revista ¿qué nos puede contar ahora?
“He sacado 12 libros de poesía, el más reciente saldrá en la Feria del Libro de Bogotá en mayo. Se llama ‘Postales mexicanas’, es un libro sobre vivencias y personas de México, tengo una relación bastante estrecha y fraternal con poetas de ese país, sobre todo en Oaxaca, donde estuve con la poeta Araceli Mancilla en el Festival ‘Hombres de palabra’. Están trabajando en zacateco y en español libros de poesía, lindísimo, lindísimo”.
Tras otras lunas
Si le pido que me defina su poesía, por dónde empezaría. “Mi poesía es más que todo de las emociones, de las preocupaciones y las obsesiones que tiene un hombre en determinado momento, entonces trabajo lo que me inquieta y se descubren matices del diario vivir, porque es una poesía que está muy ligada a lo cotidiano”. ¿Quién le enseñó a hacer poesía? “Aprendí a leer muy niño por un problema de salud, tenía 4 años, me obligaban a guardar absoluto reposo, entonces mi tía abuela, que tenía una tradición oral grande, me contaba sus historias y me daba libros. En ese tiempo no había antibiótico de manera comercial, me daban litros de agua de papa y no estaban tan equivocados, porque después los científicos dijeron que la Penicilina sale del hongo de la papa”.
Más sobre O. Ortiz
Nació en la región del Tequendama, su padre era abogado y natural de Tuluá, mientras que su familia materna procedía de la región de Anapoima. “Aunque mi papá estudió y se casó en Bogotá, viajaba a Tuluá, nunca perdió la conexión”. Omar Ortiz también estudió derecho, pero cuando tuvo conciencia de lo que era el Valle del Cauca, con su paisaje opuesto al gris citadino que la capital, no regresó y aunque a su padre le hubiese gustado tenerlo como colega y tal vez socio, estaba moralmente impedido para prohibirle a su hijo que amara la tierra de los cañaduzales.
En Tuluá había una biblioteca “impresionante”, la de Germán Cardona Cruz, quien fue el puente para conocer a Gustavo Álvarez Gardeazabal, por medio de esa amistad, Omar se convirtió en secretario de Cultura durante su gobierno y así le quedó más fácil organizar aquel encuentro que se cuenta al principio de este texto.



