“Le pedí a Dios estar en un proyecto así”

Lina María Mora dejó de ser ella para convertirse, el día menos pensado, después de la Pandemia en la directora de la Fundación Sanar. Hoy es la invitada de Punto Final, porque justo ayer se resaltó una vez más la lucha contra el cáncer infantil y quién mejor que ella para contar aspectos de este empeño y de su vida, que ahora tampoco es suya, sino que pertenece a las familias beneficiarias, porque como ella misma lo reconoce, tiene una labor 24/7.

‘La palabra sana’ y mejor nombre no pudieron escoger para esta Fundación que sobrepasa las tres décadas de existencia. Pocos saben que la directora es periodista de formación y que este mundo es completamente familiar para ella, así hace algunos años ya no sienta la adrenalina de una sala de redacción a las cinco de la tarde. Entonces cuéntenos, ¿usted un día estaba dándole juiciosa a las teclas y quién la llama a dirigir Sanar?

“Soy una orgullosa de mi profesión, de hecho, ahora que entré al periódico se me removieron muchas cosas. No pasé exactamente por esta casa editorial, pero si fui colega de muchos de los que hoy todavía están acá. Me encanta escribir y alcancé a hacer periodismo 10 años de mi vida profesional, después me dediqué a la gerencia de proyectos; fui directora de la Sociedad Colombiana de Arquitectos y después lideré la Firma de un par de ellos muy reconocidos en la ciudad, con la que nos dedicamos a la gerencia de proyectos de infraestructura educativa; hice algunos temas comerciales en el área bancaria y finalmente, se los digo como una infidencia, no sé cómo llega mi hoja de vida a Sanar”.

Hacer felices a los niños, ese es el propósito mientras dura el tratamiento.

Lina quiere que se sepa algo que es importante en este recuento. “Le había dicho mucho a Dios, en muchas ocasiones internamente, que ya había trabajado mucho para los demás, ya había hecho mucho en los temas comercial y financiero, y que quería dedicarme a servir y que si eso se pudiera hacer con niños, pues que sería un sueño hecho realidad”.

Lo que ella pensaba concretamente de esa petición era algo como el ICBF, formulación de proyectos para niños o algo parecido. “De pronto recibo una llamada, mi hoja de vida estaba en el proceso y por eso veo que mi llegada a Sanar es un regalo que Dios me dio y me ha cambiado la vida”.

La vida es de momentos

Pedirle a una persona como la directora, que escoja uno u otro momento que la haya marcado en este tiempo, resulta una tarea complicada, pero sí tiene claro que momentos terribles no ha sido ninguno. “Se generan tristezas pero queda la satisfacción del deber cumplido”.

Pensar en diversas actividades y tocar las puertas que sean necesarias es el propósito de Lina, día tras día.

Lo que más la marca son las historias de los migrantes, reconoce que durante los 36 años de historia de Sanar, no se había tenido esta situación y los primero llegaron también justo cuando ella se estrenaba en el cargo. “La historia del migrante es muy conmovedora, porque usted sabe que los niños han estado en situación de calle, de tránsito y de pronto una fiebre los hace detener, llegan al hospital y de ahí ya toca salir y reaccionar con ellos, desde el buscar dónde vivir, dotarles su cama, almohada, sus platos, para procurar que empiecen el tratamiento de una manera digna y hoy por hoy, ya son 12 familias migrantes que tenemos. Eso son momentos que te confrontan”.

Los momentos de alegría por fortuna son más, porque es ver que hay esperanza de vida, puede que los médicos le digan que es un paciente paliativo, pero ella ve que brinca, canta y vuelve al colegio.

El día a día

¿La energía que se siente en la Fundación tiene que ver con su llegada a la dirección? Se lo digo porque cuando uno entra no se tiene la sensación de estar en un prestador de servicios de salud, sino en la casa del amigo del colegio. “No me voy a atribuir esas cosas, qué tal, realmente somos un grupo de mujeres, yo les digo las chicas superpoderosas porque hay momentos de mucha angustia financiera, hay días que llegas y el banco está en ceros y sabes que hay que buscar la nómina, lo de los mercados y el transporte de los niños, son muchas situaciones pero todo se va solucionando con la ayuda de Dios y de muchas entidades que nos apoyan porque también hay un equipo que inspira, realmente una familia, tengo colaboradoras que llevan más de 20 años”.

Y si hablamos de familia, su familia de verdad, esa la de los lazos sanguíneos, ¿qué piensan de su entrega 24/7 a esta labor? “Cuento con una familia maravillosa, ellos también hacen parte de la familia Sanar, un esposo supremamente comprensivo que me apoya en todo, él también vive enamorado de la causa al igual que mi hija. Sí les robo muchas horas de su tiempo, pero siento que han entendido este propósito y lo hemos entendido como familia”.

“Lo bonito de Sanar es que siempre estás viviendo el día a día y así tengas que despedir a alguien al día siguiente, sabes que lo hiciste feliz, trataste de ayudarlo en lo que necesitaba”.

Dato

Empezó a hacer periodismo hace 25 años, pero sintió que los espacios empezaron a quedarse cortos, ella quería crecer, porque siempre ha sido una persona aspiracional, entonces hizo una especialización en Gerencia de proyectos y lo lógico después de ese esfuerzo es que quisiera ejercerla.

Cifra

600  personas aproximadamente son impactadas por las gestiones que encabeza Lina, porque no son solo los niños, también las familias.

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