Margarita, valiente, digna y buscadora

Desde que le dijeron a Eva, que con dolor pariría sus hijos, y a María, que una espada le atravesaría el corazón, el dolor hace parte de la cotidianidad del resto de mujeres que las sucedieron, sin que necesariamente sean madres, porque también hay hijas, sobrinas, nietas y hermanas, que dejaron de lado su propia vida por la de sus familiares o por rescatar lo que queda de ellos. Colombia es una mujer que llora a todos sus hijos, tiene una herida permanente que no sana, que solo cambia de nombre, no olvidar esa historia y menos ignorarla es un deber, no solo de quienes sienten la pena, sino de todos.

Buscadora

Todo aquel que decide su proyecto de vida con base en el humanismo, es porque siempre busca algo, bien sea en la historia, en las instituciones o en su profesión, busca la manera de contarle a los demás qué anda bien y qué anda mal en el mundo.

Margarita Arteaga Cuartas es una ibaguereña que estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Central de Bogotá, hizo la mayor parte de su vida laboral en el eje cafetero y en medio de ese trajinar mostró su talante para contar historias bien hechas, llama a las cosas por su nombre y no se queda con nada a medias. En su paso por La Patria, El Tiempo Café y medios de circulación nacional como El Espectador, se abrió paso y reconocimiento, luego la vida la llevaría a la docencia en las universidades Católica de Pereira y del Quindío.

Hasta ahí todo normal, búsquedas internas y búsqueda de información para construir crónicas periodísticas. Es marzo nuevamente, en 20 días se cumplirán 18 años del día que su vida dio un vuelco doloroso y definitivo que la llevaría a otra búsqueda, la de su hermano, el que le seguía en orden de nacimiento, Kemel Mauricio Arteaga Cuartas, quien un día salió de Manizales rumbo al Casanare, para no regresar, porque entró a engrosar la lista de miles de colombianos ejecutados extrajudicialmente.

Digna

No permitir que el tiempo vuelva invisibles a los familiares, exigir la verdad, hacer las diferentes etapas del duelo, no permitir que la violenta injusticia pase como si las cosas no hubieran existido, evitarle un lugar a la desmemoria colectiva y a la posible repetición, todo eso requiere de entereza mental, moral, física y de una dignidad que no se acobarda ante los perpetradores, cuando hay que mirarlos a los ojos para descubrir que les falta humanidad, decencia, decoro para hablar con la verdad y con menos indolencia.

Durante los últimos tres años, su labor ha sido ser una de las voceras dentro del grupo de víctimas en el subcaso Casanare,  en el Macrocaso 03, que adelanta la JEP, para ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, mal llamadas ‘falsos positivos ‘, por el caso de su hermano.

El 27 de marzo de 2007, Kemel Mauricio llamó a saludar, como lo hacía habitualmente, eso fue un día antes de desaparecer, le contó a la mamá que estaba en Yopal. Ese dato le serviría a la familia para empezar a buscarlo y tapizar esa ciudad con su fotografía, lo hallarían cuatro años después enterrado como N.N., luego en el batallón encontraron una ficha en la que lo reseñaron como extorsionista, cuando lo único que hacía era caminar por Colombia, vender sus manillas y escuchar buena música.

Margarita entonces decidió que la dignidad de su hermano y la de su familia requería con urgencia que todo se aclarara y por eso asumió ante la JEP la vocería de su caso, porque encontrar al familiar desaparecido permite elaborar cierta parte del duelo, pero ese es un dolor que nunca pasa, porque la violencia deja una huella imborrable.

Valiente

Encarar a los soldados y a sus superiores requiere tener la camiseta de víctima bien puesta, preguntarles de frente qué los hizo fijarse en Kemel, qué le hicieron y cómo lo hicieron, así como qué les dieron a cambio y decirles que si una vida vale lo mismo que una caja de arroz chino o un viaje a la Costa.

Después del reconocimiento, la entrega del hijo y hermano tomó otros cuatro años, así como las cosas que pasan en Colombia y por lo que es imperativo no perder la memoria. Margarita dice que la JEP no han logrado desentramar la impunidad, ni acabar con el pacto de silencio de los militares, tampoco que los altos mandos reparen a las víctimas como debería ser en la teoría, porque reparar literalmente es imposible, la vida, por mucha valentía con que se asuma, no vuelve a ser la misma.

Cifra

303 víctimas de ejecuciones extrajudiciales han sido identificadas en Casanare.

El documental

‘Justicia Transicional: Siembras de impunidad’, es un trabajo audiovisual que a partir de los testimonios de familiares de víctimas, expone uno de los capítulos más atroces del genocidio social en Casanare, Colombia. Miles de crímenes fueron perpetrados contra civiles indefensos por miembros del Ejército colombiano, en lo que se conoce como los ‘falsos positivos’, casos que hoy están siendo investigados por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

En el último año y medio, trabajó en la producción del documental Justicia Transicional: Siembras de impunidad,  que se presentará este martes en Pereira.

Esta obra amplifica las voces de quienes han resistido por más de 18 años, exigiendo justicia y verdad. Voces que narran su sufrimiento, la desesperanza y la frustración, pero también una dignidad inquebrantable. Denuncian un sistema de justicia que no fue creado para las víctimas, sino para impedir que la sociedad y el Estado ignoren “a los hombres a quienes alguna vez consideraron héroes”. Aquellos mismos héroes que, en una nueva afrenta para las víctimas, ahora plantan árboles como reparación por sus atrocidades.

“Las víctimas nos sentimos burladas”.

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