El auditorio Gladys Rodríguez del edificio de Ciencias Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira, fue el lugar que acogió a una docena de indígenas Embera del resguardo Suratena de Marsella, para visibilizar este proyecto.
Mantener la memoria viva es preservar la cultura, y quién mejor que los menores de la comunidad, pues a medida que sus inquietudes son resueltas el mundo adquiere significado y les es posible rescatar las raíces y afianzar su futuro como pueblo indígena.
El Resguardo Indígena Suratena, en el corregimiento del Alto Cauca, fue el escenario de un profundo ejercicio educativo y antropológico impulsado por la Fundación Marsella Juega y Educa. Bajo el proyecto ‘Cafeteritos’, en el que niños, jóvenes y educadores se unieron a sus mayores para dialogar sobre el valor de la memoria y la cultura, recopilando conversaciones en dos documentales. Se relata cómo las vivencias de ancianos como don Marco y la profesora Gloria Tabarquino se convierten en el ‘suelo silencioso’ que cimenta el futuro, desde las raíces Embera hasta los desafíos de la educación propia.
Origen del proyecto
La experiencia que dio vida a este proyecto cultural arrancó en mayo, tras una charla en Marsella, donde el encargado de Oralidad de la Gobernación, propuso hacer una serie de proyectos que recogieran la memoria de diferentes entidades y resguardos indígenas. La Fundación propuso que unieran ese trabajo entre niños y ancianos, buscando que la parte de los ancianos representara la memoria y la actividad infantil, el futuro, en el Resguardo Indígena Suratena.
Se decidió, entonces, utilizar los medios disponibles, un poco sencillos como el teléfono, para hacer grabaciones. “El resultado de este esfuerzo fue la realización de dos pequeños documentales, uno recoge las conversaciones con Gloria y con Marco, escogido para ser proyectado por ser el más corto (más o menos 35 minutos), ya que el otro documental, con entrevistas a tres personas, quedó muy largo, alcanzando los 90 minutos, lo cual parecía no ser del todo adecuado para los niños”, explicó el pasado viernes en el auditorio de la UTP, el director de Marsella Juega y Educa, Javier Sánchez. El documental tiene un valor de memoria antropológica de la vida de Marco y parte de la vida de Gloria.
La memoria como semilla y horizonte
El documental presenta dos momentos íntimos y humanos. El primero es la conversación entre Gabriela Zapata Tabarquino, una niña de 9 años y su madre, Gloria Tabarquino, profesora del Resguardo. Gloria le explicó que trabaja en el Resguardo desde hace aproximadamente 22 años. Su llegada como maestra se dio cuando, al implementarse la educación propia dentro de la comunidad, hubo la necesidad de un maestro, y ella aceptó rápidamente, viendo en ello una forma de continuar su formación profesional.
La otra, es la conversación entre abuelo y nieta, presentes también durante la muestra. Hizo una tarde fría para don Marco, quien con sus 93 años decidió venir a la Universidad, estaba ataviado con un poncho azul, a pesar de los años, su sal, picardía y oralidad se conservan intactas, como su memoria. Cada relato de los mayores forma parte de un tejido invisible que arraiga a la comunidad, un hilo que borda el futuro desde el corazón de las raíces.
Su nieta le preguntó si siempre han estado en ese territorio, Marco reveló que sus padres vinieron de Antioquia, específicamente de Jardín, la razón de su llegada a Mistrató fue la huida de un cura que los estaba forzando a casarse a todos los que vivían sin el sacramento.
“Los bailes de Embera eran distintos, con hombres y mujeres tomados de la mano en círculos. La vestimenta de las mujeres antiguas no incluía bata o pantalón, sino paruma que llegaban hasta la altura de la rodilla, sacos bien adornados, y collares. Las mujeres se adornaban con papel de seda la cabeza. Estos bailes podían durar hasta tres días y se tomaba chicha de maíz fuerte con panela, la cual se cocinaba por casi una semana”.
Marco también relató su propia experiencia al crecer, su padre lo abandonó a los 15 días de nacido, cuando su madre murió. Fue criado por una tía que no le permitió estudiar. Además, no había escuela cerca; el camino era tan largo que había que salir de la casa a las 2 de la mañana para llegar a las 7. Por eso, ni él ni sus compañeros eran estudiados.
Gloria les dice a los niños que siempre deben estudiar y no ser conformistas, buscar las mejores notas y que aprendan las cosas buenas de sus maestros, buscando llegar a la universidad para una mejor calidad de vida, no solo para ellos sino para sus hijos. Respecto al diálogo en el Resguardo, mencionó que las tradiciones Embera Chamí, son fuertes aunque la mayoría habla español, y las comunicaciones entre la comunidad son buenas y necesitan apoyo en temas como trabajo, salud y deporte.
Uno de los mejores momentos de esa tarde en la UTP, fue ver cuando se reían al verse protagonizando su propia historia, señalaban ¡ay, yo!
“Yo mismo no sabía hablar español, aprendí solo, escuchaba a las personas en la sastrería y repetía las palabras para poder comprar un pantalón, mi abuela me enseñó a pedir las cosas solo en palabras Embera”.
Este documental audiovisual nace del deseo de explorar la memoria en su dimensión familiar, cultural y antropológica, dando voz y protagonismo a los niños.



