Gloria Díaz, exconcejal y autora de la Política de Salud Mental de Bogotá, visitó Pereira con el objetivo de llamar la atención y generar una reflexión urgente sobre la crisis sobre este tema que atraviesa el Departamento.
Las cifras de trastornos psicoafectivos, depresión, ansiedad e ideaciones suicidas han encendido las alarmas del país. La señora Díaz detalló por qué la región cafetera supera la media nacional en estas tragedias humanas, los desafíos de la soledad en el adulto mayor, y la necesidad de romper el tabú a través de la prevención en el hogar y las comunidades.
A septiembre solo en Pereira se han confirmado 17 suicidios consumados, mientras que el total departamental supera los 45 casos. Los indicadores de Salud Mental en Risaralda también reflejan una tendencia al alza en los trastornos depresivos de los que la tasa de 784 por 100.000 habitantes está por encima de la tasa nacional (474), lo que ubica al departamento en el cuarto lugar a nivel nacional.
En cuanto a los trastornos de ansiedad, la tasa de 1.877 por 100.000 habitantes es muy superior a la media nacional (1.122), convirtiendo a Risaralda en el departamento con la tasa más alta del país. Mientras que el trastorno afectivo bipolar de 375 por 100.000 habitantes, frente a la nacional de 200, le otorga el tercer lugar nacional.
Llama la atención
“Visito esta tierra hermosa por una causa de vida que tiene que ver con tocar el corazón y generar una reflexión alrededor de la importancia de la salud mental. Lamentablemente, el departamento de Risaralda, en su orden, hoy está en tercer lugar en relación a todo tipo de trastornos asociados a nuestras emociones”.
En Bogotá, cuando usted empezó a trabajar en la Política de Salud Mental hace nueve años, ¿la situación era comparable a la de Pereira, considerando las diferencias de población? “Nosotros tenemos una ciudad de ocho millones, unas tasas pues absolutamente altas particularmente en jóvenes y en adultos mayores. Sin embargo, el gran enfoque al plantear los lineamientos para la construcción de lo que fue la nueva Política Pública, que sirvió como sustento de la nueva Ley de Salud Mental, la 2460 que aprobó el Congreso, era hablar de prevención”.
La sociedad
“Hoy nuestros jóvenes están hiperconectados, los ciudadanos en general ya no estamos conectados como familia, buscando aceptación por fuera, midiéndonos bajo paradigmas que son absolutamente mentirosos”.
Usted menciona el hogar como foco de prevención. ¿Qué papel juega la violencia intrafamiliar y las comunidades educativas en el deterioro de la Salud Mental de los niños y jóvenes? “Hay que atender la Salud Mental desde la óptica clínica, pero sobre todo desprendiéndolo y entendiendo que muchas de las violencias de las cuales somos víctimas nacen al interior del hogar. Hay que meternos en la familia, hablar de la violencia intrafamiliar, pero también algo que se cierne alrededor de nuestros niños en las comunidades educativas, un profesor que tiene 30 o 32 estudiantes enseñando matemáticas no tiene ni idea qué pasa con cada ser humano que está allí sentado”.
Causas
“Encontramos lamentablemente, por ejemplo, que nuestros niños están siendo violentados, no precisamente por personas lejanas, sino por su núcleo familiar. Hablamos de abuelos, padrastros, tíos, las mismas madres. Esto nos lleva más adelante a encontrar trastornos de todo tipo: psicoafectivos, de ansiedad, de estrés, de bipolaridad. Si pudiéramos prevenirlo al interior del hogar y en los colegios podríamos ahorrarnos no solamente dinero sino muchas tragedias humanas”.
Es comprensible que jóvenes que han sido víctimas tomen decisiones extremas, pero, ¿qué lleva a un adulto mayor a intentar contra su vida? “Tiene que ver mucho con la soledad que viven y una exclusión por parte del sistema. Nuestros jóvenes no quieren tener hijos, hoy casi que buscamos el cariño y el afecto, hablamos de un concepto de familia multiespecie en los animales, porque no recibimos afecto entre los seres humanos. Estos adultos mayores lamentablemente terminan siendo olvidados por sus propios hijos, son personas que viven pobreza seguramente extrema, pobreza multidimensional, pero también pobreza emocional. Los hijos dicen: ‘ya come mal, mi papá huele feo, no se quiere bañar, no me aguanto su genio’”.
“Es una crisis infinita, Colombia tiene tasas menores de natalidad, vemos personas que llegan a los 80 y 100 años, y no solo son excluidas por su familia, les dicen: ‘usted ya no tiene acceso a crédito o a vivienda’. Tenemos que abrir una discusión acerca de las nuevas longevidades”.
Gloria Díaz dice que es fundamental es romper el tabú alrededor de los famosos escuchaderos, porque son impersonales y pensar más en los escuchaderos comunitarios previa capacitación.



