Los vestigios de la historia es lo más preciado que tienen las culturas, porque les permite conocer de dónde provienen o qué hubo antes de ellos, pero lamentablemente este no es el caso del denominado ‘Salado’, porque sus restos arqueológicos son prácticamente inexistentes.
Esta inquietud que no es de reciente tratamiento, surgió a raíz del foro convocado hace tres días por la Carder, en el que se trataron temas como: Gestión patrimonial del hallazgo del mastodonte en Quinchía, Plan de manejo ambiental en las piedras Marcadas de Santa Rosa de Cabal y Dosquebradas, Importancia de los hallazgos arqueológicos en Galicia y la Implementación del Plan de manejo arqueológico en la subestación los Molinos.
Del ahogado, el sombrero
Si no fue posible conservar las ruinas de lo que fue la minería precolombina, por lo menos se debería hacer algo por rescatar la historia de este lugar, que según cuentan data en paralelo del tiempo en que la civilización Sumeria enaltecía la presencia del Eufrates para la agricultura de los pueblos que hoy se pueden delimitar entre Irak y Turquía.

Para poner el dedo en la llaga, Punto Final entrevistó al arquitecto Jorge Alberto Velásquez Gil, uno de los pocos pereiranos que se ha preguntado qué pasa con el Salado de Consota y esto explicó al respecto:
“Aquí ya todos somos forasteros, ese es mí dolor, yo soy de aquí, mi familia es de aquí, inclusive de San Jorge de Cartago. El tema del salado es uno más dentro del espectro de la potencialidad que tenemos como una de las zonas más importantes del centro occidente de Colombia, por la confluencia de ríos que están cercanos a muchas regiones, la posibilidad de intercomunicación inmediata con muchas partes, la riqueza de las tierras y la bondad que ha tenido el universo de estar presentes como humanidad en esta zona. Lo digo como parte integral porque desafortunadamente manejamos los sectores y la sumatoria de la sectorialidad no es la integralidad, entonces miramos al Salado, como el Salado?
Realmente ¿qué es el Salado?
Según el arquitecto, los datos líticos la presencia humana en esta zona data desde hace 10.300 años, lo que es una demostración, no solo para los pereiranos, sino para el mundo entero, de que los humanos que estaban presentes aquí habían domesticado plantas. “La historia es de quien la cuenta, estas evidencias no hemos sabido capitalizarlas, ni tenemos la dimensión aún de la responsabilidad que se tiene frente a este sitio y la región, el simple hecho de decir que en esa data hubo humanos recolectores y cazadores aquí, es de mucha importancia, igual a la presencia de mastodontes”.
En ese territorio comenta don Jorge, abrevaban animales y dieron la pauta para que los humanos ya referidos se interesaran en cazar con flechas de piedra. “Posteriormente, esta presencia humana se transformó en la nación Quimbaya, luego la colonia, después la república, siguió la colonización desde el norte del Cauca y el sur de Antioquia, y hoy tenemos el sexto periodo de presencia humana en el Salado”.
La sal valía oro
Cabe recordar que los indígenas tenían un sistema de trueque en el que la sal representaba, por llamarlo hoy en día, la moneda de cambio. “Valga la aclaración que hubo una empresa productora de sal y que a nivel arqueológico mundial, el simple hecho de haber existido una industria de producción de sal en la época precolombina, como quedó consignado por los cronistas en las referencias a la producción de sal a una legua del centro urbano de San Jorge de Cartago, hasta que se presentó la sal en Chiquinquirá y perdimos esa producción local”.

¿Cuál era el origen de esta sal? “Aquí hay unas fallas geológicas y producto de eso lógicamente hay unas minas subterráneas de sal que dada la posibilidad de tener tantas fuentes de agua, cuencas y microcuencas, hace que a esa mina le lleguen dichas agua y aflore en el río Consota de manera muy bella”, comenta el arquitecto Velásquez.
26 años y nada
En 1998, por referencia del entrevistado, se pensó en construir viviendas en una parte de la zona que comprende el Salado, los habitantes del sector tenían como legado oral que hubo algo de importancia allí. “Un ingeniero geólogo alemán, el doctor Mijael Tistl, tuvo interés por el patrimonio cultural, porque siempre los de afuera son los que se interesan por lo nuestro y en sus investigaciones de orden técnico hizo excavaciones con el propósito de ubicar el ojo del Salado y tuve la fortuna de estar con él. Al encontrarlo la UTP se interesó, si bien la Universidad ha estado liderando, no es propietaria de esas tierras, pero la gran decepción para Pereira y para el país es que las administraciones locales no han tenido la mirada, no le han dado la importancia y no ha tenido la responsabilidad cultural, social y económica de velar por su defensa”.
Lo más triste de todo es entender que por el desconocimiento que tiene la población de lo que allí hubo, fueron tomando ladrillos y piedras con valor arqueológico para poner la olla en el paseo de río al Consota. En el lugar dice el solitario doliente, que no hay un vigilante, control policivo, cerca, ni un alambre de púa, porque no se ha legalizado el terreno.

“La Fundación Salado de Consota se creó precisamente para liderar procesos y hacer un rescate, la conforma la Alcaldía, la Cámara de Comercio, Comfamiliar Risaralda y la UTP, pero les pregunto qué se ha hecho y las preguntas resultan incómodas”, puntualiza Jorge Alberto Velásquez.
“En 2018, se hizo una empalizada con guadua y caña brava, para tapar lo que los vándalos habían dejado y eso ha hecho que no se pueda ver nada en un recorrido periférico”.
Dato
El Salado ha estado incluido en el puesto 23 en el listado nacional de importancia de sitios arqueológicos, al lado del Parque Tayrona, San Agustín y Chiribiquete, pero inquieta que ni así se ha hecho lo posible por cuidar para preservar.
Cifra
40 hectáreas de extensión abarca el territorio en cuestión aproximadamente.



