Visitar el Archivo Histórico municipal es zambullirse en la vida cotidiana de seres con defectos y virtudes, pero sobre todo, personas que veían cómo cambiaba su mundo de sopetón con la llegada de una máquina negra que anunciaba con estruendo su endiablado arribo a la ciudad.
Un día como tantos
Corre el año 1917, son las 6 de la mañana y las hermanitas se preparan para otra jornada de apoyo a los galenos en el Hospital San Jorge, quienes luchan a diario con los pacientes reumáticos entre la dolencia más recurrente, sin descartar del todo el carranchil y las almorranas.
A esa misma hora, entra a trabajar en la construcción de la Estación Villegas del ferrocarril de Caldas, un joven de 20 años que lleva apenas dos meses en Pereira. Se voló de la finca en la que su familia era la del agregado, porque no quería cuidar más vacas y porque un amigo le contó que en la obra pagaban más.
Estar sin la tutela familiar ni la mirada de curas o maestros y con la inquietud por conseguir amigas, empezó a visitar a menudo los cafés y le cogía la noche en las calles, donde empezó a conocer también personas de diferentes procedencias que así como él, llegaron tras la bonanza económica que traía el tren.
Algo raro empezó a suceder
El síndico Ezequiel Morales y Concha empieza a notar que en sus registros hay un padecimiento que relega la reuma a un segundo plano y que la mayoría de las consultas empiezan a arrojar resultados preocupantes, se trata del incremento de casos de sífilis y otras enfermedades venéreas.

Mientras tanto en Europa, Alexander Fleming, un joven médico escocés, acaba de ser ascendido a capitán por su participación en la Guerra y se prepara para volver a dictar clase. Faltan casi 15 años para que sus investigaciones lo lleven a anunciarle al mundo que finalmente hay Penicilina.
Los pacientes que llegaban al San Jorge con llagas indoloras y sarpullido en las palmas de las manos y los pies, empezaban a engrosar día a día las listas de sifilíticos, como le ocurriría a aquel joven obrero de la Estación Villegas. Tuvo que pedir permiso para faltar a los rieles y acudir, porque ya había pasado tres noches con fiebre, mientras que veía como ese brote que le apareció no lo dejaría trabajar y no quedaba de otra que ir donde las monjas a ver qué le aplicaban.
Un registro como pocos
Cada uno de los pacientes que llegaba al San Jorge, debía entregar datos en todo el sentido de la palabra. Fue así como a este joven le hicieron las siguientes preguntas:
Nombre: Juan María, Apellido: B., Edad: 20, Color: blanco, Estado: soltero, Profesión: obrero, Lugar de nacimiento: San Francisco, Nombre de los padres y Enfermedad.
La sífilis se creía propia de las mujeres públicas, calificativo que no abarcaba a los hombres y por tal motivo el tratamiento se concentraba en ellas, pues eran consideradas foco de contagio, en un aparte de los registros se contabilizaron 70 mujeres pero 110 hombres, cosas que quedan por analizar. Los médicos y religiosas del Hospital San Jorge, dejaban constancia en los informes de cuántas dosis había recibido cada paciente de un medicamento denominado 606, inventado en 1909, más conocido como Salvarsán, y era propiamente un preparado orgánico de arsénico, yodo y mercurio que fue el primer agente terapéutico moderno.
“En las ciudades capitales decretaban visitas e inspecciones sanitarias al considerar antihigiénico el cuerpo de la mujer pública. Ellas temían más al funcionario profiláctico que a la Policía”.
María Joaquina de 21 años, era soltera pero tenía una niña de dos años, las dos estuvieron hospitalizadas por seis días, a María, le dijeron que era una enfermedad venérea y su hija tenía sífilis, esto les dio a entender a los médicos que existía la posibilidad de que las enfermedades de transmisión sexual fueran heredadas. Pero aparte, en los registros le pusieron sirvienta, porque el listado de mujeres públicas solo fue conocido por el Concejo, tras solicitar un informe al Hospital ante la delicada situación que se presentaba en el Municipio. No muy alejada estaba la realidad de cientos de amas de casa que resultaban contagiadas por sus esposos y a quienes como profesión les asignaron Oficios domésticos que no dejó mucho margen entre unas y otras.
Los casos tocaron a las puertas de una forma alarmante en un San Jorge que tenía espacio limitado, el listado del Hospital reflejaba que de 1.928 personas atendidas, 534 arrojaron atención por sífilis y otras enfermedades venéreas, finalmente el reumatismo nunca superó los 150 casos. Algunos viajeros trajeron al país el condón, que había sido inventado en 1870, pero la reticencia a lo desconocido campeó durante muchos años más.
Curiosamente en el San Jorge quedaron registrados mulatos, blancos, negros y morenos, al parecer los indígenas se mantenían en sus resguardos y no se contagiaron o si lo estuvieron fueron tratados con medicina tradicional. Juan María tuvo que ir algunos días más a que le aplicaran la dosis, pero nunca se enteró que esta epidemia fue provocada en gran parte por la construcción del ferrocarril, eso que en años posteriores se denominaría desarrollo y modernidad, que atrajo en su mayoría personas de Antioquia y del norte del departamento. Entre 1917 y 1918, se presentaron cuatro muertes por sífilis (tres hombres y una mujer), dos blancos, un negro y una morena entre los 22 y los 50 años de edad, lo que demuestra finalmente que era un contagio que no discriminaba condición social.

Las cuentas en el San Jorge
10 cucharadas de medicamento contra la sífilis costaban 50 centavos, los lavados a $1 y las inyecciones a $4, el presupuesto que tenían asignado era de $20 para los enfermos de venéreas y sífilis, pero fue imposible cumplir, porque casi siempre llegaban a la suma de $60. El sueldo de cada una de las enfermeras era de $15 y el presupuesto general del Hospital bordeaba los $300. El registro deja constancia que 1918, fue un año duro para las finanzas, a la superiora sor Vásquez y al médico Santiago Londoño, las cuentas por atención se les desbordaron hasta $500.
Dato
La información de acceso público fue sistematizada por el pereirano y estudiante de Historia en la Universidad de Antioquia, Carlos Ramírez.
Cifra
24 meses de información recabó Ramírez, mes a mes entre enero de 1917 y diciembre de 1918.
Créditos de fotos
Llegada del tren a Pereira en 1920. Foto tomada del Libro de oro de Pereira, archivo de Álvaro Camacho A.
Fotodocumentos. Fotos tomadas del Archivo Histórico municipal de Pereira.



