¿Qué tanto sabemos sobre los mitos del suicidio?

Hay quienes opinan que hablar sobre el suicidio puede incitar a que la gente se quite la vida, pero desde el punto de vista científico ello contribuye a invisibilizar una problemática de la salud mental que es necesario encarar desde distintos ámbitos. Tal es la opinión de Edisson Orozco Villa, psicólogo y docente – investigador de la Universidad Cooperativa de Colombia con títulos de maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad y en Estudios Culturales y Doctorando en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Precisamente para una de sus maestrías, Orozco presentó una tesis que tituló “Aprender a mirar con ojos de ave nocturna: geografías del suicidio en Pereira” en donde plantea una mirada crítica y cultural de esta problemática. Hace poco este docente e investigador participó en una conversatorio organizado por la Secretaría de Salud del Tolima el cual tenía el propósito de sensibilizar sobre esta problemática y hacer un abordaje de su prevención.

¿Esta época de confinamiento tan prolongado ha incrementado los intentos de suicidio?

Hay que tener cuidado porque todavía los datos que se tienen son prematuros por lo que están presentes y ya las autoridades, como Medicina Legal, se encargarán de indicarnos las transformaciones epidemiológicas. Sí se ha empezado, efectivamente, a hablar mucho sobre el tema de la salud mental en el contexto de la pandemia, es algo que ha sido significativo debido a que la circunstancia del confinamiento ha demostrado múltiples situaciones sociales, económicas e incluso políticas. Así que en términos de la salud mental siempre hay una profunda inquietud por su asociación con el suicidio, en ese sentido lo que se empieza a generar es toda una inquietudes sobre las maneras en que el confinamiento puede influir sobre cierto comportamientos asociados al suicidio. Se ha observado, por ejemplo, que empieza a notarse una alta prevalencia en la atención asociada con estrés, ansiedad y depresión que son trastornos del estado del ánimo que pueden estar vinculados con comportamientos suicidas.

¿Nuestro sistema de salud ofrece una respuesta efectiva para esta problemática?

Empezamos también a darnos cuenta de otra cuestión que para mí es fundamental mencionar y es la precarización de la salud mental en el contexto colombiano. Eso significa que resultó evidente algo que siempre ha estado y es, particularmente, la fragilidad del sistema de salud frente a la situación de la salud mental. En ese sentido vemos las dificultades del acceso y las barreras en los sistemas de salud, el desconocimiento por parte de las autoridades sobre aspectos vinculados con esa situación. El tema del suicidio empieza a aparecer como un elemento que se debe considerar.

¿La salud mental no ha sido un tema prioritario en nuestro sistema de salud?

El problema de la salud mental en el sistema de salud colombiano radica, básicamente, en varias cuestiones. Entre ellas, una marcada limitación en términos de los recursos que existen para la atención de las personas, lo que se evidencia en un notorio desfinanciamiento y en la dificultad para el acceso a los servicios de salud mental y algunas comprensiones basadas en las dinámicas de mercado sobre la salud mental. Si bien el tema de salud mental suele mencionarse mucho, cuando miramos de manera efectiva parece ser muy descuidado. Por ejemplo el tema del suicidio, por su espectacularidad, a veces moviliza muchas emociones e inquietudes en el contexto social pero lo que nos damos cuenta es que en ocasiones nos quedamos solo con el impacto de los suicidios, que es lo más notorio, pero se nos pierden de vista otras situaciones en términos de la salud mental. Incluso también se empieza a investigar mucho sobre el estado de salud mental de los propios prestadores de los servicios y vemos como la precarización laboral tiene indicencia significativa sobre las personas que nos encargamos de la salud mental.

¿Cuáles son los principales mitos que se han construido alrededor del suicidio?

Voy a precisar algunos que me parece pueden ser importantes. El primero de ellos es que las personas que se suicidan no lo dicen o no avisan. Este punto ha sido debatido ampliamente porque en efecto se ha observado como las personas que se suicidan han tenido algunas manifestaciones conductuales, emocionales y afectivas específicas, pero hay unos signos. Si embargo, la dificultad que observamos es que al no estar entrenados frente a este problemática y al no tener cierta sensibilidad frente al tema muchas de estas señales pasan desapercibidas. Este mito tiene unas consecuencias muy nefastas porque efectivamente las personas que se han suicidado o que lo intentan generan modos de comunicación.

¿Se puede o se debe considerar al suicidad un enfermo mental?

Hay otro mito que tiene que ver con la idea de las personas que todo suicida es un enfermo mental. Esta es una observación que es muy limitada, si bien sabemos que hay personas con algunos padecimientos mentales que debido a sus características recurren al suicidio vemos que también hay otras que no tienen necesariamente un historial de alguna enfermedad o un trastorno mental pero se suicidan. Esto demuestra que es muy importante rebatir este mito que lo que genera es estigmatización sobre las personas que están sufriendo y piensan en el suicidio, porque no solamente es la carga afectiva del sufrimiento y de querer terminar con la propia vida, sino también sobrellevar con la carga o el estigma que socialmente se ha construido alrededor de la enfermedad mental.

¿Se debe o no se debe hablar sobre el suicidio?

Ese es un tema que es importante considerar, por cuanto se dice que hablar sobre el suicidio puede fomentar el suicidio. Este es un mito bien peligroso por cuanto lo que hace es afirmar la idea del suicidio como un tabú. Quizás uno de los grandes problemas que estamos observando, sobre todo en nuestro contexto, es que el suicidio se convierte en un tabú o en espectáculo, pero no hemos tomado la determinación de hablar abiertamente de suicidio sin caer en reduccionismos en términos de que el suicida es un cobarde o un valiente. En ese sentido hablar sobre el suicidio es fundamental porque genera una visibilización sobre un tema y lo que genera es una movilización tanto de los grupos sociales y de los encargados de las políticas vinculadas con la salud mental para promover el reconocimiento de un tema que afecta a un grupo amplio de la población, pero que ha sido sistemáticamente invisibilizado.

¿Es posible prevenir ese tipo de situaciones?

Hay un mito que me parece que es grave que se considere y es aquel que plantea que solamente los profesionales en medicina, psiquiatría y psicología pueden ser los encargados de la prevención del suicidio. Este tema y en general el de la salud mental cada vez va mostrando una cuestión que es clave: si bien hay expertos estos campos, la prevención solamente es posible si se amplía a grupos poblacionales mucho más amplios. Es decir, la responsabilidad no depende solo de los expertos sino que vamos observando la necesidad de vincular a otros actores, como los medios de comunicación, los grupos vinculados con prácticas religiosas o deportivas, es decir todos aquellos que se puedan convertir en redes de apoyo para las personas que en algún momento estén pensando en la muerte. Por ese motivo es muy importante que pensemos en la posibilidad de dejar de considerar que el tema del suicidio solo les compete a los expertos en salud mental y no lo consideremos como una situación que nos atraviesa socialmente.

¿Es una equivocación reducir esto a decir que el suicida es un cobarde o es un valiente?

No es tanto una equivocación, es una trampa de los mitos que construimos. El suicida no es ni valiente ni cobarde, es una persona que simplemente ha tomado una decisión en relación con su vida por ciertas situaciones, quizás, vinculadas con el sufrimiento. Así que unir la marca de valentía o cobardía, en últimas son dos caras de la misma moneda y es el prejuicio que existe sobre el suicida. Y la falta de interés y el temor que produce querer conocer más sobre este tema. Entonces en ese sentido encasillar a las personas, bien sea en la cobardía o en la valentía, siempre es una limitación.

¿En el ámbito familiar, qué hacer frente a una situación de éstas?

Actualmente la prevención se está pensando desde muchas perspectivas. Yo voy a proponer tres niveles: 1o. Un nivel del orden gubernamental, es decir ciertas prácticas desde el Estado que posibiliten la prevención, la prontitud del servicio, estrategias de reducción de barreras en el acceso a la atención rápida y oportuna, dado que en muchos casos las personas tienen que pasar por todo un aparateje burocrático para poder recibir atención oportuna. 2o. El nivel de las instituciones que si bien no dependen directamente del campo de la salud son fundamentales en la vida de las personas como son las instituciones educativas, los espacios laborales y otras organizaciones. 3o. El nivel familiar porque la familia siempre es un espacio fundamental para cualquier práctica de salud mental. Allí es importante hablar de ste tema y que se generen unas prácticas que contribuyan a la mejoría de la salud. Lo que observamos es la dificultad que existe en las familias para comunicar libremente los sentimientos, existen muchos prejuicios sobre el sufrimiento y por eso muchas familias se convierten en los lugares más agresivos u hostiles para expresar el sufrimiento o la tristeza. Por último, la prevención no es posible pensarla sin la articulación de estos tres niveles.

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