¿Se le debe cambiar el nombre a la Belálcazar?

Una  manifestación de protesta que protagonizaban integranes de la comunidad indígena Misak del Cauca terminó ayer con la destrucción del monumento a Sebastián de Belálcazar localizado en el morro de Tulcán en Popayán. En un comunicado expedido por el Movimiento Autoridades Indígenas del Suroccidente se afirma que señala que a Belalcázar se le realizó un juicio histórico y se le condena por genocidio, despojo y acaparamiento de tierras; desaparición física de los pueblos que hacían parte de la Confederación Pubenence, tortura por medio de técnicas de empalamiento y ataques con perros asesinos a los pueblos guerreros Misak Pubenences y los asesinatos de Taita Payan, Taita Calamba y Taita Yasguen. “Este juicio lo enmarcamos dentro de un compromiso que tienen frente a la memoria colectiva de su sangre. Razón por la cual, están convocados a reescribir la historia, liberándose de toda huella producto de la colonialidad del saber. Declaramos que la estatua erigida desde la década de los 30, cuando Popayán conmemoró 400 años de la derrota de nuestros pueblos indígenas por la bota española genocida, hace parte de la violencia simbólica que nos ha oprimido y nos ha puesto en un lugar de olvido”, puntualizaron. Esa situación piso de nuevo sobre el tapete una vieja iniciativa, la de cambiarle el nombre de la Avenida Belálcazar de Pereira, la cual fue terminada en diciembre del 2003 durante el mandato de la Alcaldesa Martha Elena Bedoya Rendón. En Pereira pocos parecen recordar en virtud de qué acuerdo se bautizó esta vía con el nombre de quien fue el autor de la muerte del mariscal Jorge Robledo, responsable de la primera fundación de Pereira. Sobre Belálcazar, un controvertido personaje, consultamos la opinión de dos reconocidos historiadores.

Un incomprendido

Para Walter Benavides esa acción es el fruto de la ignorancia y del desconocimiento del aporte que Belálcazar le hizo al país, en especial al occidente colombiano, y aseguró que la rebeldía injustificada lleva a muchos, en forma equivocada, a pensar que derrumbando una estatua de borra la historia.

“Se le ha tratado de genocida, de asesino y toda clase de adjetivos, pero se niegan a reconocer que Belálcazar fue el primero que llegó a este territorio, que fue un emprendedor, que fundó ciudades, que organizó la tenencia de la tierra y de los hombres por mandato de la Corona Española”, anota el investigador. En efecto, a quien se le reconocía como El Adelantado se le atribuye la fundación de Quito y Guayaquil en Ecuador, Pasto, Popayán y Cali en Colombia, entre otras muchas ciudades en un periplo de 18 años.

Benavides reconoce que Belalcázar y Robledo eran dos personalidades muy distintas. El primero era de Madrid, conservador, católico, servidor del Rey, mientras que el  segundo, que estaba bajo sus órdenes, era andaluz, descomplicado, fiestero y amante de la rumba. Y el conflicto entre los dos estalló por la decisión de Robledo, fundador de Anserma y de Cartago (la antigua Pereira) de reclamar este territorio lo cual fue visto con muy malos ojos por Belálcazar. Esto llevó a que El Adelantado diera muerta a Robledo, lo cual le valió un juicio y se vino a morir a Cartagena.

Los lados de la historia

Para el historiador Andrés Carrero, Belálcazar hacía parte de aquellos mercenarios que España envió a la conquista de América y, como en toda conquista, éste propósito se logró no precisamente hablando con los ocupantes del territorio sino matándolos.

“La lectura tradicional en nuestros país es ver en estas figuras a hombres emprendedores, que se metieron en la selva, que la fueron tumbando para abrir caminos y constuir ciudades. En el caso de Belalcázar, la historia que más ha pesado es la del gallardo, el conquistador, el que fundó ciudades y no se puede negar su habilidad para hacer este tipo de cosas. Pero no hay que desconocer la otra parte y es que este tipo de acciones se hicieron utilizando estrategias macabras como torturar y matar personas y violar mujeres”.

Reconoce Carrero que “hoy estamos asitiendo a una relectura, a una redigitación de la historia, con la diferencia de que los grupos  sociales que tradicionalmente han sido vulnerables hoy tienen la capacidad argumentativa para exponer una posición con el peso académico que lo tuvo en su debido momento la historia institucional que es la de los militares y los grandes héroes. Hoy las poblaciones indígenas y afros hablan con el mismo poder y capacidad argumentativa como tradicionalmente lo han hecho las poblaciones blancas y mestizas, lo que nos permite abrir la discusión sobre la vigencia o no de una imagen de un referente histórico”.

Por último reconoce que en una ciudad como Popayán, donde blancos y mestizos son minoría, los indígenas y los afros no se sienten identificados con los monumentos que se han eregido en la ciudad y que simbolizan a personas que en su momento participaron como victimarios, caso Sebastián de Belálcazar.

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