Abnegación es la palabra que la gran mayoría de madres comparte y no podía ser de otra manera con la mamá de la apneista Sofía Gómez, doña Mónica Uribe Cuartas, quien fue la escogida este día de las madres, para el homenaje a todas las demás.
Mónica Uribe es una colombiana en todo el sentido de la palabra, tiene un pedacito de región en su historia, sus padres valluno y risaraldense, ella samaria, pero vino a Pereira a terminar el bachillerato en Los Corazones y luego se fue a Manizales, en donde se graduó como delineante de Arquitectura e Ingeniería de la Universidad Católica y se casó con un señor de esa ciudad, por eso habla con un suave acento costero impregnado de paisa. También es mamá de Paulina, su hija mayor.
M a m á
Cuando los hijos se enfrentan a lo desconocido y a los peligros, el corazón de una mamá late muy rápido, cuando ese mundo peligroso y algo desconocido para muchos, son las profundidades de los océanos, el corazón puede llegar a detenerse en esos segundos que parecen horas, antes de ver emerger triunfante a la joven que un día muy pequeña, siguió a su hermana cuando dijo y señaló que quería nadar eso (con aletas), porque a la piscina normal ya le había sacado todo el provecho, pero desconocía que señalaba también un destino para su hermanita.
Ese pedazo del corazón que camina fuera de una madre, que al principio es apenas una pequeña extensión de la vida misma, se acompaña sin dudar hasta ayudarlo a conquistar, la cima o como en este caso, la profundidad. Ahora sí, hablemos de las hijas. “Mi hija mayor es psicóloga, nadadora también, las dos fueron nadadoras de aletas desde muy pequeñitas. Paulina ganó campeonatos y fue muy buena deportista, hasta que tomó el rumbo profesional que tiene ahora, porque del deporte no se puede vivir”.
Los inicios
¿Quién les dio ese impulso así tan pequeñas? “Fue una invitación de unas amiguitas, para ir a la piscina los sábados, después Paulina hizo natación clásica con técnica y Sofía nado sincronizado. Lo que sí les dije fue que lo que escogieran, no me podían decir a los 15 días que no querían volver, que era en serio. Después pasaron a un club y allá nos tocaba todos los días de 2:00 a 6:00 p. m., pero tampoco podían descuidar el colegio”. Hubo un tiempo, comenta doña Mónica, en que llegaron a levantarse a las 3:00 de la mañana, para entrenar de 4:00 a 6:00 y luego arreglarse para ir al colegio. “Pasó el tiempo y nos fuimos seis meses para Bogotá, porque en Cundinamarca dijeron que la iban a apoyar pero eso nunca apareció”.
Constancia
Después llamaron a doña Mónica de Indeportes Antioquia. “Me dijeron que le iban a dar donde vivir, a pagar la universidad y lo decidimos, nos fuimos a entrevista con el gerente de Indeportes, ahí empezó Sofía a nadar con Antioquia. Un día el entrenador les dijo que hicieran 100 metros por debajo del agua, Sofía los hizo y él le dijo que tenía capacidad para la apnea y ella le preguntó qué era. Llamé a un conocido en Santa Marta que hace apnea y la invitó a que algún día hiciera apnea no de piscina sino de profundidad y la primera profundidad que hizo creo que fue de 40 metros, sin haber entrenado, ahí empezó. Se fue al primer campeonato sin apoyo, un panamericano, ella pagó todo y fue el primero que ganó. Ya consiguió entrenadores y se encausó en eso”.
“Una vez ella bajó, yo la estaba viendo en vivo, salió y le dio un blackout (se apagó) por falta de oxígeno, al segundo me llamó y me dijo ‘mamá estoy bien’. se le cayó el testigo, se devolvió y eso no lo pueden hacer. Dije, nunca más vuelvo a ver un en vivo”.
Doña Mónica piensa que los niños necesitan algo que hacer, diferente al colegio y que ser deportistas les ayuda mucho, les traza un norte.



