“Cartografías de la espera” es el nombre de la exposición que abrió la artista visual, literata y fotógrafa Sofía Gaviria Grisales en el Museo de Arte de Pereira, en la cual relata gráficamente el drama de las migraciones ilegales entre África y Europa. El proyecto nació de una imagen impactante de hombres que trataban de ingresar a Europa y quedaban atrapados en la inmensa valla que separa el territorio español de Marruecos. Muchos de ellos permanecían hasta ocho horas sostenidos precariamente en el extremo superior de la valla, en donde a pesar de ello mantenían una postura erguida y digna, sin que nadie los socorriera. Sofía Gaviria, quien se define como una contadora de historias que desafían la historia oficial, es graduada en literatura en la Universidad de los Andres y tiene una maestría en Fotografía, Arte y Técnica de la Universidad Politécnica de Valencia (España) y actualmente se desempeña como docente de la Universidad Pedagógica de Bogotá.
Descríbanos la obra que trae a Pereira…
Este proyecto nació a partir de mi interés en el tema de la migración ilegal que ocurre en el continente africano, protagonizado por personas que huyen de diferentes problemáticas como guerras o conflictos económicos en sus países, los cuales intentan cruzar la frontera para acceder a la Unión Europea. El proyecto “Cartografía de la Espera” se sitúa en una ciudad española ubicada en territorio marroquí, llamada Melilla, la cual está bordeada por unas vallas inmensas para evitar que la gente atraviese la frontera para pedir asilo…
¿Es una especie de muro de Trump?
Hicieron como un muro de Trump ahí. Y a mí me llamó mucho la atención la imagen, justamente, de los migrantes colgando de esta valla, horas y horas, hasta ocho horas. Eso aparecía en los noticieros y que nadie iba a socorrerlos o a bajarlos. A mí me impactó mucho esa imagen estando en España que es supuestamente un país democrático y todo eso. Así que decidí situar mi proyecto de investigación allí. Lo que yo hice fue desplazarme hasta allá, hice dos viajes distintos y en uno de ellos interrogué a las personas que estaban en la estancia Centro Temporal de Inmigrantes, el CETI de Melilla, que ya habían logrado pasar. Muchos de ellos, realmente, no pasan por encima del muro sino que pagaban sobornos o pasaban de otras maneras. Intenté hablar con ellos, porque en verdad la mayoría hablaba francés – árabe y otros idiomas, para pedirles que me narraran su historia, su relato de viaje y me dibujaran como una cartografía del territorio y de lo que había significado para ellos su viaje.
¿En dónde ha estado expuesta esta obra?
Ese es el proyecto y lo que yo hice fue una especie de libro narrando la historia de mi encuentro con cada uno. Y el resultado expositivo fue esta obra que podrán ver acá en el Museo de Arte de Pereira. Esta exposición la presenté como proyecto de grado de la maestría en Valencia (España) y también en una exposición colectiva que hicimos en Barcelona, cuya temática era sobre territorio, migración y memoria.
¿Cuál es, si se puede decir así, el mensaje central de la cartografía?
Si tiene un contenido político o un mensaje, pero realmente a mí lo que me interesa es generar la inquietud en las personas y que ellas saquen su propia conclusión. A lo que me refiero con esto es no decir: eso es bueno o es malo o sesgar la opinión de las personas, pero sí abrir el espacio de discusión. Y decir: bueno, es una problemática que está ocurriendo, qué está pasando y qué se debe hacer y que es una realidad.
En Colombia no tenemos ese tipo de muros pero sí un mayúsculo desplazamiento interno. ¿Cómo equipara esas dos situaciones?
Yo pienso que aquí es muy relevante exponer este proyecto, justamente por lo que está pasando a nivel de desplazamiento interno y también por el desplazamiento de venezolanos hacia Colombia. Creo que es clave abrir el debate y que la sociedad abra los ojos y diga: bueno, esto está pasando en el país. Así como continúa ocurriendo en el mundo en muchísimos países.
Este fue su trabajo de tesis de la maestría. ¿Cómo fue recibida en la Universidad?
Yo me saqué un nueve sobre diez, me fue muy bien, tuvo muy buena acogida.
¿Este trabajo va camino de convertirse en un libro?
Digamos que yo tengo una publicación informal del libro de artista, pero no está publicado formalmente. Si me gustaría publicarlo, pero esto fue como un proyecto de grado que entregué, pero en ese momento no lo edité como un libro.
Usted es artista visual, fotógrafa profesional y literata. ¿Qué tanto tiene de cada una de ellas?
Realmente a nivel laboral yo trabajo en comunicaciones, porque es la manera como se puede aplicar laboralmente lo que yo hago, porque vivir del arte es muy complicado. Pero lo que más me interesa en este momento a nivel personal es la fotografía, pero siempre acompañada de la escritura, nunca las concibo separadas. Para mi, una cosa siempre va con la otra. No es solo hacer fotos bonitas sino pensar: qué concepto hay detrás, qué quiero mostrar, qué quiero presentar.
¿Ya ha realizado otros trabajos de esta naturaleza?
Mi enfoque siempre ha sido más en el terreno editorial. Yo he hecho de todo: fui profesora de yoga, he trabajado en el área de las comunicaciones, en el campo o solo como fotógrafa. Un poco así, de todo.
¿Qué viene ahora? ¿Cuáles son sus proyectos?
Yo tengo un proyecto, que no sé si está finalizado o no, pero yo lo continuo. A mí me encantaría continuarlo, es como un paralelo entre la cultura del occidente africano y la afrocolombiana del Caribe, específicamente. Me falta recorrer el Pacífico. Hice un primer viaje a Burkina Faso que fue muy interesante porque saqué un montón de fotografías allá, y a raíz de eso me presenté a una beca del Ministerio de Cultura para exponerlo en Cartagena, en Palenque y en comunidades afrocolombianas que tiene su origen en la cultural africana. Y estando en esos lugares hice nuevas fotos de esta zona y con base en este paralelo hice un proyecto de diálogo de las dos culturas y lo presenté a Idartes (Instituto Distrital de las Artes) para volver a viajar a África. Allá presenté este diálogo en Burkina Faso y luego fue a Mali. Es como un viaje de todo el material de África hacia el caribe y luego llevar el del Caribe allá.
¿Este paralelo cultural qué recorrido ha realizado?
La convocatoria que obtuve fue de circulación artística para exponerlo allí, fue muy interesante el viaje porque hice nuevos contactos y me invitaron a hacer una residencia artística en Segú, Mali. Casualmente participé allá en una residencia de mujeres africanas, aunque no era africana, y expuse en la Feria de Arte con el tema abordado por cada una de las participantes del proyecto. Este proyecto planeo continuarlo, porque igual en Colombia hay mucha riqueza cultural y quisiera seguir viajando por el Pacífico. Las dos culturas afrocolombianas, del Caribe y del Pacífico, son súper distintas. Incluso creo que tiene más similitud la cultura de Burkina Fasso y de Mali en algunas aspectos con la del Pacífico, por ejemplo en la música las raíces son más parecidas.



