La palabra crisol tiene varios significados: puede ser un recipiente para fundir o depurar a temperatura muy elevada. También la mezcla de elementos diversos, como son las ideas, las culturas y las religiones, y guarda relación con las buenas costumbres.
Eso y más ha sido la Fundación Crisol en las Colonias de Galicia, en donde el pasado 21 de enero cumplieron 16 años de acompañamiento educativo y psicosocial a las familias que en en un principio eran 80 y de las cuales provenían los 25 niños entre los 4 y 5 años con los que empezaron un hogar infantil no formal la maestra de preescolar Ana María Duque y su esposo César Valencia. “Nos dimos cuenta que el trabajo debía ser a la par con las familias, porque sino se perdía el trabajo con los niños”.

Crisol fundió el dolor, la rabia, el desarraigo y la desesperanza de los desplazados del Conflicto interno colombiano y depuró a las víctimas en nuevas personas para la sociedad, ellos ya no son desplazados, son padres, profesionales y lo más importante, soñadores. En las Colonias hay un pedazo de cada parte de Colombia, se han mezclado sin importar el lugar de procedencia y sin religión dominante pero con espiritualidad educan y guían en el amor a las nuevas generaciones.
¿Por qué será que Colombia tiene la mágica cualidad de tener las más bellas historias en lo invisible de la selva o las montañas? Conocer tan solo a tres mujeres para esta nota, fue descubrir la riqueza y el valor de los colombianos, es poder darle un rostro a las segundas oportunidades y entender que lo único que este país necesita es trabajo colaborativo para aplicar lo que ya está escrito y poco se cumple.
La historia de las Marleny
La guerra en Colombia arreciaba para finales de la década de los años 90, los desplazados, como se ve en los noticieros nacionales del presente, se contaban por miles que huían en cualquier medio de transporte o caminando, lo importante era salvar la vida. En esa oleada, desde Antioquia llegó a Pereira, Marleny López, quien para el momento de la entrevista estaba en reunión de profesores por semana de trabajo institucional en la escuela Re+creo, cuyo lema es ‘Para aprender a vivir bonito’.

“Mi familia y yo llegamos a la comunidad de Galicia en 1999, después de mucho tiempo y falta de reconocimiento por parte del Estado como desplazados, eso hizo que en nosotros creciera más la revictimización. A mi papá, un campesino, le pareció muy difícil esta vida de la ciudad, empezó a enfermarse y a los tres meses se murió, entonces mi hermano y yo que éramos los mayores, tuvimos que empezar a responder por mi mamá y dos hermanos menores, nos olvidamos de estudiar y de todo, luego a mi hermano se lo llevaron para prestar el Servicio y quedé yo sola con la responsabilidad”.
La situación para la familia López era pagar arriendo o comer. Un día, después de tanto sufrir, escucharon decir que estaban invadiendo el terreno que hoy se denomina las Colonias y como no tenían casa, se metieron en lo que para ese tiempo era solo vegetación pero que significaba mejorar las condiciones de vida.
“Yo era una mujer totalmente víctima, revíctima, resentida con la sociedad, con el gobierno, con la vida, por qué a mí ¡Dios mío! Estaba ya tan cansada, que la manera como había aprendido a solucionar los conflictos era peleando literalmente, no me la dejaba montar de nadie y me agarraba con todo el mundo. Nadie sabía de dónde veníamos ni lo que nos había tocado vivir para que nos siguieran humillando y esto era un campo de guerra entre vecinos, todos con dolores”.
“El amor y la educación son elementos transformadores de la sociedad”.
Para 2008, llegó una agencia de cooperación internacional a hacer un trabajo de campo, de esos que solo duran 10 meses y que a pesar de que den resultado se tienen que ir. En ese proyecto llegaron Ana y César, ellos no se fueron y crearon un sueño llamado Crisol.
“Yo ya era la mamá de tres hijas, como todas las de acá, sin sueños, nunca se me pasó por la cabeza algo distinto a ser la mujer sumisa de un hombre, que era lo que me había enseñado mi mamá. Yo tenía un pedacito de casita construida en material con pisito y les dije: bueno Crisol acá puede ser el salón de los niños, yo les hago la comida. Eso fue el 21 de enero de 2009. Empecé a conectar con mis sueños a través del ejemplo, veía a la maestra Ana María, que con todo su amor hacía transformación”.
Los esposos Valencia Duque, le mostraron a Marleny todos los valores y virtudes que tenía y no dejaba salir. Así fue como la impulsaron a realizar el bachillerato en la nocturna de Galicia y después le consiguieron una beca para hacer la Licenciatura en Pedagogía infantil de Uniminuto. Marleny fue la primera de un grupo de 12 mujeres que se profesionalizaron y entre las que se cuentan una abogada, una veterinaria, dos psicólogas, tres pedagogas, una contadora y una administradora de empresas por medio de las becas que gestionó la Fundación Crisol, hoy están vinculadas a Re+creo y se les paga su salario legal.
La otra Marleny (Urrego), a quien los compañeros referencian como la megapsicóloga, explicó en dónde radica lo que transmite a través de su profesión. “Era como todas aquí, una mamá más, pero empecé a descubrir que no tenía autoestima ni control de mis rencores y odios, por ende lo reflejaba con las personas que me rodeaban y ante mis hijas. Empecé a trabajar en mí por medio del amor y empecé a valorarme, a descubrir, tuve que empezar a estudiar la primaria porque no la tenía, luego la secundaria, trabajé con Crisol, apareció un padrino para estudiar una carrera, pero no sabía cuál por mi falta de sueños”.

Marleny Urrego era la que preparaba los alimentos en el restaurante, allí llegaban las otras a contar sus situaciones y ella las escuchaba, les aportaba desde lo que ella ya había transformado un poco, ahí se dio cuenta que era la Psicología. Así surgió la Marleny profesional que tiene toda la disposición del mundo, porque fue la carrera la que la eligió a ella y no al contrario, como asegura.
La directora que necesitaban
Por esas cosas raras de la vida, esta escuela tiene como directora una mujer que contrario a las demás tuvo todas las ventajas para estudiar todo lo que quiso, tiene una maestría tras otra y se enamoró de este proyecto de una manera tal, que abandonó toda su otra vida de honores académicos para timonear el barco que navega milagrosamente en las Colonias, se trata de Irma Lucía Serna. “Cuando empecé a venir, llegué por un proceso de investigación que realizaba la Universidad de Manizales y el Cinde en el que preguntábamos por las narraciones de niñas y niños víctimas de la violencia. Estuve en muchísimos espacios en el eje cafetero, Medellín y Bogotá. Aquí me hizo quedar el amor, porque cuando les preguntamos ¿qué hacemos cuando llega la violencia? Ellos respondieron: ‘los abrazamos y les damos un beso porque no queremos violencia’, eso me derritió y entendí que aquí se hacían las cosas distintas”.
Cifra
60 niños conforman Re+creo, cuya primera promoción va en cuarto de primaria.



