Una verdadera mujer que progresa

Esta es la historia de la lucha de una madre que apoya más de 40 sueños en la vulnerabilidad.

Mayerlín Hernández Pinilla es auxiliar de Enfermería y madre de cuatro hijos, dos de ellos tienen discapacidad, situación que la llevó a volverse una experta en lidiar con el sistema de salud, en gestionar y no dudó en  convertir su propia casa en un lugar de apoyo vital para 40 niños y niñas, que la visitan cada sábado, a esta cifra hay que sumar cuatro adultos postrados en cama de su comunidad, a quienes visita y les realiza terapia física y acompañamiento.

Progresar

Esta historia comenzó en una invasión cerca a la quebrada que pasa en la parte posterior al barrio Santa Isabel, donde una Mayerlín de 17 años y embarazada, recogía pedazos de tabla y plástico para construir su hogar, acompañada por otra niña a la que crió.

Su labor, nacida de la necesidad y la frustración ante la escasez de ayudas, fue recientemente reconocida con el premio Mujer Progreso en la categoría cuidadora, una distinción que subraya un esfuerzo llevado a cabo sin apoyo gubernamental ni entidades oficiales.

Reconocimiento

Mayerlin no tenía intención de postularse al premio Mujer Progreso. Su visita a la Secretaría de Desarrollo Social y Político tenía otro objetivo: averiguar sobre certificados para madres cuidadoras. Sin embargo, en aquella oficina la impulsaron y la direccionaron a la Oficina de la Mujer, porque conocían la labor que realizaba y le propusieron postularse de inmediato.

El proceso de postulación requirió conseguir cartas de recomendación y presentar un vasto acervo de evidencias, incluyendo fotos, videos y cartas que explicaran todo el trabajo realizado y las aspiraciones del proyecto. Tras el reconocimiento, recibió la placa, unas flores que le encantaron, una ayuda económica y un kit que contenía tenis, medias, un buzo y aretes.

Trabajo duro

Aunque es auxiliar de Enfermería, no se desempeña como tal, su trabajo es en los colegios de Dosquebradas, es la encargada del mantenimiento en algunas sedes. La historia como cuidadora se inició hace aproximadamente cinco años, tras el nacimiento de sus hijos con discapacidades.

Esta imagen corresponde a la Navidad de 2024.

Para Mayerlín, la palabra inclusión no debería existir, se pregunta ¿por qué incluirlos si ellos ya hacen parte de la sociedad? Es más bien una sociedad excluyente que no piensa en que debe llegar el transporte público hacia los Multifamiliares San Marcos en Villa Carola, en donde además hay nueve casas, una de ellas, la suya. Se las entregaron a familias que tuvieran una persona con discapacidad entre sus integrantes. “No piensan lo duro que es sacar un niño por estas calles destapadas y eso cuando tienen silla de ruedas, a muchos hay que cargarlos”.

Su experiencia personal incluye un niño con autismo y a su hija, María Victoria, quien nació prematura extrema, inicialmente le dijeron que la niña no sobreviviría, logró salir adelante con la ayuda de Dios, pero con múltiples y graves diagnósticos, incluyendo hipoacusia, hemiparesia y problemas cardíacos. Ante esta realidad y la dificultad de llevar a sus hijos a terapias, Mayerlín comenzó a buscar apoyos, y rápidamente se percató de que en su sector también había una gran concentración de niños con discapacidad.

Un caso ejemplifica las trabas: una persona adulta requería un neurólogo, pero la EPS negó la remisión alegando que se trataba de una subespecialidad y que no podía ser solicitada por un médico general, que debían pasar por el internista, cuando lo lograron este médico les dijo que no había neurólogo porque sin pagos no había convenio.

Mayerlín organiza rifas y visita los centros comerciales buscando personas que deseen apadrinar la alimentación de un niño o donarle un detalle, esperando que más gente se una a la causa. La fragilidad del equipamiento en su casa es evidente, porque los niños son inquietos y en medio de la discapacidad son fuertes en sus maneras.

Sábados de resiliencia

La gestión comunitaria de Mayerlín empezó en su casa, donde no se limita a la discapacidad, atiende también a niños vulnerables al maltrato, la desnutrición y situaciones fuertes en su entorno familiar. “Muchas veces nos vamos para el salón social de los multifamiliares, allá hacemos actividades como manualidades, también aprendemos con las mamás a realizar algún emprendimiento que les permita tener una entrada económica (aprendemos a hacer velas y flores eternas). Además de mantenerlos entretenidos, se les brinda el desayuno o el almuerzo y refrigerio.

Si un niño necesita una silla, ella va y la gestiona. Llama a la Supersalud si faltan pañales, medicamentos o alimento especializado, busca la manera de conseguirles un mercado.

“No he podido legalizar mi fundación, porque me exigieron un contador y contratar uno cuesta mucho dinero”.

Hace poco la operaron de la columna y eso le impidió gestionar los regalos para esta Navidad, solo tienen una actividad decembrina para este sábado 20.

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