Una vida llena de pintura y energía

La primera entrevista a Jesús Calle, fue hace más de 15 años, en aquel tiempo la inexperiencia periodística no permitió dar mayor cuenta del personaje, esa era una deuda que tenía con la profesión, con el artista y conmigo misma. Esta es la ocasión para hacer el trabajo bien hecho, conversar y mostrar el ser humano detrás del artista.

En el comienzo

‘El que algo quiere, algo le cuesta’, dicen por ahí y eso lo entendió a temprana edad el maestro Jesús Calle. La vida le tenía abonado el terreno para que fuera un campesino más de Colombia, pero había algo en él que le decía lo contrario, además del placer que sentía al pintar, su mamá también hacía otro impulsando ese sentimiento. Por eso cuando su padre salía por el mercado él no dudaba en encargar el periódico, porque junto a los libros de Julio Verne, le daban el tiquete al mundo posible y al mundo de la imaginación. Gracias a radio Sutatenza hizo otro tanto y le ayudó a muchas personas de su vereda a aprender a leer y escribir. Así, por medio de un anuncio estudió dibujo a distancia y se graduó con honores.

Pero entre todos esos mundos que hallaba posibles nunca pensó en Pereira, sin saber que esta ciudad al que quiere tener aquí, lo manda a traer. Fue así como una monjita benedictina de Belén de Umbría, se trajo un cuadro que había pintado en 1977, y al recibir una visita, le preguntaron quién era el artista y ella no dudó en responder que un muchacho llamado Jesús que no había estudiado artes, inmediatamente le dijeron que ellos podían darle una beca para Bellas Artes.

Esta fotografía es del canadiense Dominique Lafleur.

“Eso de la beca finalmente no resultó, pero ya estaba aquí y tenía la posibilidad de estudiar, y si en otro tiempo una ramita de café que pinté, me la pagaron mejor que una carga de café a mi papá y me dio para ayudar en la casa, ¿por qué iba a ser diferente en Pereira? Pero a los 15 días lloraba en El Lago, ‘yo por qué me vine’, tenía 21 años, había una canción que sonaba en la caseta del Lago y como no conocía a nadie, me ponía a llorar. Me traje tres cuadros y andaba con dos, todos me preguntaban cuánto vale ese cuadro, vale $2000, $1500, vale $800, eso es lo más tenaz del mundo, entonces a las 9:00 de la noche vendí uno en $400”.

Como en la piecita a la que llegó en la 20 con carrera segunda, no tenía caballete, ni nada parecido, colgó la tela de la puerta con chinches y pintó un corazón de Jesús, porque todo el mundo quería tener uno en la sala, ahora había que encontrar dónde exhibirlo, quería la vitrina más bonita y se fue por toda la octava, la encontró enseguida del LEY, la del señor Juan Antonio Mejía, se presentó, le dijo que estudiaba en Bellas Artes y que le dejara poner ahí el corazón de Jesús, no le iba a demeritar la vitrina y la gente se iba a arrimar a mirar, el dueño aceptó y cuando pasó a los tres días no vio el cuadro.

“Entré y le dije: don Juan Antonio, ¿qué pasó con el cuadro? Él dijo ‘ya lo iba a llamar’, abrió la caja fuerte y me entregó un sobrecito con $2.000, yo le iba a dar $300 y me dijo no, traiga más cuadros. Dos mil me costaba el mes en la piecita”.

Hoy por hoy

Aquella vez de la primera entrevista, la cita fue en la casa que servía también de sede a La Cuadra, esta vez llegamos a una bella casa de familia en un barrio de la salida a Armenia, es mitad taller mitad casa, todas sus paredes son un recorrido por sus obras, también hay pequeñas esculturas y al entrar, en vez de sala, un caballete enorme, con un cuadro de gran formato que recién empieza, sobre la mesa del taller pinturas y pinceles, pinturas y pinceles.

Ahora está enfocado en rememorar e inmortalizar montañas, unas, las de su niñez y otras que lo han enamorado. ¿Quién es hoy Jesús Calle? “Un pintor con mucha trayectoria, gracias a la fe ciega de mi madre, porque mi papá decía: muy bonito pero de eso no vas a vivir. Me libré de los oficios del campo en la medida en que empecé a vender. Del arte hay que esperar todo, cuando te entregas al arte con todo, también el arte te da todo, pero cuando hacemos el arte con el interés de vender y hacer dinero, eso no funciona. La vida es extraña”.

El maestro Jesús Calle, jamás pensó en ir a exponer en Estados Unidos o en Europa, lo que le preocupaba era solucionar el día a día. “El arte es una constante, cuando uno está pintando un cuadro, se está imaginando el otro, el otro y el otro, uno siempre va detrás de una imagen especial y que nunca pinta, el que nunca puede atrapar, pero esa utopía de querer alcanzar esa composición, ese color, te permite estar en el oficio, en el hacer”.

¿Entonces ahora detrás de qué está? “Estoy pintando con muchas ganas, con mucha fuerza, tengo la vitalidad y tengo las ganas, más la certeza de lo que quiero hacer, estoy fundiendo en bronce y sigo compartiendo con los alumnos. Este año en septiembre tengo exposición en Bulgaria y el próximo en Austria”.

Sobre la serie esculturas

“Mi búsqueda es la de un arte tranquilo, equilibrado, apacible, sin motivo inquietante o turbador. Estas obras no son resultado del azar, son el resultado de la calma con la que fueron trabajadas. Son la prolongación natural de mis últimas obras. Aquí las mujeres con instrumentos musicales, al aire libre y al arbitrio de su soledad, se liberan del color y de la geometría del lienzo, reencontrándose consigo mismas en la plenitud del bronce”.

Obra: Silencio

“No vivimos del arte, nos morimos del arte”.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -