Voces de la Mujer rural, homenaje a la valentía

La ONU declaró el 15 de octubre, como el Día Internacional de la Mujer rural, Punto Final recorrió ayer las afueras de Impala, para conversar con mujeres que representan la fuerza, la constancia y el espíritu de trabajo del campo colombiano.

Entre productos frescos, madrugadas y sacrificios, tres dignas representantes compartieron sus historias. Este es un pequeño esfuerzo por retratar la dignidad que sostiene la vida campesina. Luz Eneida Carrillo, Meladis Aguirre y Luz Cardona compartieron la dura realidad de sobrevivir con jornadas que inician a la 1 o 2 de la mañana, enfrentando el desplazamiento, la inclemencia del tiempo y los altos costos, mientras luchan por sacar adelante a sus familias y cultivos.

Luz Eneida

La primera parada fue en las afueras de la Plaza, en un improvisado puesto cerca a la esquina, una mujer muy joven tiene bien acomodados sendos paquetes de tomate de aliño, como se le dice por aquí, a $5.000 y otras verduras. Su camiseta me llama la atención: dice amor propio en inglés y qué mejor frase para describir a estas mujeres.

Antes de ella se asoma su timidez o tal vez un poco de desconfianza. Buenos días. ¿Cómo está? Su nombre, por favor. “Mi nombre es Luz Eneida Carrillo”. ¿Cuánto tiempo lleva vendiendo productos aquí en las afueras de Impala? “Hace un año llegué del campo y estoy trabajando acá”. Cuando le pregunto en qué parte de Pereira vive, esquiva la pregunta y mejor me cuenta que a las 2 de la mañana ya está ahí.

¿La recogen en un yip? ¿Cómo es su forma de trabajo? “Sí, nos venimos en el yip y compro algunas cosas acá, otras las traigo de por allá”. Usted también tiene una historia de persecución por problemas de desplazamiento, ¿cómo es este pedazo de su vida? “Pues sí, es algo muy complicado, porque la verdad me ha tocado duro y más que esa gente que me… fue por los lados de La Florida, que me tocó salir de por allá con mis hijos y la verdad me ha tocado duro, Pero bueno, sigo apostándole a la vida y eso”. ¿Está tranquila en este momento? “Sí, aunque es duro, porque aquí uno tiene que mojarse, aguantar el sol y fuera de eso, llegar a la casa, a los quehaceres”. Luz Eneida cuenta que tiene cinco hijos, que tiene 38 años, se acuesta a las 11 de la noche, que nunca ha estudiado y que sus hijos le enseñaron a firmar. ¿Posibilidad de estar en un local? “No señora, muy costoso para mí”.

Meladys

La señora Luz Meladys Aguirre es un capítulo completo, es líder y edilesa de La Bella, pero igual trabaja desde muy temprano en un local frente a Impala, porque se levanta a la 1:30, por eso a las 8:30 de la noche ya está ‘fundida’. Digna representante de la mujer rural, aunque nació en la zona urbana de Pereira decidió vivir en el campo hace 26 años. “Me fui a trabajar al campo porque allá encuentra uno más trabajo, más posibilidades de sobrevivir”. ¿Escogió La Bella por gusto o por casualidad? “Por cosas de la vida fui a dar allá”, ¿y qué cultiva? “Tengo brócolis, hierbas, hortalizas, ruda, perejil, hierbabuena. En el campo nunca va a haber mucho. Uno trabaja y trabaja, y cuando viene acá a vender un manojo grande, tres kilos, le dan dos mil pesitos. ¿Cuántos manojos trae? “20, los vendo y con eso me voy a mi casa. También compro otras cositas y las revendo”.

Meladys comenta que en Impala hay que pagar $30.000 diarios, más la administración, que gracias a Dios su patrón la trae en la volqueta, porque de lo contrario serían $16.000 de transporte diarios más el almuerzo.

¿Cómo están las mujeres de La Bella? “Son muy trabajadoras. Desde las dos de la mañana ya están pelando cebolla, sembrando, cocinando, atendiendo su casa, pero el campo está muy abandonado”. ¿Qué falta? “Que nos pongan más atención. La doctora Nancy en la alcaldía ha trabajado, pero no es suficiente”. Meladys ya tiene a sus cuatro hijos grandes, uno está prestando servicio militar en la Policía y es abuela.

Luz

Al interior de Impala está Luz Cardona, nacida en Pereira pero criada en el Chocó, se reconoce como chocoana, tiene un puesto de chontaduro que ella y su esposo producen en la finca. A las 3:00 a. m. sale desde Cartago y la hora de llegada depende de muchas cosas. “Mi esposo cocina el chontaduro por la noche y cuando me levanto todavía está caliente”.

¿Hasta qué hora trabaja? “Depende de las ventas, a veces termino a las 10, otras al mediodía, luego hay que lavar, limpiar y dejar todo listo para el otro día”. ¿En el Chocó qué hacía? “Estaba en la finca, pero solo hacía lo de la casa, mi esposo y los trabajadores cultivaban”. ¿Es difícil ser productor hoy? “Sí, la economía está dura, todo sube: los insumos, los abonos, los jornales”.

¿Tiene hijos? “Tres”. ¿Quién los cuida? “Mi hija mayor trabaja, el otro también, y al pequeño lo cuida mi mamá”. ¿Qué mensaje deja para las mujeres rurales? “Emprender no es fácil, se necesita voluntad, pero si hay oportunidad de salir adelante, hay que hacerlo. Siempre para adelante”. ¿Qué es más duro, ser emprendedora o mujer rural? “La ciudad es más dura. En el campo la vida es diferente, más tranquila, en la ciudad es más difícil, más con la economía como está”.

“La vida es dura, pero hay que guerrearla. Dios da fuerza. Caerse, pero levantarse y trabajar honradamente”. Meladys

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