La magia y creación de Filomeno Hernández

Germán Ossa

Este artista nuestro, nació en Suaza, Huila, por los años cincuenta. Y digo nuestro, sencillamente, porque vivió muchos años entre nosotros, cuando adolescentes, hablábamos de literatura, cine, cuentos cortos, pintura, tertulias y demás, allá por la calle 18 entre carreras 10 y 11, concretamente en la Casa de la Amistad con los Pueblos, cuando el excelente dibujante y diseñador Jorge Flórez como anfitrión, nos permitía pasar tardes enteras, alrededor de uno o dos o diez tintos, para mirar centenares de revistas, periódicos y publicaciones que llegaban de Cuba y de la República Democrática Alemana, gracias al patrocinio del Dr. Santiago Londoño (que pagaba todo), con quien también, a veces, el diálogo se hacía inolvidable y del cual quedaron muchas y agradables experiencias y conocimientos.

Me parece estar viendo a Filomeno Hernández con su saco negro y su camisa sin cerrar el cuello, su barba completamente negra y sus ojos también negros escondidos sanamente detrás de sus tupidas cejas también negras, pulcro y serio, frente a un puñado de cartulinas y hojas blancas, todas pequeñas, las que acariciaba suavemente con unos pedazos de minas de lápices gruesas, que apretaba con sus yemas, con las que al deslizar sobre las mismas, iba construyendo los más fantásticos de los sueños jamás soñados por artista alguno. No sé si los contertulios hayan hecho como yo, que guardé desde esa época, los años setentas, esos hermosísimos dibujos que nos regaló cuando el afortunado era quien exclamaba calificando la belleza de los mismos.

Un día nos dijo, me voy para Europa y ante el asombro y la incredulidad de algunos, otro día cercano, apareció montado en un barco y fue a parar a España. Luego, por azares y fortuna de la vida, llegó a Suiza, segunda patria que lo ha acogido como se lo merece un extraordinario artista y desde allí, y desde ese entonces, irradia fantasías para todo el mundo y de vez en cuando, nos trae parte de sus sueños.

 

En Galerías importantes de Bogotá, Medellín y Cartagena, por no citar sino unas pocas ciudades, ha mostrado durante décadas, parte de su inteligente trabajo y en estos días de pandemia, virus, incertidumbre, esperanza y terror, un puñado enorme de bellísimas obras suyas, se encuentran embelleciendo una sala de exposiciones del Centro de Comercio Internacional, edificio Davivienda, en Bogotá, invitado por el animador, galerista y gestor cultural Jaime Ruíz, las que están esperando que, cuando mueran todos esos malditos microbios que se inventaron los chinos y que ojalá sea pronto, los amantes de lo bello, lo fantástico, lo incopiable y lo hermoso de este artista nuestro, podamos disfrutar.

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