Amparo Bustamante
Recordando que estamos en pleno aire del Bicentenario de la Independencia de la República de Colombia, deducimos que, de esos doscientos años de la proclamada Libertad, ciento cincuenta y seis le han correspondido a la Pereira de hoy, que frente a esta fiesta que estamos celebrando, solo le restarían 44 años para celebrar que el segundo Centenario de la Villa de Cañarte ha llegado, tocando campanas de fiestas de antaño y de la era moderna. Estamos a un poco más de una generación que naciendo en estas fechas actuales, tararee alegre y gentilmente el emblemático coro:
“Salve al esfuerzo de mis heroicos y buenos hijos que con amor me dieron nombre, me dieron fama, me hicieron grande, me dan honor”.
Y fui creciendo…
Y estamos creciendo con una afluencia e influencia de muchos que nacen, de otros que llegan y de otros que pasan por los caminos de la ciudad, dejando huellas de que el tiempo no borra ni recuerdos, ni imágenes, ni hechos que han marcado estos 156 calendarios.
Al hacer mención del bicentenario que cumple la vida independiente del país, nos queda la gran tarea de realzar en este articulo el significado cívico-social y cultural de dos expresiones que al presente han perdido su calidad representativa de lo que es Patria Chica y Patria Grande.
Volvamos entonces a sentarnos en aquellos pupitres de madera de oloroso Comino, de doble y triple asiento, que había en aquellos salones de clase de vieja data, que tanto respeto inspiraban a chicos y grandes, cuando se hablaban de escuelas y que hoy llevan como prefijos las IE antes del nombre con que fueron designadas, y donde se impartían desde las elementales bases de aritmética, castellano, geografía, historia patria, Ciencias Naturales, hasta las respetadas Religión, Urbanidad, Higiene y Cívica, sin faltar la educación Física o Gimnasia donde el niño estudiante sabía lo que era la Patria Chica y sabia diferenciarla de la Patria Grande.
¿Y qué es la patria chica? Es ese lugar donde vimos por primera vez la luz de un día que marcaba el inicio de la existencia de un ser humano. Es ese terruño que nos recordaba sin gritos ni voces, que un bebe irrumpía con su llanto en ese concierto espacial cubierto de nubes y naturales paisajes, de que era un nuevo habitante de ese pedacito de tierra a la que llamamos nuestra ciudad natal.
Pereira
Y nuestra Patria Chica es la Pereira de solo 156 años, que un día vio llegar a sus terrenos a un grupo de personas buscando un asentamiento de vida, que abarcaba desde las calientes brisas de un Cartago a unas templadas y casi paradisiacas tierras, cuyos sonidos emergían de un recio Otún, río de cauce imponente, caudaloso y bien ruidoso, ya que sus frías aguas descendían con fuerza desde de las altas montañas andinas, donde fueron muchas las pequeñas y medianas urbes diseminadas por estos parajes que son por hoy por hoy las patrias chicas que conforman a Colombia la Patria Grande.
La Colombia del alma que nos reúne bajo un sentimiento nacional de vida constitucional, y nos representa con su capital económico, de riquezas y recursos naturales de grandes proporciones, de posición geográfica sinigual, donde sus gentes construyen a diario con su rutina laboral, administrativa y política la nación como tal y que es observada desde todo ángulo mundial en todas y cada de sus manifestaciones propias de un capital humano Inmarcesible, como lo dice el segundo más hermoso y marcial himno de los países existentes: el colombiano.
La capital
Y nuestra Patria Chica llamada Pereira es la capital de un departamento de catorce bellas estaciones, y es calificada como la Capital del Eje Cafetero, dado su trabajo mancomunado de empresas agroecológicas, industrial de todo género, financieras y de comunicaciones tanto en lo aéreo como en lo terrestre y en la innovación tecnológica.
Pereira es hoy considerada en un rango de alto contenido político-social, de características en multiplicidad de crecimiento urbano y arquitectónico, punto de encuentro de profesionales, de grandes eventos académicos, de disciplinas deportivas, culturales y de entretenimiento variado, que han traído turistas que admiran un paisaje poco común, calificado como patrimonio mundial, y que para asombro de los lectores tuvo sus orígenes en los negocios de la sal, para luego irse transformando con la llegada de los cultivos del cafeto, que le permitió convertir a esta región en una potencia cafetera, que sigue teniendo un peso mayúsculo dentro de la economía de la nación.
Urbanidad
A decir verdad, no podríamos dejar de transcribir en estas líneas lo que el profesor Manuel Antonio Carreño en su obra maestra Manual de Urbanidad, dice acerca de lo que es la Patria en sí:
“Cuanto hay de grande, cuanto hay de sublime, se encuentra compendiado en el dulce nombre de patria”.
Toda extensión de territorio gobernado por las mismas leyes que rigen en este lugar en que hemos nacido, donde formamos con nuestros conciudadanos una gran sociedad de intereses y sentimientos propios de quienes somos: pereiranos de raca mandaca… (adaptación de quien redacta).
Y será comprensible para todos, las Palabras del que murió en la Cruz, como reza la última frase de la primera estrofa de nuestro himno nacional, cuando la capa del viejo hidalgo se rompe para hacer ruana, y reconoce que tenemos los ancestros de Don Quijote y Quimbaya, porque sangre indígena, y de raza negra se funde con la sangre española y de ahí salimos como un prototipo de una estampa difícil de igualar.
Arriba mi Patria Chica Pereira con sentimientos de una Risaralda en marcha en una Colombia grande.
Ambuo. joab56@yahoo.com



