Cuatro búhos vuelven a la noche de Apía
En una de las zonas de conservación del municipio de Apía, la autoridad ambiental de Risaralda, Cárder y el Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre, CRARSI, liberaron cuatro búhos rehabilitados: dos currucutús comunes (Megascops choliba) y dos búhos de anteojos (Pulsatrix perspicillata). El retorno de estas rapaces al bosque no es un gesto simbólico: es una intervención concreta para restaurar procesos ecológicos clave en un paisaje donde la agricultura, los cafetales y los fragmentos de bosque conviven a pocos metros de distancia.
“La rehabilitación busca restablecer en los animales las conductas propias de la especie, para que puedan ser independientes en el hábitat. Si los ven, déjenlos quietos”, explicaron funcionarios durante la jornada, recordando que ante polluelos o individuos que parezcan necesitar ayuda se debe contactar a las líneas de atención de la autoridad ambiental para su valoración y eventual rehabilitación.
¿Por qué importa esta liberación?
Los búhos son depredadores tope del turno nocturno. El currucutú común, de talla pequeña, consume gran cantidad de insectos —incluidas cucarachas— y complementa su dieta con pequeños vertebrados cuando los insectos escasean. El búho de anteojos, de mayor tamaño, se especializa en roedores y otras presas medianas. Una familia puede capturar entre 30 y 40 roedores por noche, un servicio ecosistémico determinante para fincas, cultivos y comunidades cercanas.
Restituir estas interacciones tróficas es esencial en un departamento donde la cobertura boscosa enfrenta presiones históricas. Con aves funcionales, con instintos y habilidades de caza recuperadas en el centro de rehabilitación, las posibilidades de éxito tras la liberación aumentan significativamente.
Dónde viven y cómo se adaptan en Risaralda
Currucutú común (Megascops choliba)
Es el búho pequeño más extendido del país. En Risaralda ocupa bosques húmedos tropicales y montanos, mosaicos rurales, montes secundarios, sabanas, plantaciones e incluso parques y jardines urbanos hasta 2.000 m s. n. m. De día se oculta en cavidades de árboles o en follaje denso; de noche forrajea en arbustales, bordes de camino y claros del bosque. Su plasticidad ecológica explica su buen estado de conservación.
Búho de anteojos (Pulsatrix perspicillata)
Residente desde tierras bajas hasta las estribaciones andinas; en Risaralda se registra en bosques subandinos de la cordillera Occidental y Central, típicamente hasta 1.400 m. Prefiere selvas densas y continuas —como en reservas tipo Otún-Quimbaya—, aunque también usa bosques maduros fragmentados asociados a ríos y quebradas y vegetación secundaria cerrada.
Estado de conservación y amenazas
Ambas especies están clasificadas globalmente como Preocupación Menor (LC). Sin embargo, el contexto local marca diferencias:
Currucutú común: su amplia distribución y tolerancia a ambientes intervenidos reducen riesgos inmediatos. Aun así, la pérdida de árboles viejos limita sitios de anidación y las supersticiones —que los tildan de “mal agüero”— todavía motivan persecución en algunos sectores.
Búho de anteojos: depende más de bosques maduros; por ello, deforestación y fragmentación son su mayor amenaza. Modelaciones a escala neotropical proyectan pérdida de cerca del 20% de su hábitat en próximas décadas por deforestación, lo que subraya la urgencia de corredores biológicos y manejo del paisaje en el Eje Cafetero.
Comportamiento y biología: dos estrategias nocturnas
Currucutú
100% nocturno y discreto; si es molestado, vuela corto y vuelve a ocultarse. Se alimenta sobre todo de insectos grandes y artrópodos; cuando éstos disminuyen, captura ratones, murciélagos, pequeñas serpientes o lagartijas. Su canto —agudo, áspero y rápido, en duetos macho-hembra— ha alimentado mitos, pero es señal territorial y de apareamiento. Nidifica en huecos (naturales o de pájaro carpintero). En Andes, la reproducción inicia hacia octubre; la hembra pone 3–4 huevos (a veces más) e incuba 30 días mientras el macho aporta alimento. Los volantones siguen bajo cuidado parental varias semanas.
Búho de anteojos
Nocturno y crepuscular; pasa el día posado en dosel denso. Caza desde perchas medianas con ataques rápidos al suelo o giros en el aire. Dieta versátil: insectos grandes, ranas arborícolas, aves dormidas, murciélagos y mamíferos pequeños, con capacidad para presas tan grandes como una zarigüeya. Anida en cavidades amplias de árboles o roquedos; típica puesta de dos huevos (50 mm) e incubación de 35 días. Los polluelos vuelan a las 5–6 semanas, pero pueden depender de los padres hasta cerca de un año. Su vocalización es grave y resonante, en dúos sincronizados durante la época reproductiva; los juveniles emiten un quejido áspero pidiendo alimento.
Conservación
Rescate, rehabilitación y liberación. Cárder y CRARSI han fortalecido el protocolo de atención a fauna silvestre, que incluye recepción de individuos, rehabilitación conductual (caza, reacción al humano, vuelo) y liberaciones controladas en áreas de conservación. La suelta de los cuatro búhos en Apía —dos currucutús y dos de anteojos— es un hito reciente de ese esfuerzo.
Monitoreo ornitológico. Inventarios locales reportan coexistencia de ambas especies en mosaicos de bosque, cafetales y cultivos, valiosa evidencia para diseñar paisajes funcionales donde los remanentes conectados actúan como red de caza y anidación.
Educación ambiental. Talleres de observación de aves con estudiantes rurales en Pueblo Rico y Mistrató contribuyen a derribar mitos y a reconocer a los búhos como aliados del campesino: controlan plagas y reducen el uso de rodenticidas.
Cultura y aviturismo. El Festival de las Aves de Apía (edición XV, 2025), con el tema ‘Cantos de la noche, acercó a la comunidad a las aves nocturnas mediante pajareadas nocturnas, charlas y actividades culturales, consolidando un modelo ciudadano de conservación que dinamiza también la economía local.
Cómo actuar si encuentra un búho
- Observar a distancia. No intente atraparlo ni alimentarlo.
- No manipular juveniles a menos que estén heridos o en peligro inmediato; muchos “polluelos” en el suelo están en fase normal de aprendizaje.
Reportar a la autoridad ambiental (Cárder/CRARSI). Ellos coordinan la evaluación y eventual traslado para rehabilitación.



