Las alas que cruzan continentes
Cada segundo sábado de octubre el mundo celebra el Día Internacional de las Aves Migratorias, una efeméride creada para recordar los viajes épicos de millones de aves que conectan continentes y sensibilizar sobre su conservación.
Desde 2018, la Organización de las Naciones Unidas unificó dos campañas —el Día Internacional y el Día Mundial de las Aves Migratorias— con un solo mensaje: proteger estas especies y sus hábitats. El doble carácter de la celebración (en mayo y octubre) responde a las dos grandes migraciones anuales y en 2025 se llevará a cabo el 10 de mayo y el 11 de octubre, fechas que marcan el tránsito norte–sur y sur–norte de numerosas especies. Para Colombia y especialmente para el departamento de Risaralda, esta fecha resuena con fuerza: las montañas de la cordillera Central y sus humedales son estaciones de paso para patos, rapaces, golondrinas y reinitas, además de albergar especies altitudinalmente migratorias como la pava negra.
¿Por qué importan las aves migratorias?
Las migraciones representan un reto biológico extraordinario y cumplen funciones ecológicas vitales: dispersan semillas, controlan poblaciones de insectos y conectan ecosistemas. El sitio Día Internacional de las Aves Migratorias recuerda que estas aves son esenciales para mantener el equilibrio ecológico; contribuyen a controlar plagas que pueden afectar la salud humana y su desaparición podría alterar gravemente los ecosistemas. Sin embargo, actividades humanas como la caza, la deforestación y la agricultura intensiva han degradado sus rutas y se estima que hasta el 90 % de los individuos ingieren plásticos durante sus viajes. La ONU alerta que la pérdida de insectos causada por pesticidas compromete el suministro de alimento para muchas especies migratorias. El tema de la campaña 2025 –’Crear ciudades y comunidades amigables con las aves’– invita a repensar cómo construimos, reducir las colisiones con edificios y aumentar las zonas verdes.
Risaralda, refugio en la cordillera
En Risaralda, los páramos, bosques andinos, cafetales y humedales ofrecen una variedad de hábitats que funcionan como estaciones de descanso para aves migratorias. La Laguna del Otún, situada en el Parque Nacional Natural Los Nevados a más de 4 mil m.de altitud, es un ejemplo. Un estudio realizado entre 2010 y 2012 documentó allí la llegada de pato rabudo (Anas acuta), águila pescadora (Pandion haliaetus), golondrina ribereña (Riparia riparia) y reinita amarilla (Dendroica petechia); estas especies no se habían registrado anteriormente en el parque. Además, el mismo trabajo evidenció la presencia de playero patiblanco (Tringa flavipes) y golondrina común (Hirundo rustica) a más de 3 500 m de altitud, extendiendo su rango conocido. Este humedal de alta montaña actúa como escala para aves que viajan entre Norteamérica y Sudamérica.
Los bosques montanos de Risaralda también reciben a paserinos boreales. El pibí boreal (Contopus cooperi), papamoscas que migra desde bosques de coníferas en Canadá, tiene su mayor probabilidad de presencia en zonas como el Parque Nacional Los Nevados y el Parque Tatamá; fue observado en Marsella durante la migración primaveral. Las reinitas alidorada (Vermivora chrysoptera) y canadiense (Wilsonia canadensis), ambas clasificadas como especies en riesgo, utilizan los bosques nublados entre mil y 2 mil m. en la vertiente occidental de la cordillera, abarcando Caldas, Risaralda y Quindío. También se encuentran registros de zorzales y tangaras de colores brillantes en parques urbanos de Pereira, lo que demuestra que incluso las ciudades del departamento pueden ser refugio temporal para estas viajeras.
Rapaces en ruta
Las rapaces migratorias utilizan los vientos de los valles del Cauca y del Magdalena como autopistas aéreas. La aguililla de Swainson (Buteo swainsoni), proveniente de las praderas de América del Norte, cruza Colombia en bandadas de miles de individuos. El Plan para la Conservación de las Aves Migratorias en Colombia menciona que, durante la migración otoñal, estas aves ingresan por el Chocó y atraviesan los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima, Valle del Cauca y Huila antes de continuar hacia la Amazonia. Los habitantes de Risaralda pueden observar estas «tornilleras» de rapaces planeando sobre el valle del río Cauca entre septiembre y octubre.
La pava negra
No todas las migraciones implican cruzar continentes. Algunas especies se desplazan a lo largo de la montaña en busca de alimento y clima favorable. La pava negra (Aburria aburri), endémica de Colombia, se mueve entre 900 y 2 mil 600 m de altitud en los bosques húmedos andinos. Durante la temporada seca desciende hacia los bosques bajos y en la época lluviosa asciende a cotas altas. Este crácido vive en varios departamentos, incluido Risaralda, y su presencia en reservas como Ucumarí y Tatamá subraya la importancia de proteger corredores altitudinales para conservar la biodiversidad local.
Amenazas
A pesar de la riqueza avifaunística, las rutas migratorias enfrentan múltiples amenazas. La degradación de humedales, la expansión urbana y la contaminación lumínica son problemas recurrentes. La página del Día Mundial de las Aves Migratorias recuerda que la ingestión de plásticos y la exposición a tóxicos representan una causa de muerte para muchas aves; el 90 % muestra partículas de plástico en sus intestinos. Las campañas recientes han resaltado otros factores, como la reducción de insectos debido a los pesticidas y el impacto de la contaminación lumínica en las aves nocturnas.
¿Cómo celebrar?
La ONU invita a cada persona a sumarse a la celebración difundiendo información, participando en jornadas de avistamiento o apoyando programas de conservación. Aquí algunas acciones concretas:
Observa y comparte: organiza un paseo al amanecer a la Laguna del Otún, al Parque Tatamá o a los humedales urbanos de Pereira. Toma fotos y compártelas con la etiqueta #DíaMundialdelasAvesMigratorias.
Crea espacios amigables: si vives en la ciudad, coloca bebederos o plantas nativas en balcones y jardines; las flores atraen insectos y proporcionan alimento a reinitas y picaflores.
Reduce la contaminación lumínica: apaga las luces exteriores durante las noches de migración (especialmente en mayo y octubre). Coloca adhesivos en ventanas para evitar colisiones.



