Conservar es un acto de amor y responsabilidad
Los centros de conservación funcionan como refugios de especies amenazadas y desarrollan tareas de monitoreo, educación y rehabilitación, como lo hace el Bioparque Ukumarí
En medio de una de las crisis de biodiversidad más urgentes de la historia moderna, los centros de conservación han dejado de ser simples espacios de observación para transformarse en verdaderos bastiones científicos, educativos y éticos en la lucha por la supervivencia de la fauna silvestre. En el corazón del Eje Cafetero, el Bioparque Ukumarí en Pereira se erige como un modelo exitoso de esta metamorfosis, celebrando diez años de una profunda transformación que redefine cómo Colombia entiende y practica la conservación.
Los centros modernos cumplen una triple función indispensable. Primero, mantener poblaciones de respaldo de especies amenazadas (conservación ex situ), actuando como auténticas arcas genéticas. Segundo, generar conocimiento científico que aporte al manejo de fauna y a la salud de los ecosistemas. Y tercero, su rol más visible: educar y sensibilizar a la ciudadanía sobre la crisis de biodiversidad global.
Ukumarí encarna estas tres dimensiones, demostrando que invertir en naturaleza es invertir en sostenibilidad regional y social.
Ukumarí alberga más de 550 individuos de 91 especies bajo manejo especializado. Estas cifras representan la aplicación rigurosa de protocolos de bienestar que incluyen enriquecimiento ambiental, entrenamiento con refuerzo positivo y atención veterinaria avanzada. Aquí, la etología y la medicina se entrelazan diariamente para garantizar la salud física y mental de especies tan emblemáticas como el tití cabeza de algodón y el oso de anteojos.
El éxito reproductivo es uno de los indicadores más sólidos de bienestar animal. El bioparque ha registrado nacimientos clave de guacamayas, lémures, venados, búfalos y titíes cabeza de algodón. Cada nacimiento es un pequeño triunfo biológico que fortalece las poblaciones cautivas y sienta las bases para futuros programas de repoblación.
Pero el impacto más visible se refleja en la educación. Desde su apertura en 2015, más de 3,3 millones de personas han recorrido sus senderos, convirtiendo el aprendizaje ambiental en una experiencia emocional y vivencial.
“Ukumarí es un aula viva. Aquí los niños y jóvenes aprenden qué significa cuidar un ecosistema, entender por qué un humedal es vital o cómo una decisión cotidiana puede proteger a la danta o al jaguar”, explica su gerente Raúl Murillo.
El objetivo es claro: que cada visitante se convierta en embajador de la conservación y promotor de la biodiversidad colombiana.
Ukumarí proyecta una ambiciosa expansión basada en ciencia, innovación y sostenibilidad, a través de una alianza público-privada, estimada en 30 millones de dólares para fortalecer su infraestructura con la construcción de un eco-hotel, un auditorio para eventos y un centro de experiencias inmersivas.
Más que ampliar su oferta turística, la meta es consolidar a Ukumarí como un gran hub de conocimiento ambiental: un espacio donde la ciencia se viva y se comparta, atrayendo investigadores y académicos de todo el continente.
Rehabilitación de fauna silvestre
Otra función clave es la rehabilitación de animales silvestres heridos, enfermos o huérfanos. Los centros de recuperación actúan como los primeros “centinelas” ante problemas en la fauna local. Cuentan con veterinarios y personal especializado para tratar lesiones causadas por atropellos, caza ilegal o maltrato, y preparan a los animales para su regreso al medio natural. Por ejemplo, Ukumarí documenta cientos de sesiones de entrenamiento y enriquecimiento para sus animales: en 2025 realizó mil sesiones de comportamiento y más de 3.400 de enriquecimiento, mejorando notablemente la salud física y mental de muchas especies.
Un caso ilustrativo fue la recuperación de ‘Milagros’, un jaguar hembra con un caso genético complejo, que tras dos años de cuarentena recibió hábitat adecuado en el parque. En Colombia y Latinoamérica se han reportado historias similares: el Zoológico de Cali rescata crías de nutrias o monos, atendiéndolas hasta que pueden prosperar en cautiverio. Los animales que no pueden reintroducirse (debido a lesiones permanentes) encuentran utilidad participando en programas de cría en cautiverio o como “embajadores” en exhibiciones educativas. En conjunto, este trabajo sanitario reduce el impacto humano sobre la fauna y restaura poblaciones silvestres.
Ukumarí no es solo un parque: es un santuario de vida, un espacio donde los bosques hablan y los animales cuentan historias de resiliencia.



