“Erradicar los árboles de los cafetales fue una gran equivocación”: Cárder

Para la autoridad ambiental de Risaralda este proceso se está revirtiendo y la caficultura se ha venido acomodando a los desafíos de la sostenibilidad y la preservación de los ecosistemas

Óscar Osorio Ospina

Hubo una época en la historia de la agricultura colombiana en donde los cafetales se caracterizaban por la convivencia con árboles de sombrío y frutales y cultivos de plátano y maíz, incluso las fincas contaban con huertas caseras que proveían de alimentos a sus habitantes.

Pero vino después un período en donde el imperativo era incrementar la producción de café y la tendencia se enfocó no solo a hacer más extensivos los cultivos sino también a erradicar los árboles para darles más espacio a especies de café a plena exposición del sol. Por fortuna ahora ese proceso se está revirtiendo y la caficultura está volviendo a los caminos de sostenibilidad y de preservación de los ecosistemas que existían en el pasado.

Estudios recientes han revelado que cada hectárea de café elimina 4,7 toneladas de CO2 equivalente al año

Así lo reconoce el director ejecutivo de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda, Cárder, Julio César Gómez Salazar, quien asegura que en esta zona ecoagrícola el café es uno de los cultivos que más se adapta a nuestra geología y a los entornos climáticos.

“De algo tenía que vivir el campesino en estas cordilleras de los Andes Occidentales y afortunadamente apareció la caficultura como una alternativa para salvar al hombre de esa brecha de pobreza y de marginalidad. Pero en el pasado se cometieron muchos atropellos en el medio ambiente. Hay que recordar que antes de que hubiera esa caficultura tan intensiva y extensiva que tenemos hoy, todo estaba dedicado a la conservación, eran bosques y ecosistemas de sostenibilidad”, anota la primera autoridad ambiental de Risaralda.

A renglón seguido, reconoce que esa decisión no fue acertada: “Fue una equivocación la que cometieron la Federación Nacional y los Comités de Cafeteros hace 40 años en el interés de hacer del café un cultivo mucho más productivo, puesto que erradicaron el árbol y eso fue un gran error”.

Asegura el director de la Cárder que esa erradicación trajo problemas muy graves, como la aparición de plagas que en ese momento todos se negaron a reconocer y que venían de la homogeneidad de cultivos, así aparecieron la broca, la roya, la araña roja y una cantidad de patógenos que le han dado muy duro a la caficultura.

Y a esto se agrega otro factor que es necesario considerar: “También por innovar con muchos de los transgénicos producidos en los laboratorios de Cenicafé, comenzaron a incorporar una cantidad de variedades de café producto de los nuevos desarrollos que en ese momento poseía la caficultura, como era la genética, para tratar de obtener especies más productivas, pero sin revisar las implicaciones que esto tuviera desde el punto de vista de la sostenibilidad”.

Para fortuna de los cafetales y del medio ambiente, estas condiciones han comenzado a cambiar, fruto de las discusiones constructivas que las autoridades ambientales han sostenido con los caficultores sobre la necesidad de que todo ese sistema de aprovechamiento y el proceso industria de la caficultura debe ser sostenible:

“Hoy vemos muchos cultivos que tienen todo un proceso estratégico de economía circular, hay un buen aprovechamiento de sus cerezas, sus mieles y sus vertimientos, donde se pueden desarrollar una cantidad de subproductos para el consumo humano, sino también subproductos que hacen parte de la cadena de fertilización que se utiliza en la propia caficultura”, anota Gómez Salazar.

Estudios recientes han demostrado que en cada año cafetero en Colombia se generan alrededor de 2.8 millones de toneladas de residuos que se pueden aprovechar. En la actualidad, ese material se queda en los campos sin hacer nada, porque sólo el 20% de la fruta del café es utilizada para exportación. El mucílago -que es la baba dulce que recubre la semilla- se puede utilizar como biomasa para la producción de energía o como insumo para fabricar biofertilizantes, cosméticos e incluso etanol.

El director de la Cárder destaca además la muy positiva contribución que los cafetales le hacen al medio ambiente: “Los cafetales son también unos grandes fijadores de las emisiones de gases de efecto invernadero que están expuestos en el ambiente. La caficultura, a partir de su cultivo, también es un fijador de esos elementos, es un gran productor de oxígeno y, de alguna manera, actúa como un filtro regulador de la calidad del aire”.

Esta afirmación está sustentada en el hecho que el café es considerado como un aliado clave en la lucha contra el cambio climático puesto que cada hectárea de café elimina 4,7 toneladas de CO2 equivalente al año, contribuyendo de manera directa a la reducción de la huella de carbono y a la protección del planeta.

“Hace algunos años los campesinos eran felices mostrando sus monocultivos de café, pero hoy se demostró en realidad que eso fue una equivocación y hoy vemos a todos los caficultores volviendo nuevamente a sembrar árboles y eso para mí es muy significativo que ellos hayan reconocido ese gran error”, precisa Gómez Salazar.

En efecto, a partir de la evolución y todos los cambios, hoy la caficultura ha venido acomodándose a esos desafíos en materia de sostenibilidad, ha incorporado buenas prácticas en el respeto de los ecosistemas estructurado y reconocidos en los territorios, como son los humedales, las cuencas hídricas, los nacimientos de agua, los ríos y las quebradas.

Al respecto explica que: “Inicialmente por una precaria información y falta de conocimiento y por la cultura de casi declarar al árbol como enemigo de la caficultura, se sostenía que por el árbol no habían buenas floraciones, no había más luz… y lo que nos demostró ese cambio era que hacer caficultura sin el árbol era un gran riesgo, no solo porque habíamos tenido esos bosques caficultores sin que tuvieran la oportunidad de estar intercalados con otros cultivos, como los propios árboles que sirven de sombrío, sino los frutales que también fueron erradicados, como naranjos, guayabas, guamas, aguacates nativos y también los cafetales asociados a cultivos de plátano y banano”.

La propia Federación Nacional de Cafeteros ha presentado positivos avances en este proceso, para destacar el aporte que el café le ha venido haciendo al medio ambiente. Señala la entidad que mediante la implementación de tecnologías de bajo consumo y reforestación de las cuencas se ha logrado una reducción del uso del agua hasta en un 90%, se han adoptado tecnologías que han reducido la contaminación del agua pasando de 40 litros por kilogramo a solo 0.5 litros por kilogramo, se han desarrollado filtros verdes que ayudan a mantener la calidad del agua y se ha logrado la eliminación de la contaminación equivalente a las aguas residuales de dos millones de personas al año, logrando cero contaminación en las operaciones cafeteras.

Y a este conjunto de avances se suman otros hechos que bien vale la pena destacar, como los procesos de restauración de los suelos y de contención del avance de la reforestación mediante la siembra de millones de árboles y la reducción de la contaminación de las aguas.

“El Paisaje Cultural Cafetero es también un ícono que hace parte de la belleza de estas grandes montañas, lo que tiene un reconocimiento y una validación desde el punto de vista de la sostenibilidad social y es un aliado incondicional para mantener esta preservación natural que hoy poseemos”, puntualizó el director de Cárder.

 

 

 

 

 

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