Spathiphyllum wallisii es una especie de anturio blanco nativo de Colombia,
reportada como desaparecida en su estado silvestre, fue redescubierta por dos
botánicos colombianos.
Por: Natalia Piedrahita Tamayo
Periodista UdeA
Durante una caminata en la Serranía de San Jacinto, en el bosque húmedo de los
Montes de María, que se extienden entre los departamentos de Córdoba y Sucre, el
botánico huilense William Vargas se encontró con una planta de anturio que le
resultó sorprendentemente familiar. La planta era muy parecida a una especie que
había sido reportada como extinta y sobre la cual había discutido extensamente con
su colega Felipe Cardona Naranjo, especialista en anturios y director del Herbario
de la Universidad de Antioquia. Vargas envió una fotografía de la planta a Cardona,
quien, tras realizar las verificaciones técnicas pertinentes, confirmó la identidad: ¡se
trataba de Spathiphyllum wallisii!
Esta era la misma especie que Felipe Cardona había declarado como desaparecida
en 2004. En ese año, Cardona se encontraba en los bosques húmedos del
Magdalena Medio colombiano, una de las regiones con mayor diversidad de
anturios en el trópico, gracias a una beca del Instituto Humboldt para realizar
inventarios de flora. Su fascinación por los anturios lo llevó a centrar su tesis de
maestría en los anturios blancos. Durante sus investigaciones, descubrió que
Spathiphyllum wallisii no estaba registrada en los herbarios ni en los centros de
conservación del país, tampoco la observó en sus numerosas expediciones y viajes.
Este redescubrimiento, por tanto, es también la confirmación de una presencia
botánica inesperada.
«El anturio blanco, Spathiphyllum wallisii, es una de las especies más conocidas a
nivel mundial debido a su frecuente aparición en jardines botánicos y viveros. Sin
embargo, en su hábitat natural, esta planta parecía haber desaparecido. Nuestro
conocimiento sobre ella proviene de las descripciones de expediciones botánicas
del siglo XIX. En el reporte original del anturio blanco, se menciona que fue
“colectada por Gustav Wallis en las montañas de Colombia”. Esta es una
descripción vaga para un país con tanta diversidad montañosa, lo que nos ha
llevado a intentar reconstruir qué lugares exactos visitó Wallis», explicó Cardona
Naranjo, investigador, botánico y director del Herbario de la Universidad de
Antioquia desde 2006.
Pero ¿cómo, siendo reportada extinta en su hábitat natural en Colombia, llegó a ser
conocida en otros países? «En varios lugares de Europa, sobre todo en Países
Bajos, abundan diferentes plantas nativas del trópico, porque los expedicionarios de
jardines botánicos y centros académicos, como Gustav Wallis, han colectado
muchas especies de estas tierras para estudiarlas y cultivarlas, como es el caso de
Spathiphyllum wallisii. No hay que olvidar que Colombia fue uno de los principales
centros de recolección de plantas tropicales de los botánicos europeos a partir del
siglo XVIII. Sus rutas prioritarias estaban en la India y en América. Entre todas las
plantas que recogían, se llevaron muchos individuos de la familia arácea
—Araceae—, y, con ellas, de los anturios», explicó el investigador botánico William
Vargas.
«Estos expedicionarios tenían rutas, pero los libros y anotaciones de esas épocas
son muy difíciles de conseguir. He encontrado registros de sus visitas a lugares
como Amalfi o el páramo de Frontino. Estos desplazamientos hasta América eran
contratados por directores de jardines botánicos o por coleccionistas que pagaban
para que los viajeros y expedicionarios mandaran plantas empacadas en cajas de
vidrio, que funcionaban como invernaderos, para ser posteriormente estudiadas o
guardadas en sus gabinetes de curiosidades. Mi sospecha es que, en ese momento,
cogieron tantas plantas que arrasaron con algunas especies», opinó Cardona
Naranjo.
Una perla del género Spathiphyllum
Los anturios blancos son plantas nativas de bosques húmedos de la zona tropical
del centro y sur de América y les gusta crecer cerca del agua. En Colombia, se han
registrado 25 de las 50 especies reportadas en el mundo, cuya característica
principal es la forma elíptica de sus espatas.
Las flores de los anturios atraen a las euglosinas, también conocidas como abejas
de las orquídeas, que son himenópteros de color verde nacarado que juegan un
papel crucial en la polinización: recolectan néctar, polen y resina de las plantas.
Durante las épocas del año en las que las flores no necesitan ser receptivas, estas
cambian a un tono verde, lo que sugiere que sus cambios cromáticos pueden servir
tanto para atraer a los polinizadores como para mantenerse discretas cuando no
son necesarias. Aunque comúnmente se cultiva como planta de interior, el anturio
en sus diferentes especies también se encuentra en jardines de climas templados,
tanto en áreas rurales como urbanas.
Con el redescubrimiento de la especie nativa Spathiphyllum wallisii se pone en
escena el gran valor que cada planta tiene para la conservación, ya que se
convierten en alicientes para preservar bosques o para generar reservas forestales.
El gran potencial ecológico del anturio blanco es su capacidad de equilibrar los
suelos y el agua. «Pasamos de pensar que estaba extinto a comprometernos con su
preservación, ya que hoy figura como especie en peligro de extinción», afirmó
Cardona Naranjo, y concluyó que marca una pequeña esperanza, no solo para esta
especie, sino para toda la búsqueda botánica que parezca imposible.
Recuadro
Gustav Wallis —1830-1878—
Fue un jardinero y coleccionista de plantas, nacido en la ciudad de Lunenburgo,
Alemania, y célebre por haber introducido más de 1000 plantas nativas de América
y Asia en el continente europeo. Era sordo de nacimiento y solo habló a los seis
años, cuando murió su padre. Se cree que su amor por la naturaleza y los viajes a
zonas remotas está relacionado con el paisaje que rodeó su juventud en medio de
las montañas y bosques de Westfalia, de este país europeo. Estudió botánica,
jardinería e idiomas —así no hablara mucho— y viajó por varias regiones de Europa
recogiendo plantas. En 1856 llegó a Brasil, y a partir de 1860, extendió su recorrido
botánico por el Amazonas, patrocinado por el naturalista Jean Jules Linden. En
1872 comenzó su caminata por Colombia, deslumbrado por la abundancia de
especies de Melastomatáceas y orquídeas.
Como prolífico recolector de plantas, Gustav Wallis le entregó a la botánica europea
especímenes tropicales como Anthurium veitchii Mast. y Drácula wallisii (Rchb.f.)
Luer y Epidendrum wallisii Rchb. F., recolectadas en Antioquia. En años siguientes a
1972, mientras recorría las selvas y montañas de Panamá y Ecuador, se enfermó
gravemente y, finalmente, murió en 1878, en Cuenca, Ecuador. Hoy cerca de 1000
especies, entre ellas Spathiphyllum wallisii, llevan su apellido.
Pie de foto
Spathiphyllum wallisii es bastante conocida en Colombia, donde también se le
conoce como espatifilo o Cuna de Noé. Se ha preservado durante siglos al interior
de los hogares como planta decorativa y en los antejardines, por su resistencia y
belleza para ambientes exteriores. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA /
Alejandra Uribe Fernández.
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Un ejemplar de Spathiphyllum wallisii conservado en la colección del Herbario
UdeA. Foto: cortesía.



