Los coros navideños del padre Pacho

El sacerdote más musical de la Diócesis de Pereira, no podía dejar de acompañar a los católicos y a los niños de la ciudad en la época del año en que se canta con más entusiasmo y esperanza. No en vano 20 años de acordes y alabanzas a Dios a través del grupo Semillas, debían notarse también en la Natividad de Nuestro Señor que junto a la Semana Santa son las festividades más importantes para las personas y familias en pleno.

Un coro con trayectoria

El mediodía en la Valvanera, a pesar de tener el convulso parque de La Libertad afuera, es solitario, calmado, silencioso y lento. La cita para ensayar con los niños era a la 1:30, pero una mamá ya estaba sentada en la segunda banca del ala izquierda, llegó media hora antes quién sabe por qué. Después de unos minutos salió el padre Francisco Gilberto, como muy pocos saben que en verdad se llama Pacho.

Sus músicos y más que eso, amigos de casi toda una vida también llegaban uno a uno, teclados primero, guitarra después. Padre, empecemos por contar un poquito ¿desde hace cuánto hace coros por Navidad? “Fundé el grupo Semillas hace 30 años, con ellos no solo hacíamos la animación litúrgica en las parroquias, sino que buscábamos recursos para el sostenimiento de ellos, entonces se tenía la orquesta en la que se tocaban diferentes géneros musicales. Los coros con los niños los empecé en Belén de Umbría y en Santuario que fueron las dos primeras parroquias donde estuve. Luego en Arabia que ya me traje varios de los músicos que teníamos en Belén y ahí retomamos los coros de villancicos que empezamos a ensayar un mes antes”.

El presbítero relata que esto se volvió una cultura o costumbre y que a las parroquias donde llegaban iban formando a los niños, les daban elementos musicales y los escogían mediante audiciones. “Íbamos a las escuelas del sector y de ahí podíamos sacar grupos de 40 o 50 niños para formarlos musicalmente y que ellos nos prestaran sus voces para la Navidad”.

Ensayo del viernes pasado en Nuestra señora de La Valvanera.

La inolvidable Providencia

El tiempo de permanencia en la parroquia de San Cayetano, fue de ocho años inolvidables para los feligreses y para el propio sacerdote. “Allá tuvimos un grupo espectacular de 50 niños y con ellos hicimos dos producciones musicales de villancicos con grabación profesional a través de Colmúsica, ambas están en YouTube, una de ellas se llama ‘Navidad con semillas’”.

Coros por doquier

“Cuando pasé a la parroquia de Nuestra Señora de Los Dolores (cementerio San Camilo), allá también conformamos un grupo de 40 niños, un grupo muy profesional musicalmente porque tenemos el grupo base que son los muchachos de Semillas, que son buenos músicos y no es sino integrar las voces de los niños, lo que es relativamente fácil”.

Hace tres años está de cura párroco en Nuestra señora de La Valvanera, “aquí por supuesto no podíamos dejar la tradición, pero ha mermado mucho, el primer año tuvimos casi 30 niños, el año pasado y este tenemos más o menos un grupo entre 20 y 25 niños que nos acompañan y cantan la novena”.

En el pasado, cuando el padre estaba en la parte administrativa de la Diócesis, se llevaba los coros y se presentaban en las diferentes comunas y corregimientos, en alguna ocasión también contó con apoyo de la Administración municipal. “Ha sido un trabajo interesante en el que al darle la oportunidad a un niño de hacer parte del coro infantil de villancicos, marca sus vidas y la de sus familias, porque uno ve cómo las familias están en torno a la Navidad, porque el niño o la niña hacen parte del coro”.

En otrora, como dice el padre, cuando el coro se desplazaba a diferentes lugares.

Un antes y un después

El padre Pacho comenta que al hacer parte de este tipo de grupos se descubre que no es solo una actividad suelta para unas fiestas decembrinas, sino que en muchos de ellos despierta una profesión. “He sabido de algunos niños que se iniciaron musicalmente en los coros, pasaron a la universidad y tomaron como opción estudiar la Licenciatura en Música, otros que hacen animación en parroquias y un compañero que lo conocí en el coro infantil de San Antonio de Padua, ahora es sacerdote”.

Sobre los villancicos

¿Las composiciones son solo las tradicionales o también interpretan de su autoría y de Semillas, cómo es? “Nosotros hemos hecho arreglos musicales, me parece que competir con los villancicos tradicionales es muy complejo, porque quién no va a querer cantar la música de cuando éramos niños nosotros. Sí hemos hecho ensambles de unir algunos temas que son de tipo popular, por decir algo ‘Navidad de los pobres’ o algo de los Wawancó, como ‘El niño está con nosotros’ con los villancicos tradicionales, sin perder la melodía de cada uno de los temas y sobre todo respetamos mucho también los textos”.

El padre Pacho en el pasado fue bastante exigente con los grupos, pero su concepto cambió porque le parece que no darle la oportunidad a un niño de que pueda tener esa experiencia no sería justo. “En los últimos años algunos se han sostenido, entonces ellos arrastran a los que van llegando”.

Al dejar La Valvanera, ya el ensayo tomaba calor y a lo lejos se alcanzaba a escuchar ‘Salve reina y madre, salve dulce amor del jardín del cielo, la más bella flor…’.

La formación musical del padre

“La música siempre me ha gustado, mi papá tocaba guitarra y tiple, entonces de alguna manera nos llevamos esa vena, nuestra abuela era una soprano muy buena, pienso que es genético. Ya en el seminario tuve formación en lectura y aprendí a tocar guitarra y piano y me fui formando musicalmente. En el seminario también había corales, fui director musical allá varios años, después el grupo Semillas me dio la oportunidad de evangelizar a través de la música, siempre me ha gustado lo mejor para el Señor, he tenido los mejores músicos, los mejores instrumentos, no se puede ser tacaño con él”.

Cifra

$25 millones costó la batería Roland, la más reciente adquisición para hacer buena música para Dios.

“El secreto del ensamble es la armonía entre los músicos, porque usted puede ser muy bueno, pero si está aquí y allá, no es lo mismo que cuando hay un anclaje bonito en la música”.

Dato

El villancico favorito del padre Pacho es Noche de Paz, escrito originalmente en alemán en 1816, por el sacerdote austriaco Joseph Mohr.

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