El exdirector del DANE conversó con el Diario del Otún sobre la importancia de la confianza en las estadísticas, la necesidad de humanizar los datos y su análisis sobre el desempleo, la informalidad y la inclusión laboral en Colombia.
Juan Daniel Oviedo es recordado como uno de los directores más visibles del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en los últimos años. Durante su gestión, no solo lideró la producción y divulgación de cifras clave para el país, sino que también buscó acercar la información a la ciudadanía bajo una premisa clara: los datos deben servir para tomar decisiones y orientar el desarrollo.
En conversación con este medio de comunicación y La Patria, el exdirector del DANE compartió su posición sobre el papel de los datos en la construcción de políticas públicas, la necesidad de acercarlos a la gente para que el país se apropie de ellos y las propuestas que considera centrales para enfrentar los retos del empleo, la informalidad y la inclusión laboral, especialmente en población con discapacidad.
Hablemos sobre la importancia que tienen las estadísticas económicas para la toma de decisiones, sobre todo en materia de desempleo e inflación:
“Citando al profesor Jorge Iván González, las estadísticas son la brújula para poder tomar decisiones económicas, y más en un país como Colombia, donde el desempleo nos duele, la informalidad nos duele y la falta de productividad de esa informalidad también nos tiene atrapados en una situación que nos aleja de un futuro de desarrollo. Por eso creo que las estadísticas económicas son fundamentales y, por consiguiente, la confianza en el sistema estadístico nacional es clave. En lugar de cuestionar el origen o la calidad de las cifras, deberíamos usarlas para tomar decisiones rápidas y convertirlas en guía para el desarrollo del país”.
¿Cómo aumentar esa confianza en las personas, teniendo en cuenta que usted estuvo a la cabeza del DANE?
“La confianza es un activo fundamental para las estadísticas oficiales. Hoy en día no solo se alimenta con la rigurosidad o con los sistemas de control de calidad que tiene el DANE, porque el DANE es una entidad competente con más de 5.500 funcionarios que garantizan la producción estadística del país. Pero la estadística ya no solo hay que dejarla ahí, sino que hay que llevarla a la gente. La fuerza de los datos es el poder de la gente. Hoy Colombia necesita más pedagogía alrededor de las estadísticas oficiales para evitar que incluso el presidente o funcionarios del gobierno construyan relatos que no sean consistentes con la naturaleza de los datos. En mi experiencia como director del DANE, humanizar los datos y acercarlos a la gente es una forma de que la ciudadanía se empodere de ellos y confíe en su valor”.
¿Qué necesita el país para disminuir el desempleo, la informalidad y la inflación?
“El país se va a enfrentar a la necesidad de una política de seguridad contundente, que combine la fuerza con la inteligencia, no solo militar, sino también económica. La política de empleo que estamos proponiendo se basa en cuatro aspectos fundamentales: que haya seguridad para trabajar sin miedo; que tengamos infraestructura y conectividad, no solo para que el despliegue de esa infraestructura genere riqueza, sino también para conectar mercados y mejorar la calidad del empleo campesino y rural; que exista un sistema público de empleo que, a partir de la información, acerque oferta y demanda y logre que cada peso del Estado se convierta en progreso; y una política de formación flexible después del bachillerato, que permita a jóvenes y adultos mayores ser activos en el mercado laboral”.
Hay muchos temas dentro de los datos que todavía están desactualizados o sin registro, por ejemplo, los relacionados con personas con discapacidad. ¿Qué propone usted para modernizar esa información?
“Hoy ya tenemos producción mensual en una ventana móvil de un año para los datos de inclusión laboral de la población con discapacidad. Lo que pasa es que, tristemente, esos datos no se mueven porque no ha habido una acción contundente de la política pública. Eso nos lleva a una realidad cruel: mientras dos de cada tres personas sin discapacidad dicen “yo quiero trabajar”, solo una de cada cinco personas con discapacidad puede decir lo mismo. Esto demuestra que la información no solo debe producirse de manera continua, sino que además deben tomarse políticas y acciones con base en esos datos”.
¿Qué opinión le merece la reforma laboral en el país?
“La verdadera reforma laboral que necesita el país es la que promueva la formalización y haga que todas las personas que trabajan se sientan protegidas y, por consiguiente, motivadas a contribuir al sistema de protección social”.
¿Podría resaltar alguna actividad que haya repuntado en el Eje Cafetero?
“Yo creo que el Eje Cafetero es de esas regiones del país que necesita resolver una pregunta sustancial: ¿queremos que el Eje Cafetero sea una finca de recreo o una finca que produce? Estamos en un dilema generado por el envejecimiento demográfico y por la expulsión de muchos jóvenes que se fueron al extranjero o a estudiar a otras partes en la época de la bonanza cafetera. Hoy tenemos un Eje Cafetero supremamente envejecido; por consiguiente, el turismo ha surgido como un recurso, pero no como una apuesta fundamental. Esto ha provocado una desviación de muchas vocaciones productivas de la tierra en la región, donde es necesario tomar decisiones con criterios claros que definan qué tierras deben tener vocación productiva”.



