Hay que tomarlo en serio

Lo más preocupante es que en el país y por supuesto en el Departamento, muy poco están haciendo las autoridades para enfrentar este doloroso mal y en especial para prevenirlo.
No puede ser más angustioso el informe que entregó recientemente el Instituto Nacional de Medicina Legal sobre los suicidios en el país. Según ese documento, en Colombia se quitaron la vida 2.984 personas durante el año 2024, lo que significa que cada tres horas una persona acaba voluntariamente con su existencia.
Aunque el año pasado hubo menos casos de suicidio en el país en comparación con el 2023, cuando las autoridades registraron 3.195, el número de casos de intento de autoeliminación no solamente creció en el 2024, sino que mantiene una tendencia sostenida al alza desde el 2015 y acentuada de manera preocupante desde la pandemia.
En Risaralda, contrario al comportamiento del país, el año pasado el suicidio, además de que presentó un crecimiento preocupante en comparación con el 2023, al pasar de 82 a 88 auto eliminaciones, tuvo la cifra más elevada de los últimos diez años y la segunda más alta del Eje Cafetero, superado únicamente por Caldas que registró 90 casos.
Esto con un agravante en lo regional que obliga a las autoridades de salud del Departamento a estudiar lo que puede estar pasando con este fenómeno y es que de las 88 personas que se quitaron la vida el año pasado, once, es decir una de cada ocho, eran menores de 18 años, casi siempre estudiantes.
De hecho los analistas han encontrado en esta población y en la universitaria, unos grupos con una participación muy significativa en las estadísticas globales de las personas que toman la determinación de terminar con su vida, un comportamiento que no es único del país, sino que se presenta igual y con características similares, en todo América.
El Instituto Politécnico Grancolombiano en un reciente estudio realizado en busca de las principales causas del suicidio y de la conexión de este hecho con las culturas de cada país, reveló que esta conducta acaba cada año con la vida de 100.000 personas en América constituyéndose en la cuarta causa de muerte en los jóvenes de entre 15 y 29 años.
Según el documento, además de las conocidas causa de depresión y ansiedad, existe una conexión directa entre ciertas costumbres de los jóvenes, como la adicción a las redes sociales, algunos trastornos como la bulimia y la anorexia, y el consumo de alcohol y de estupefacientes, y una posible ideación suicida.
Lo más preocupante es que en el país y por supuesto en el Departamento, muy poco están haciendo las autoridades para enfrentar este doloroso mal y en especial para prevenirlo. Todos los estudios señalan que las conductas suicidas es posible identificarlas con tiempo y que con acciones oportunas se puede evitar que terminen en una fatal decisión.
Es urgente, pues, que las autoridades tomen en serio un problema que es de salud pública, que afecta cada vez a más población y que avanza de manera preocupante entre los jóvenes; y se establezca un plan consistente que permita atacar de raíz este mal al mismo tiempo que se atienda aquella población que está mostrando comportamientos catalogados como con tendencia suicida.

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