Llevar la altísima responsabilidad de manejar el país y tomar las mejores decisiones, exige de una persona no solo inteligente y capaz, sino en sus cinco sentidos en todo momento.
Lo que hasta ahora parecía ser solo un rumor o comentarios de la oposición, como se dice en el argot popular, se convierte ahora, con los mensajes y referencias del exministro de Relaciones Exteriores Álvaro Leyva, en un hecho real que se hace absolutamente necesario aclarar para tranquilidad del país.
Dijo el excanciller esta semana como parte de una seguidilla de cuestionamientos que le ha hecho al actual gobierno y a la persona del presidente Petro: “me pregunto con suma preocupación sobre los efectos dañinos de los estupefacientes y del alcohol, tratándose de la persona que lidera la cima del Estado y de algún estrechisimo colaborador suyo”.
No se necesita mayor imaginación ni suspicacia para saber que el exministro se refiere al presidente Petro y al actual ministro del interior, Armando Benedetti, y, lo más preocupante, que lo que ha sido un comentario callejero, parece ser una realidad, el Presidente consume estupefacientes y el ministro Benedetti es adicto al alcohol.
Esto para no hablar de la dura descalificación que le hace, durante una entrevista concedida a un reconocido programa de la televisión nacional, alias “Ricardo”, uno de los comandantes del Eln e interlocutor del gobierno en la mesa de diálogos: “le recomiendo que vaya al psiquiatra y se eche una revisadita”.
Se dirá que el doctor Leyva está respirando por la herida y que si tanto le preocupa esta situación se debió retirar del gobierno cuando se enteró de la condición del presidente y menos debió nombrar y dar posesión al doctor Benedetti como embajador ante la Fao; y que a un criminal como “Ricardo” no se le pueden dar crédito a sus palabras. Y puede haber algo de razón en esto.
Sin embargo, extemporánea o no la afirmación del exministro Leyva, con dolor o no por la forma en que el Presidente le pagó a quien le sirvió y le guardó la espalda durante dos años, tiene que preocupar que quien está al mando del país pueda ser un drogadicto o un consumidor habitual de estupefacientes y quienes lo rodean y son sus consejeros sean alcohólicos.
Llevar la altísima y difícil responsabilidad de manejar y orientar al país y tomar las mejores decisiones en todos los campos, exige de una persona no solo inteligente y capaz, sino en sus cinco sentidos en todos los momentos del día y de la noche. Las necesidades y problemas nacionales no dan tregua, ni permiten que la cabeza del gobierno se desconecte y aleje del pulso nacional.
Por esto, se hace indispensable que a quien corresponda aclare, no con mensajes en la red X sino con pruebas y documentos médicos, los señalamientos que ha hecho el excanciller Leyva. El país tiene derecho a saber en qué situación mental y de salud está el Jefe del Estado y en qué condiciones se están tomando las decisiones nacionales.
