Los enemigos de la fe

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El anuncio de la recuperación, adecuación y embellecimiento del llamado Viacrucis de La Badea, promovida por el alcalde de Dosquebradas, algunos sacerdotes de la Diócesis de Pereira y varias organizaciones afectas a la curia diocesana, despertó el entusiasmo de la comunidad catolica del Departamento, especialmente cuando estamos ad portas de la celebración de la Semana Santa.
No fueron pocas las voces de satisfacción y regocijo que se escucharon celebrando la recuperación de un sitio que encierra un valor simbólico con inmenso contenido cristiano y que a la vez recoge una tradición en la ciudad no solamente de muchos años, sino con una nutrida participación ciudadana.
Sin embargo, como era de esperarse, al mismo tiempo que la comunidad católica celebraba la recuperación del Viacrucis y se disponía y anunciaba la participación masiva en los actos que se estaban programando para rememorar la crucifixión y muerte de Jesucristo, aparecieron también los enemigos de la fé y de las tradiciones religiosas.
Con el argumento de la inestabilidad del terreno producto del crudo invierno que azota la región y los riesgos que pueda generar el ascenso masivo de fieles por el sendero, personas más interesadas en menoscabar la presencia de la comunidad católica en esta expresión tradicional de fe, que en proteger realmente la seguridad de los visitantes del Viacrucis, han dicho que este recorrido no se debe hacer.
Es cierto que la ladera norte del río Otún ha presentado por años en toda su extensión, problemas de inestabilidad, pero en ese lugar específico no ha habido en los últimos 50 años algún suceso grave y la Administración Municipal de Dosquebradas ha garantizado no solo que ha corregido los posibles asomos de riesgo, sino que inclusive ha reparado y recuperado completamente el puente de acceso al Viacrucis.
La pregunta es por qué apenas ahora que se ha recuperado el Viacrucis y la comunidad creyente se dispone a cumplir con una de sus citas más sentidas, y no antes, los diligentes funcionarios llaman la atención sobre los supuestos riesgos de ascender por la ladera.
El Obispo de Pereira seguramente en el deseo de no generar polémica le ha pedido a los sacerdotes de la Diócesis no programar ningún acto en el Viacrucis ni invitar a los feligreses a visitarlo, pero lo que está haciendo con esto es hacerle el juego a quienes, valiéndose de una discusión técnica, en el fondo lo que quieren es silenciar una expresión legítima de fe.
Monseñor José Jair Cardona debe revisar su posición y defender el derecho de los fieles a vivir su fe en el Viacrucis de la Badea. Ceder ante la presión de quienes buscan borrar esa manifestación religiosa de las costumbres pereiranas, no es un acto de prudencia sino de claudicación ante quienes bajo argumentos técnicos, esconden otras intenciones.

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