Menos explicación y más acción

Pereira no puede aparecer ante el país deportivo como la ciudad intolerante, peligrosa y a donde los aficionados al fútbol no pueden venir, de miedo de lo que les pueda pasar.
El hincha del Deportivo Pereira que fue asesinado luego del partido que el el equipo de la ciudad jugó contra el Atlético Nacional, aunque según las autoridades se produjo fuera del estadio y en condiciones ajenas al encuentro de fútbol, mancha otra vez la jornada deportiva y pone nuevamente sobre el tapete la violencia en los estadios del país y donde el Hernán Ramírez no es la excepción.
La Policía hace, por supuesto, todas las maromas para tratar de hacer aparecer el hecho violento como un suceso aislado del encuentro futbolero; pero no se necesita mucho para saber que el asesinato de una hincha que acaba de salir del partido y que en la puerta del esradio tuvo un encontrón con un hincha del otro equipo, tenga que ver con el altercado.
Mucho más útil para la tranquilidad de la ciudad y para la seguridad de quienes van al estado a acompañar el equipo y a disfrutar de una tarde de fútbol, sería que la Policía reconociera el hecho tal cual como ocurrió y tomar las medidas necesarias para garantizar la no ocurrencia de esa clase de incidentes y, claro está, la seguridad en el estadio y en su entorno; en vez de tratar de acomodar lo ocurrido para de desligarlo del partido.
La Policía mostró con orgullo que había destinado cerca de 500 uniformados para garantizar la seguridad durante el encuentro y aseguró que en el interior del estadio y durante el partido, no se había presentado ningún acontecimiento que lamentar; pero guardó silencio frente al lamentable asesinato del hicha pereirano.
El espectáculo futbolero no solamente se limita al partido como tal y a lo que sucede dentro del estadio y tal vez en su entorno cercano, sino a todo lo que significa el encuentro, incluyendo por supuesto la llegada del equipo rival y de los aficionados que lo acompañan, y también su salida, la celebración y el regreso a su ciudad.
Fue una verdadera lástima que un partido que, según las imágenes que se conocieron, llenó completamente el estadio y en el que además el equipo de la ciudad ratificó su condición de invencibilidad en su plaza, haya terminado con un hecho tan doloroso como este y que para nada refleja el habitual ambiente festivo y de tranquilidad que acompaña a las presentaciones del Deportivo Pereira.
Más que justificaciones, pues, lo que se necesita es que la policía garantice, claro está, la seguridad durante los partidos del Deportivo Pereira y que durante los encuentros no haya alteraciones graves del orden; pero también que esto se extienda fuera del estadio, durante las celebraciones y especialmente en el regreso de los equipos visitantes. Pereira no puede aparecer ante el país y el mundo deportivo como la ciudad intolerante, peligrosa y a donde los seguidores de los otros equipos no pueden venir, de miedo de lo que les pueda ocurrir.

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