Santuario vivo de abejas en Pereira
En un muro de contención que antes estaba cubierto de basura, en el barrio Villa Elisa de Pereira, hoy late un santuario vivo de abejas nativas en vía de extinción. Donde antes se arrojaban desechos, ahora hay un mural colorido, un espacio limpio y, sobre todo, siete colonias de abejas protegidas por la comunidad.
“Este es un muro que tiene alma”, dice John Éder Cardona, representante de la Fundación de Abejas, organización que lidera en Risaralda la protección de estos polinizadores. “En él habitan siete familias de abejas nativas que están en vía de extinción. Es, diría yo, el único santuario de este tipo en Colombia, y está aquí, en Pereira”.
La Fundación de Abejas lleva años trabajando por la protección de lo que Cardona llama “la especie más importante del planeta”. A través de su programa de educación ambiental, han sensibilizado a más de 11.000 escolares, sembrando –como repite con frecuencia– “una semilla de amor y respeto por los polinizadores”.
Además de la formación, la fundación se dedica al rescate de enjambres. “Hemos rescatado más de 212 enjambres y los hemos llevado al único hogar de paso que existe en Colombia para la protección de polinizadores”, explica Cardona. Este hogar de paso está certificado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y funciona en alianza con la Reserva Natural de la Sociedad Civil Los Cristales y el ambientalista Fernando Uribe.
Allí, las abejas se recuperan durante seis meses. Luego son entregadas a familias campesinas, que las acogen y protegen. “La idea es que esas abejas puedan polinizar los cultivos, hacer su labor ecosistémica en el campo y en el bosque, y al mismo tiempo brindar algún excedente de miel y otros productos de la colmena a los campesinos”, agrega.
La labor incluye también la siembra de árboles nativos. A la fecha, han participado en la plantación de más de 2.000 árboles que sirven de alimento a los polinizadores. “La vida en el bosque empieza con la polinización, que hacen aves, mariposas y muchas especies, pero principalmente las abejas, que son la única especie que vive en grandes comunidades y tiene una ‘cesta’ y un ‘cepillo’ para el polen. Una sola abeja puede visitar unas 2.000 flores en un día, y una colmena llega a tener entre 50.000 y 60.000 abejas”, explica Cardona, recordando la razón por la que se les ha declarado la especie más importante del planeta.
De basurero a santuario
En enero de 2025, la historia del muro de Villa Elisa dio un giro. Pablo Emilio, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal del barrio y vigía ambiental, fue quien dio la voz de alerta.
“Yo paso mucho por estos lados y veía que mucha gente le tiraba a las abejitas cosas encima”, cuenta. Preocupado por el riesgo tanto para los polinizadores como para los vecinos, decidió contactar a la Fundación de Abejas y a las autoridades ambientales.
El problema era que se trataba de un muro de contención que no se podía romper ni intervenir estructuralmente, por lo que no era posible trasladar las colonias al hogar de paso. La solución fue otra: convertir el lugar en un santuario.
“Como no podemos sacar las abejas de aquí, ese día declaramos este espacio como un santuario de abejas vivas”, relata Cardona. Las colmenas, formadas por abejas nativas tímidas y poco agresivas, conviven ahora tranquilamente con las personas. “Un niño o una mujer en embarazo se puede acercar. No molestan si se les respeta”.
Arte, empresa y limpieza: un mural para las abejas
La transformación del lugar no fue solo simbólica. A la iniciativa se sumó la empresa Silab cosméticos, a través de su marca Deep Roots, que se define como ambientalista y ecoamigable.
“Estamos apoyando todas las actividades en alianza con la Fundación Abejas y con la corporación ambiental, protegiendo el tema ambiental y la fauna”, explica María Lorena Guzmán Restrepo, coordinadora de la marca Deep Roots. “Con el mural aportamos la pintura, conseguimos a la persona para realizar la obra y también apoyamos con alimentos para las personas que estuvieron trabajando en la jornada”.
Aseo Pereira también se vinculó, facilitando maquinaria y una volqueta para retirar basuras y reciclar materiales. Lo que antes era un punto de acumulación de residuos se convirtió en un espacio limpio, con arte y mensaje ambiental.
Guzmán es enfática en que el esfuerzo solo tendrá sentido si la comunidad lo apropia: “La comunidad aporta un 200%. Si la comunidad crea conciencia de que después de que se hace este trabajo hay que cuidar, hay que reciclar y no arrojar basuras en lugares que no corresponden, entonces sí estamos construyendo un ambiente más armonioso para todos: animales, plantas y seres humanos”.
Un ejemplo para la ciudad
El santuario vivo de abejas nativas en Villa Elisa se ha convertido en un símbolo de lo que puede lograrse cuando se unen saber ambiental, compromiso comunitario y apoyo empresarial.
Para la Fundación de Abejas, el muro “con alma” es una muestra de que la protección de los polinizadores no siempre pasa por trasladarlos lejos, sino por aprender a convivir con ellos y respetar su papel fundamental en la vida cotidiana.
En Pereira, donde ya se han rescatado cientos de enjambres, se han reforestado zonas con árboles nativos y se ha educado a miles de niños, las abejas comienzan a dejar de ser vistas como una amenaza y a reconocerse como lo que son: aliadas indispensables para los ecosistemas, la seguridad alimentaria y el futuro de la región.
Dato
El artista William Santamaría es el encargado de pintar el mural alusivo a la protección de las abejas, recibió la invitación por parte de la comunidad y de inmediato aceptó como una forma de aportar en la protección de de estos polinizadores.



