Desde estas columnas nos unimos al coro que recuerda jubiloso el día en que la comarca se libró definitivamente del asfixiante centralismo de los vecinos del norte.
Celebró ayer domingo el Departamento de Risaralda el quincuagésimo noveno aniversario de su constitución en entidad territorial independiente. Coincide esta efeméride con otro fasto acontecimiento en la historia de la comarca y es la iniciación de la vida administrativa del municipio de Dosquebradas.
Todavía permanecen frescas en la memoria las imágenes de aquellas reuniones que en sitios diversos se hicieron para acariciar la lejana idea de tener autonomía administrativa y poder orientar los destinos de acuerdo a sus propios criterios. Los periódicos encuentros realizados, unos en Bogotá al impulso de prestantes hombres allí radicados y otros en esta ciudad alentados por los líderes de un incontenible movimiento de inconformidad con el agobiante centralismo de Manizales, pero todos mantenidos en absoluto secreto, rápidamente perdieron tal carácter obligando a sus promotores a hacer notorias sus pretensiones y a promover en firme su aventurado propósito.
Representantes de 19 municipios se reunieron en algún lugar del Departamento y prometieron adelantar la ardua campaña, haciendo frente a las amenazas de represalia que ya se empezaban a notificar; y una Junta Central escogida de entre nuestros mejores hombres y más entusiastas mujeres, asumió la dirección del movimiento.
Luego de muchas batallas y de inmensos contratiempos, que a veces parecían hacer imposible el propósito, fue creado el Departamento de Risaralda mediante la Ley 70 de 1966, sancionada por el presidente Lleras Restrepo el 1º de diciembre de aquel mismo año. Para su funcionamiento se dictó el decreto reglamentario y el 1º de febrero siguiente inició su vida legal, como un esplendoroso nacimiento tan esperado por las prolongadas vicisitudes que lo precedieron y las dificultades que acompañaron todo el proceso de creación del nuevo ente territorial.
Y para orgullo de sus gentes, no caprichosamente se denominó desde el principio el “Departamento Piloto”, porque la seriedad, la ponderación, la disciplina y la dedicación de quienes han aplicado su empeño y su inteligencia al gobierno de la comarca, ha servido de guía y de ejemplo a las generaciones que empiezan a participar de sus decisiones.
Una excelente nómina de gobernadores, desde Castor Jaramillo Arrubla hasta JUan Diego Patiño, ha forjado una cadena de patriotas insignes que en cada periodo añade un eslabón más a la historia que los mismos destacados ciudadanos han ayudado a perpetuar, desde aquel primero de febrero que ahora se rememora con especial alegría.
Desde esta columna nos unimos al coro que recuerda jubiloso el día en que la comarca se libró definitivamente del asfixiante centralismo de los vecinos del norte y que empezó a moldear el promisorio futuro que hoy presenta con orgullo ante propios y extraños nuestra comarca.
