Todos cayeron en la trampa

La única verdad es que el Gobierno hábil y maquiavélicamente tendió una trampa. en la que la oposición, los gremios y los empresarios cayeron y no fueron capaces de adivinar lo que se tramaba.
¿Al fin qué, semejante aumento del salario mínimo legal para el año 2026, es irracional, atenta contra la estabilidad laboral de decenas de miles de colombianos, pone en peligro la permanencia de cientos de pequeñas empresas, empuja hacia arriba la inflación, dispara las tasa de interés de los créditos, eleva el costo del gasto del Gobierno y pone en riesgo la inversión, como lo dijeron en todos los escenarios y durante mes y medio los empresarios, los dirigente gremiales y la mayoría de los políticos; o es justo, mejora las condiciones de vida de dos millones de colombianos y ayuda a cerrar la brecha entre ricos y pobres, como lo dice ahora la mayoría de sus iniciales opositores?
Por qué lo que hace 40 días era el peor desastre para los empresarios,  para los comerciantes, para los gremios, para los trabajadores formales, para los inversionistas, para los candidatos al congreso, para los aspirantes a la presidencia de la República, para la economía y para los observadores del acontecer nacional; hoy no es tan malo ni tan catastrófico.
Puede un debate electoral y las consecuencia que tiene el aumento del salario mínimo como bandera de campaña, cambiar de un dia para otro la percepción que se tiene sobre sus efectos en la economía del país, en el empleo y en la inflación, y más que eso la opinión de los más destacados empresarios del país y los voceros más autorizados de los distintos sectores de la producción, así como de quienes aspiran a dirigir los destinos nacionales.
Cómo los gurús que tienen los gremios, los empresarios y los candidatos para que evalúen y analicen las decisiones del Gobierno, de las autoridades económicas y del Congreso, y los efectos que ellas tienen sobre la inflación, sobre el consumo, sobre el empleo, sobre la inversión y en general sobre la economía, no fueron capaces de adivinar lo que estaba tramando el actual gobierno con un aumento de esta naturaleza, ni de prever lo podía pasar, como en efecto pasó, si el decreto era demandado y suspendidos su efectos precisamente días antes de las elecciones para Congreso y semanas antes de las para presidente; y cuando el alza en el salario está beneficiando a más de dos millones de familias.
Hoy el Gobierno ya ratificó el aumento del 23,7%, lo justificó de cualquier manera y quedó no solamente bien con quienes devengan la nueva cifra en el país y sus familias, sino que aprovechó para defender el derecho de estos a tener un mejor ingreso; mientras que los críticos, guardan silencio y cuando se les pide que expliquen su drástico cambio, no atinan a dar una explicación medianamente lógica.
La única verdad, pues, es que el Gobierno hábil y maquiavélicamente tendió un trampa en la que la oposición, los gremios y los empresarios cayeron y no fueron capaces de adivinar la triste realidad del país y es que aquí el bienestar de los trabajadores y la preocupación por sus condiciones de vida, son una farsa; y lo único que importa es que las medidas y las palabras tengan el efecto político que el gobierno necesita para mantenerse en el poder.

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