¿Qué han hecho los entes de control para establecer la responsabilidad que les cabe a quienes de una u otra manera avalaron, o toleraron, o permitieron el no pago?
Nuestro habitual columnista James Fonseca Morales, llamó la atención en su escrito del domingo pasado, sobre un asunto que a pesar de su monto e importancia para el Municipio, se ha quedado olvidado con el paso de los días y a sus responsables, que esos si están vigentes, nunca les ha importado; las estampillas que la concesionaria del Aeropuerto Matecaña nunca pagó.
La firma Opam celebró durante la administración del alcalde Juan Pablo Gallo y siendo secretario de hacienda el exalcalde Carlos Alberto Maya, el contrato de concesión para la operación portuaria del aeropuerto Matecaña y de acuerdo con las normas vigentes en Pereira, toda entidad que celebre un contrato con el Municipio de Pereira debe pagar el valor correspondiente a las estampillas “Pro-Cultura y Bienestar del Adulto Mayor.
A Opam le correspondía cancelar al Municipio cerca de 10.000 millones de pesos por este concepto, importe que nunca pagó y que irresponsablemente el gobierno de entonces toleró. Hoy, ocho años después, la firma concesionaria solamente ha cancelado 967 pesos con 26 centavos a pesar de que el Consejo de Estado ratificó la liquidación de la deuda y la obligación de pagarla, aunque inexplicablemente la exoneró del pago de los intereses.
Lo más grave de esto es que, además de que Opam solo ha pagado la ridícula cifra de 967 pesos de los 10.000 millones que debe y que el Alto Tribunal le perdonó los intereses, cuánto valen los intereses a cualquier tasa de esta cifra durante ocho años, el Municipio no tiene como cobrar, así sea solo el valor de las estampillas.
Según lo afirma el columnista, a pesar de que el Municipio inició el cobro jurídico de la deuda, no ha sido posible hacer efectivo el embargo de las cuentas decretado por el juzgado, porque la concesionaria no tiene cuentas corrientes ni de ahorro, lo que significa que no se tendrá la manera de hacer efectiva la deuda y por tanto que ese dinero, que no es poco para un municipio como Pereira, está condenado a perderse.
La primera pregunta que queda de esto es cómo hace la Ciudad para tener un socio a largo plazo que en la primera sentada le sacó de la billetera 10.000 millones de pesos y segundo, cómo hace para confiar en los informes y en las cuentas que le pasa por la operación de Matecaña, si los dineros que recibe los maneja por fuera del sector financiero.
Lo otro es qué han hecho los entes de control para establecer la responsabilidad que les cabe a quienes de una u otra manera avalaron, o toleraron, o permitieron que el concesionario no le pagara al Municipio al momento de firmar el contrato, los 10.000 millones correspondientes a las Estampillas Pro-Cultura y Bienestar del Adulto Mayor y que era su obligación cancelar.
