El humo del tabaco es una dispersa mezcla de gases con partículas de alquitrán que se deposita en los alvéolos pulmonares y acorta la vida.
Cada 31 de mayo, se conmemora el Día Mundial sin Tabaco, o como también se le conoce en Colombia, el Día del No Fumador. Esta fecha es mucho más que una efeméride, es una oportunidad para reflexionar sobre los devastadores efectos del consumo de tabaco en la salud individual y colectiva, y para fortalecer el compromiso con la prevención de una de las mayores epidemias del siglo XX y XXI.
El tabaco es responsable de más de 8 millones de muertes anuales en el mundo, de las cuales 1.2 millones corresponden a personas no fumadoras expuestas al humo ajeno, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Colombia, pese a los esfuerzos por reducir su consumo, el tabaquismo sigue siendo una de las principales causas de enfermedades prevenibles y de muertes prematuras, generando una carga inmensa para el sistema de salud.
Fumar no es solo un hábito, es una adicción que afecta todos los órganos del cuerpo. El tabaco es responsable de más del 70% de los casos de cáncer de pulmón, una enfermedad que suele detectarse en etapas avanzadas y con pocas posibilidades de tratamiento exitoso. Además, es un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, enfermedades respiratorias crónicas como la EPOC y diversos tipos de cáncer, como el de boca, garganta, páncreas y vejiga.
No menos preocupante es el impacto del humo de segunda mano, que pone en riesgo a niños, niñas, mujeres embarazadas y personas vulnerables, aumentando su riesgo de infecciones respiratorias, asma y problemas de desarrollo. El humo del tabaco es una dispersa mezcla de gases con partículas de alquitrán que se deposita en los alvéolos pulmonares y acorta la vida.
El Día del No Fumador es, entonces, un llamado a tomar conciencia sobre las consecuencias de un cigarrillo que, aunque pequeño en apariencia, encierra venenos mortales como el alquitrán, el monóxido de carbono, el cianuro y la nicotina. También es una invitación a las autoridades a fortalecer las políticas públicas de prevención, prohibición de publicidad, aumento de impuestos al tabaco, y apoyo a programas de cesación, porque dejar de fumar es posible, pero se necesita acompañamiento y compromiso.
Pero no solo se debe prohibir completamente la propaganda del tabaco, ni aumentar los impustos, sino adelantar una intensa campaña dedicada a decirle a las gentes que la absorción de nicotina es un suicidio lento, porque ataca, con armas letales, el organismo y perjudica a la sociedad, pues lleva hasta los genes de las generaciones que vienen las huellas del tabaco maldito.
Decir no al tabaco es, pues, decir sí a la vida, porque cada cigarrillo que no se enciende es una victoria para la salud.
